Ir al contenido principal

Cómo evitar el picoteo insano durante el confinamiento

Fecha de publicación
25 marzo 2020

AUTORA: BEATRIZ ROBLES

“Se me cierra el estómago”: esa reacción fisiológica a emociones como el miedo, la ira o la ansiedad, tiene una explicación biológica comprensible: ante una amenaza se activa el sistema nervioso simpático y nos preparamos para huir o luchar. El diseño está bien, porque si aparece un león o el enemigo nos está disparando con fuego de mortero; no parece el mejor momento para sentarse a comer una paella. Ahora no hay león, y no podemos escapar corriendo hacia otro lado: estamos literalmente atrapados en los 60 metros cuadrados que conforman nuestra casa.

Pero la sensación molesta sigue ahí y necesitamos resolverla de alguna forma. La reacción puede ser viajar al frigorífico periódicamente para ir cogiendo lo que pillemos -que no suelen ser palitos de zanahoria, precisamente-, sin que haya un hambre real que nos empuje a hacerlo; comer es, en realidad, la respuesta.

También hay una base fisiológica. Como se explica en PENNutrition -herramienta que evalúa la evidencia científica en nutrición-, el estrés continuado afecta a los sistemas de regulación del hambre y la saciedad, produciendo una elevación sostenida de glucocorticoides que alteran la conducta alimentaria.

Ir al contenido WordPress Double Opt-in by Forge12