¿Las aplicaciones para escanear alimentos te ayudan a comer mejor?

Voy a ser muy clara: no soy partidaria de ellas.

Pero su mera existencia pone de manifiesto dos hechos.

Por una parte, es una llamada de atención porque significa que los mensajes sobre alimentación no están llegando correctamente y hay confusión entre la población, que duda a la hora de hacer elecciones coherentes con sus intereses y por eso necesita una ayuda externa en el punto de venta.

Por otro lado, hay un aspecto muy positivo porque su éxito implica que la población se preocupa por lo que come, y busca una alimentación más saludable.

Pero primero, vamos a ver cómo funcionan.

La falta de transparencia, el fallo número 1.

Precisamente porque no son transparentes las calificaciones de los productos pueden variar arbitrariamente.

Eso es lo que paso con el #garbanzogate: aunque unos maravillosos garbanzos cocidos seguían teniendo la misma composición, la calificación de un producto cambió de la noche a la mañana. ¿Qué pasó por el medio? No podemos saber si fue la causa o solo casualidad, pero entre una y otra clasificación había publicado un artículo en El Confidencial en el que se ponía de manifiesto que su clasificación era absurda.

También me han pedido mi opinión sobre las aplicaciones en El Comidista,el Huffington Post, Maldita.es, Consumer, Woman, Marie Claire, Mía o El Comercio.

Venga, sí. Es verdad que entras en ellas y te dicen de forma aparentemente honesta como califican los alimentos. Todo parece correcto, ¿verdad?

Pues no lo es. Es cierto que no es algo que pueda percibirse a simple vista, hay que escarbar un poco. Pero ahí están los detalles que deberían mosquearnos (o, incluso, hacer que las desinstalemos a toda velocidad).

La transparencia consiste en decir de dónde sacas los datos, algo que aparentemente todas hacen. Pero también qué peso tienen en la valoración, por qué, en un momento dado, cambias un criterio, o las razones por las que un producto mejora o empeora en tu clasificación (ojo, que puede pasar por mil motivos, por ejemplo, que el algoritmo no contemple todas las variables y lo mejores para que se ajuste mejor, pero lo leal es informar de ello).

El problema es que, si los criterios no se basan en parámetros científicos e introducen variables que no están relacionadas con la calidad nutricional del producto, los consumidores pueden rechazar productos perfectamente saludables solo porque la aplicación les aconseja evitarlos.

Esto, lejos de contribuir a educar al consumidor, nos genera todavía más incertidumbre y potencia la desinformación. La desinformación potencia la duda, que es un terreno abonado para que el consumidor que quiere comer saludable tire la toalla: acaba pensando que los mensajes son contradictorios, no sabe a qué atenerse y el valor nutricional del alimento pierde peso frente a otros factores que condicionan su compra (como el emplazamiento en el punto de venta, la publicidad, la palatabilidad…).

Las aplicaciones que son rigurosas y aplican criterios científicos validados sí pueden ser útiles para el consumidor interesado en mejorar sus elecciones, pero es que la variabilidad es inmensa, hasta el punto de que algunas pueden ser recomendables y otras solo van a complicarte la vida.

Vamos a verlo.

Yuka

Un 60% de la nota se debe al NutriScore, un sistema de clasificación de la calidad nutricional que, a pesar de que tiene varios errores y que a algunos nutricionistas nos gusta poco porque califica con buena nota algunos productos que son objetivamente insanos, al menos está publicado y puede consultarse.

Sin embargo, un 10% de la nota se adjudica si el producto cumple con la normativa ECO. Los productos etiquetados “eco” indican que están cumpliendo una legislación en relación con su sistema de producción, pero no son necesariamente más sostenibles (pueden venir del otro lado del mundo, con su correspondiente huella de carbono, y tener su sello “eco”) y no hay ninguna evidencia de que sean nutricionalmente mejores.

Por último, un 30% de la nota se la debe a la presencia de aditivos, que califica en “sin riesgo”, “riesgo limitado”, “riesgo moderado” o “riesgo elevado”. Para hacer esa clasificación se indica que recurre a las opiniones de EFSA, de la ANSES, del CIRC y también de numerosos estudios independientes.

aplicaciones yuka criterios

Cristerios de evaluación de Yuka.

 

Cuando valora un producto y califica un aditivo, nos permite acceder a más información sobre la evidencia científica que soporta esa calificación (aunque en algunos casos no figura ningún dato más). Y aquí empieza el problema.

aplicaciones yuka aditivos

 

Primero, mezcla todo tipo de estudios, desde revisiones completas de autoridades científicas, a ensayos en roedores que no tienen ni el mismo peso ni la misma calidad. Lo segundo es que selecciona las publicaciones que están a favor de su teoría, pero no incluyen las que la desmienten (o que, al menos, aportan evidencia contradictoria).

aplicaciones yuka aditivos fuentes

Información que ofrece Yuka sobre los aditivos.

 

Para el usuario medio (que es para quien la aplicación está dirigida) parece muy científico, pero no lo es. Y asusta.

 

MyRealFood

Valora los alimentos en función del “Índice Realfooding (IRF)”, que clasifica el alimento en “comida real”, “buenos procesados” o “ultraprocesados”.

El problema aparece cuando rascamos a ver qué es ese “IRF”. Parece muy científico, pero no es un sistema publicado en revistas científicas, simplemente es el criterio desarrollado para la aplicación. Esta información la podemos encontrar en el apartado “Método de calificación”:

“este sistema adapta y se basa en estudios científicos actuales del sistema NOVA de clasificación de alimentos, que clasifica los alimentos según su grado de procesamiento: grupo 1 (alimentos mínimamente procesados); grupo 2 (ingredientes culinarios); grupo 3 (alimentos procesados) y grupo 4 (alimentos ultraprocesados)”.

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Método de calificación actualmente disponible en la app MyRealFood

 

En cuanto a la transparencia, nada que objetar al sistema NOVA: es una herramienta publicada así que podemos consultar sus criterios.

El problema está en los detalles, ¿qué significa que “Índice Realfooding” ADAPTA el sistema NOVA? ¿Cómo lo adapta?

Algo positivo de MyRealFood es que utiliza también los sellos de advertencia, un etiquetado desarrollado en Chile (y con criterios que pueden consultarse) que incluye octógonos negros si el producto es alto en azúcar, sal, calorías o grasas saturadas.

Sellos empleados en el etiquetado frontal chileno.

 

Pero, para cerrar la clasificación, volvemos al tema aditivos. Porque MyRealFood determina que hay aditivos “inocuos” o “controvertidos” y asegura que “para proporcionar esta información, MyRealFood se basa en las opiniones de la EFSA”.

Puf, aquí hemos dado en hueso. Porque cuando la aplicación se puso en marcha, indicaba que para esa clasificación de aditivos se basaba en “las opiniones de la EFSA y en estudios independientes”.

aplicaciones myrealfood estudios independientes

Captura de pantalla de los criterios iniciales de MyRealFood (actualmente modificados).

 

Como puedes ver subrayado en la primera imagen que incluye los criterios de calificación actuales, se ha eliminado la mención a “estudios independientes”. Eso en principio es positivo, porque como he explicado no tiene sentido filtrar y mezclar estudios con distintas metodologías y robustez, y dar la apariencia de que son tan válidos como las opiniones científicas de la EFSA.

El problema es que no parece que se estén restringiendo a valorar los aditivos según el criterio que declaran, es decir, según las opiniones de la EFSA, porque esta entidad científica no emite ese tipo de calificación. Y esto es un verdadero problema, porque parece sugerir que la EFSA, la máxima autoridad científica de la UE, considera que hay aditivos problemáticos en circulación. Es decir, que la EFSA está fallando en su cometido principal, que es velar porque los alimentos sean seguros. Así, sin más, sin decir por qué MyRealFood piensa que son controvertidos, cuáles son esos estudios de la EFSA… No parece la vía más leal para educar al consumidor.

Una vez más, el miedo al volante.

El CoCo

El CoCo sigue tres criterios, todos ellos publicados, objetivables y con un enfoque estrictamente nutricional, y otorga puntuaciones bajo un sistema que especifica en su web. De esta manera, cualquier usuario puede acceder a esos documentos y, siguiendo las instrucciones para el cálculo de la nota, llegar exactamente a la misma calificación que otorga la aplicación.

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aplicaciones elcoco puntuación

Método de calificación de El CoCo.

Es inequívoca, no hay lugar para las interpretaciones, y esto la coloca por delante de sus competidoras.

La primera valoración se hace en base a los perfiles nutricionales de la OMS,  que clasifica los alimentos en 17 categorías según su calidad nutricional.

A continuación, se aplica la clasificación NOVA, para determinar si el alimento es poco o nada procesado, procesado o ultraprocesado.

Por último, se aplica también el sistema de sellos chileno, que advierte del contenido en grasas saturadas, azúcares, sal y energía.

El resultado de los tres criterios es una puntuación que solo tiene en cuenta aspectos nutricionales.

Es más, informa de la presencia de aditivos e incluye la indicación “los aditivos son seguros”. Además, da la opción de acceder a más información y explica la función tecnológica de estos compuestos.

aplicaciones elcoco aditivos

¡Ah! Y antes de que alguna mente calenturienta piense que este post está patrocinado por El CoCo y que me van a pagar en brotes de soja y quinoa, tengo que aclarar que no recibo compensación de ningún tipo.

Pero, si hablamos de transparencia, quiero que sepas que sí que tengo un conflicto de interés, que es ser compañera y amiga de Juan Revenga (nutricionista que está asesorando a los desarrolladores de la aplicación).

¿Influye eso en mi valoración? Creo que ha quedado claro por qué para mí es la más acertada (con sus fallos, que los tendrá, pero desde luego no es porque sea arbitraria).

Si El CoCo fuese una castaña y clasificase los alimentos basándose en criterios peregrinos, ya te digo que no me mojaría por ella.

Los aditivos, el malo de la película.

Ya lo has visto.

Yuka y MyRealFood penalizan la presencia de aditivos. Bueno, no solo penalizan. Es que califican a algunos de “riesgo elevado” (Yuka) o “controvertidos” (MyRealFood). Con esto solo consiguen potencian el miedo o, lo que sería más grave, lo utilizan para mostrar un pretendido compromiso informativo que, contradictoriamente, contribuye al ruido y a la desinformación.

Y por eso creo que es importante que sepas cómo se regulan los aditivos alimentarios en la Unión Europea.

Esta calificación inmediatamente lleva a pensar que hay aditivos peligrosos que debemos evitar, cuando todos los aditivos que están en el mercado son seguros a las dosis empleadas y están evaluados y reevaluados por la (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), y autorizados en base a la evidencia y conforme a la legislación.  ¡Ah, por cierto!

El caso es que las opiniones de la EFSA son públicas y determinan que un aditivo se autorice o no. Y no es solo que no se autoricen aditivos “controvertidos”, sino que cuando se admite un compuesto como aditivo, la autorización se restringe a una cantidad determinada y a productos específicos.

Y esas dosis autorizadas se establecen teniendo en cuenta qué comemos y cómo estamos de expuestos, para valorar las peculiaridades de nuestra dieta.

Pero no se queda ahí la cosa: las cantidades máximas permitidas se establecen con un gran margen de seguridad. Para calcularlo, se determina la dosis más alta a la cual no se ha observado efecto adverso en animales (el NOAEL) y se divide entre 10, para salvaguardar las diferencias que puede haber entre animales y humanos. Y se vuelve a dividir por 10, para garantizar la seguridad a distintos grupos de población.

Así que no: por mucho que te lo diga una aplicación, la EFSA no piensa que un aditivo que te encuentras en el súper es “controvertido”.

Alternativas tramposas

Si la clasificación de un producto es mala, las tres aplicaciones ofrecen alternativas para mejorar la cesta de la compra.

El problema vuelve a ser el mismo: si la clasificación inicial era equivocada desde el punto de vista nutricional, nos puede inducir a descartar ese producto erróneamente y nos ofrecen alternativas que están mejor puntuadas según sus parámetros, pero que no tienen por qué se mejores.

¿Es más sano para nuestra salud tomar un zumo porque sea ecológico? ¿O unas galletas porque incorporen menos aditivos? La respuesta es no.

En definitiva: todo gira alrededor de los criterios de calificación: si no están basados en parámetros exclusivamente nutricionales y objetivos, la aplicación se desmorona como un castillo de naipes.

En conclusión…

¿Me flipan las aplicaciones para escanear alimentos? No mucho, pero soy consciente de que la información alimentaria es confusa y, mientras no mejore, una ayuda puede ser muy útil.

Te recuerdo que tu dieta debe estar basada en alimentos sin etiqueta. Pero si las aplicaciones son rigurosas y aplican criterios científicos validados, pueden ser útiles si estás interesado en mejorar sus elecciones alimentarias porque te ayudan en un primer momento a identificar productos saludables y, sobre todo, a reconocer los que no lo son.

Así, no será necesario escanear productos que compramos de forma recurrente, pero es útil para “destripar” nuevos productos sobre los que tengamos dudas.

Pero elegir la aplicación incorrecta puede llevarte a estar peor informado, a que hacer la compra sea un estrés continuo (porque no hay una coherencia en las puntuaciones) y a que, en última instancia, arrojes la toalla porque te han vuelto a convencer de que comer es muy complicado.

 

 

 

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Beatriz Robles

Beatriz Robles

Tecnóloga de alimentos y dietista-nutricionista de formación y divulgadora de vocación. Docente en la Universidad Isabel I. Escribo sobre alimentos y nutrición en mi blog y colaboro con medios de comunicación como El Comidista, Materia Ciencia de El País y Eroski Consumer.
2 comentarios
  1. Roberto 20 enero, 2021

    Muchas gracias por tus aclaraciones, a mi siempre me resultaron extrañas esas aplicaciones, no digo que todas lo sean pero para tener una alimentación saludable siempre es preferible seguir a un especialista, por eso mismo paso por tu blog como así también pasé por otros nutricionistas anteriormente.
    Te mando un beso enorme!.

    Responder
    • Beatriz Robles 20 enero, 2021

      Muchas gracias por tu mensaje y por la confianza, Roberto.
      Un abrazo, Beatriz

      Responder

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