Galletas Digestive: ni son diferentes, ni mejoran tu digestión.

Las galletas tienen buena fama.

Y es que todavía hay quien no se cree que son bollería, que nutricionalmente aportan poco y que no forman parte de un desayuno saludable.

Pero cuando hablamos de la versión “digestive” el tema se pone más peliagudo.

Cada vez que alguien me dice que come galletas pero que siempre las escoge “digestive” (como justificando que consume solo las que son buenas para su salud) me entra una mezcla de cinismo e ira.

Porque está claro que no se usa la palabra “digestive” inocentemente como parte de la marca.

Inconscientemente se asocia con efectos positivos sobre la salud, más concretamente, sobre el sistema digestivo.

Y, si me apuras, se puede pensar que son el equivalente “light” de las galletas “normales”.

¿Quieres saber cómo son de saludables?

Sigue leyendo porque esto va a ser divertido.

Lo que tienen en común

 

Hay tantas “digestive” como marcas y entre ellas no son ni parecidas.

Pero todas tienen en común el nombre y un envase que destaca propiedades saludables o características que aparentemente lo son.

Por eso me propuse echar un ojo a cuatro variedades “digestive” que puedes encontrar en cualquier comercio, compararlas entre ellas y con las humildes galletas maría, y ver si de verdad salen ganando.

Y el asunto tiene miga.

Tanta que he tenido que desglosar mi inocente comparación en tres artículos. Uno solo se te habría hecho tan largo que acabarías atizándote un tubo entero de galletas para soportarlo.

Así que en este post vamos a ver qué hay detrás de la palabra “digestive” y en los dos siguientes bucearemos en cuatro galletas “digestive”, a ver si su composición y su contenido nutricional las hace mejores que cualquier otra.

Empecemos por el quid de este artículo. La palabra “digestive”.

Legalmente, el término “digestive” no significa absolutamente nada.

No está recogido en ninguna legislación y las galletas que lo exhiben no tienen que cumplir ninguna especificación de composición.

Digestive no significa nada. Es simplemente un nombre comercial.

Puedes comprobarlo en el Real Decreto 1124/1982 que regula las normas para la comercialización de galletas.

Se podría pensar que “galleta maría” también es un nombre comercial, pero no es así.

El Real Decreto sí define las galletas maría como “las elaboradas a base de harinas, azúcares y grasas comestibles, con o sin adición de otros productos alimenticios para su mejor enriquecimiento, formando una masa elástica a consecuencia del desarrollo del gluten. Se cortan por sistema de prensa o rodillo troquelado.”

Si vamos a su origen, parece que las primeras galletas digestive sí pretendían mejorar la digestión porque usaban bicarbonato sódico en su receta para que sus propiedades antiácidas redujeran el malestar estomacal.

Y es verdad que el bicarbonato se emplea para disminuir la acidez. Pero en el momento que se calienta (como sucede en el horneado de las galletas), se descompone liberando dióxido de carbono en forma de gas. Lo que viene fenomenal para que esponje las masas en el horno en lugar de la levadura, pero lo inutiliza como antiácido.

Así que la asociación de “digestive” con “beneficio digestivo” desde luego no es casual, pero tiene poca justificación.

¿Podría incumplir el Reglamento 1169/2011 que regula el etiquetado?

Desde el momento en que esta norma dice que “La información alimentaria no inducirá a error, en particular:

  1. sobre las características del alimento y, en particular, sobre la naturaleza, identidad, cualidades, composición, cantidad, duración, país de origen o lugar de procedencia, y modo de fabricación o de obtención;
  2. al atribuir al alimento efectos o propiedades que no posee;
  3. al insinuar que el alimento posee características especiales, cuando, en realidad, todos los alimentos similares poseen esas mismas características, en particular poniendo especialmente de relieve la presencia o ausencia de determinados ingredientes o nutrientes;

Como todas las leyes, el texto es interpretable.

Pero si nos ajustamos a lo que dice y sin tener que ser especialmente escrupulosa, yo diría el punto de “insinuar que el alimento posee características especiales” claramente se incumple.

Como mínimo.

¿O con el nombre “digestive” no se está sugiriendo nada?

Algunas marcas de galletas son tan conscientes de esto que se adelantan a una posible sanción (no ha habido ninguna hasta ahora) incluyendo avisos en la etiqueta.

En las “Fontaneda Digestive” se incluye que “La palabra digestive no significa que la galleta contiene características dietéticas digestivas” (vamos a ignorar el error de conjugación -tendría que usar subjuntivo “contenga”, pero eso ya es otra historia-).

galletas digestive etiquetado Fontaneda

Curioso que las desvinculen de sus posibles “características digestivas” cuando en su anuncio (tienes el video más abajo. Es de hace ya unos años, es verdad, pero no he encontrado otro más reciente) decían “disfrutas de un sabor inconfundible que te hace sentir bien” y “Fontaneda Digestive, qué bien sabe sentirse bien”.

Por supuesto que esas frases no son alegaciones de propiedades saludables (como tampoco lo son las “barrigas felices” de Activia) y no se están refiriendo a ninguna característica concreta, pero es evidente que se alude a un supuesto bienestar que se obtiene por comer estas galletas.

galletas digestive etiquetado anuncio

Las “Gullón Digestive -33% de grasa” indican que “La palabra Digestive no significa que la galleta contengan características digestivas” (ya comparte algo con las Fontaneda, el error gramatical en la conjugación).

Curiosamente en otras variedades de “Gullón Digestive” no se incluye este aviso.

galletas digestive etiquetado Gullon

Bueno, así que tienen toda una gama de productos que se llaman “Digestive” pero advierten de que no significa nada.

El nombre “digestive” insinúa que la galleta tiene determinadas propiedades saludables.

Siendo “puros de pensamiento” podemos deducir que quizá usan el término “Digestive” porque el consumidor lo asocia a un tipo de galleta y así puede identificarla.

Sería plantearnos que igual que hay “pastas de té” o “galleta tipo sándwich” pues hay “galletas digestive”.

Y la industria simplemente las llama así para poder reconocerlas, pero elegir una u otra dependerá solo del gusto personal (apunte: aborrezco las pastas de té. Hala, ya lo he dicho).

A lo mejor esto tenía sentido cuando se “inventaron” estas galletas, en 1839, porque realmente eran un tipo de galleta diferente.

Pero como te cuento en Galletas Digestive vs Galletas maría, la diferencia real de las digestive con cualquier otra galleta es mínima.

Vale, hemos establecido que el término digestive no significa nada.

Y ahora, en un auténtico número de malabarismo, te voy a contar exactamente qué no significa.

(Digo malabarista porque lo lógico es que haya que explicar qué significa algo, no lo contrario. Igual que se tiene que demostrar la culpabilidad, no la inocencia. Pero venga, que me lanzo.)

  1. No significa que tenga ningún efecto beneficioso sobre el proceso de digestión.
  2. No significa que contribuya a aliviar el estreñimiento de ninguna manera (no mejora el tránsito intestinal, no incrementa la masa fecal…nada de nada).
  3. No significa que tenga efectos probióticos ni enriquezca la flora intestinal.
  4. No significa que sus ingredientes sean distintos de los de cualquier otra galleta. En algunos casos se destaca un ingrediente concreto, como podría hacerlo cualquier galleta del mercado. Sin más.

Y la “crème de la crème” de lo que no significa: no es una galleta “light”, no tiene menos calorías que cualquier otra galleta (incluida la modesta galleta maría).

Digo que es la crème de la crème porque muchas personas las compran pensando que son bajas en calorías o que están indicadas para una dieta hipocalórica.

Pero no es así.

Como todas las galletas, tienen entre 450 y 500kcal por 100g (lo que se traduce en que cada galleta puede aportar entre 55 y 75 kilocalorías, dependiendo de su peso y su composición).

Las galletas “digestive” aportan las mismas kilocalorías que cualquier otra galleta.

No entro a valorar si son muchas o pocas calorías (el debate del “balance energético” es otra historia, vuelvo a tirar de Juan Revenga y su artículo “La falacia del balance energético” por si quieres profundizar).

Pero sí quiero dejar claro que proceden de un alimento superfluo que debería consumirse solo ocasionalmente (puedes leer más sobre el valor nutricional de las galletas en general y su equiparación a la bollería en estos artículos de los dietistas-nutricionistas Lidia Folgar, o del pediatra Carlos Casabona).

Sí. Las galletas son bollería.

Por mucho que se empeñen en colarse como alimento de primera necesidad en todas las cestas de la compra y hasta en los desayunos y meriendas hospitalarios (como ya han denunciado muchos profesionales de la salud en las redes sociales).

Lo que les une a todas en su etiquetado

 

Es curioso porque además de las letras D-I-G-E-S-T-I-V-E bien destacadas, las galletas que he escogido para la comparación tienen otros elementos comunes en sus etiquetas, incluso siendo de distintas marcas.

No son galletas “sin más”

No. Aunque lo sean.

Es una huida hacia adelante.

Son simples galletas pero se llaman “digestive”, así que no pueden diferenciarse de las tristes galletas maría solamente por el nombre (porque eso no justificaría que un kilo de galletas María Fontaneda cueste 2,45€ y un kilo de Fontaneda Digestive cueste 4,19€, un 71% más).

Si algún consumidor sagaz indaga un poco y se fija en algo más que la denominación comercial (y por ejemplo llega a leer la lista de ingredientes y los valores nutricionales) hay que darle un valor extra.

Que conste que es una táctica que ya se usa en prácticamente todos los productos alimentarios (o se resalta que son fuente de algún nutriente interesante, o que tienen un contenido reducido en sal o grasas o se alude a alguna propiedad saludable).

Lo difícil es encontrar el alimento tal cual, sin alegaciones.

Los envases de todas las galletas digestive destacan la presencia o ausencia de algún nutriente o alguna propiedad saludable.

Para cumplir con las expectativas, todas las galletas presumen de algo.

Pueden dar el protagonismo a algún nutriente (“fuente de fibra”, “alto en fibra”, “sin azúcares”, “33% menos de grasa”), señalar las propiedades saludables vinculadas a su composición (“ayuda a reducir el colesterol de forma 100% natural”) o resaltar un ingrediente (“aceite de girasol alto oleico”).

galletas digestive etiquetado frontales

Lo que sea para no convertirse en una galleta del montón.

¿La composición de las galletas “digestive” es tan diferente de las normales que estas alegaciones deben tener peso en la elección? No. En algunos casos es ligeramente mejor, en otros ni siquiera eso (vuelvo a remitirte a Galletas Digestive vs Galletas maría).

¿Estas alegaciones las hacen mucho mejores que otras galletas? Ni por asomo.

Como mucho las hace menos malas. Y “menos malas” no equivale a “mejores”. Al menos en nutrición.

¿Me das un sello?

Otra característica que se repite en este tipo de galletas: usan sellos de fundaciones relacionadas con la salud.

En el caso de Avenacol de Cuétara indican que está “Reconocido por la Fundación Española del Corazón” y en el de Gullón Sin Azúcares es el de la “Fundación de la Sociedad Española de Diabetes”.

galletas digestive etiquetado sellos

Sin duda dos entidades que son un aval para las propiedades saludables de las galletas (si las tuvieran).

Muchas voces se han alzado contra la utilización de este tipo de sellos como aval para productos con un perfil nutricional poco saludable.

Es evidente que exponer estos logotipos de entidades sanitarias le hace pensar al consumidor que el producto está recomendado por esas organizaciones.

La polémica que más trascendencia ha tenido ha sido la de las galletas Dinosaurus avaladas con el sello de la Asociación Española de Pediatría (AEP)  (Laura Saavedra o Julio Basulto tienen amplios textos sobre ello).

Tras las quejas la AEP formuló una aclaración sobre su postura respecto a ese aval (aclaración de discutible idoneidad por frases como “no existen alimentos buenos o malos”, otro debate superado porque de hecho sí, hay alimentos buenos y malos).

Por cierto, las galletas ya no llevan el logo de la AEP.

También Aitor Sánchez se manifestó en contra de este tipo de reclamos, en este caso en el complemento alimenticio MegaRed, que lleva el sello de la Fundación Española del Corazón.

Y José Manuel López Nicolás le dedicó a este tema un capítulo de su libro “Vamos a comprar mentiras”.

Si se incluyen sellos de entidades médicas en el etiquetado, el consumidor entiende que el producto está avalado por esa organización.

Como es un tema verdaderamente polémico, la Organización Médica Colegial (OMC) aprobó en 2016 una declaración que concluye que es contrario a la ética avalar productos alimentarios de dudoso beneficio para la salud  y, mucho menos, cuando puedan ser incluso perjudiciales.

Se entendió que estos sellos exhibidos en el etiquetado son una forma de publicidad subliminal: el producto está avalado por una sociedad médica por lo tanto es saludable.

La Comisión Central de Deontología estimó que no se debería avalar la publicidad de productos sin evidencia científica probada por vulnerar el código deontológico.

Habrá quién pueda alegar que el sello de la Fundación Española del Corazón en las galletas Avenacol de Cuétara sí tiene sentido porque el efecto que anuncia (“ayuda a reducir el colesterol de forma 100% natural”) tiene evidencia científica. En el post que publicaré más adelante te doy las razones por las que tampoco se justifica en este caso.

Si te apetece saber más sobre este tema, Juan Revenga tiene un texto completísimo sobre esta decisión de la OMc en el que puedes ver más ejemplos de productos que utilizan estos sellos.

¿Deben estas organizaciones sanitarias avalar productos poco saludables? De ninguna manera.

¿Debemos los consumidores decantarnos por un alimento que los lleve? No.

Pero es que no debería hacer falta que los consumidores vivamos en la sospecha permanente para que podamos hacer buenas elecciones alimentarias.

En resumen…

 

El término “digestive” no significa nada, a pesar de que inevitablemente te haga pensar que va a tener algún beneficio sobre tu digestión.

Pero se emplea con toda la intención para tratar de diferenciarlas de productos muy similares e igualmente poco saludables.

Ni los sellos de sociedades sanitarias, ni las declaraciones destacadas en el envase las hace mejores que otros productos de bollería.

En Galletas Digestive vs Galletas maría, puedes ver la comparación de la composición y los valores nutricionales de diferentes tipos de galletas.

Y tú mism@ mismo sacarás las conclusiones.

 

La comparación de las galletas digestive con unas simples galletas maría te da de bruces con la realidad.

Y pagas el doble (o más)

Descúbrelo aquí

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Beatriz Robles

Beatriz Robles

Tecnóloga de alimentos y dietista-nutricionista de formación y divulgadora de vocación. Docente en la Universidad Isabel I. Escribo sobre alimentos y nutrición en mi blog y colaboro con medios de comunicación como Materia Ciencia de El País y Eroski Consumer.

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