Dieta BARF para mascotas: sin evidencia científica y con riesgos (también para ti)
AUTORA: BEATRIZ ROBLES
Si no tienes cerca un perro o un gato es probable que nunca hayas oído hablar de ella, pero es una tendencia al alza (con repercusiones sobre la salud humana). Hablamos de la dieta BARF (Bones And Raw Food); de huesos y comida cruda. O, en una evolución publicitaria exitosa, de comida cruda biológicamente apropiada (Biologically Appropiate Raw Food). La dieta BARF consiste en incluir ingredientes de origen animal sin cocinar (carne, vísceras, huesos, leche o huevos) en la alimentación de perros y gatos domésticos. Y es controvertida, porque cuenta con poco respaldo por parte de las instituciones encargadas de la sanidad animal y humana, y entraña riesgos.
¿Tiene sentido dar comida cruda a las mascotas?
Intuitivamente, la idea es muy buena: aproximar la alimentación de los animales de compañía a la dieta que seguirían si estuviesen en libertad en un entorno natural para mejorar su calidad de vida y prevenir problemas de salud. Parece un planteamiento sin fisuras. Pero se resquebraja al llevarlo a la práctica, en el momento en que se pasa de la teoría a las condiciones reales en las que viven nuestras mascotas (que ni se acercan a las que tendrían en estado salvaje).
No es lógico pretender domesticar a un animal y que nada cambie en su biología. Es verdad que los lobos, ancestros y modelo al que podría parecerse un perro en estado salvaje, tienen una capacidad limitada para digerir los hidratos de carbono. Pero también tienen una esperanza de vida muy inferior en un entorno absolutamente distinto. Los perros ya no son lobos, y en esta evolución han incorporado diversos cambios genéticos, entre ellos, la capacidad de digerir almidón o cambios en el metabolismo de las grasas (aspectos que se consideran cruciales en la domesticación).