¿Hay que desinfectar la comida y los envases para evitar contagios?
AUTORA: BEATRIZ ROBLES
O nos pasamos, o no llegamos. O desdeñamos el riesgo de enfermar por una mala higiene en casa –un tercio de las intoxicaciones alimentarias se generan en el hogar, por ser un poco guarretes manipulando alimentos-, o pretendemos conseguir una asepsia imposible desinfectando cada rincón como si estuviésemos escondiendo las huellas de un crimen.
Claro que el contexto ha cambiado: estamos en medio de una pandemia y tenemos todos nuestros sentidos en alerta, tratando de ser conscientes de cada movimiento y planteándonos si en nuestra salida a hacer la compra hemos cometido algún error que pueda suponer un riesgo. No hay nada más terrorífico que lo cotidiano convertido en amenaza, y pensar que un bote de tomate, un paquete de pasta, una botella de aceite o una lechuga pueden meternos el virus en casa es directamente de película de Dario Argento.
Coincidiendo con la crisis por el coronavirus, las consultas al Instituto Nacional de Toxicología se han incrementado un 17 %, y el 15% de las llamadas eran por intoxicaciones por usar lejía y otros desinfectantes de superficies. No sabemos si esas superficies eran de productos adquiridos durante las salidas a comprar comida, pero sí que en una cuarta parte de los casos se había mezclado lejía con amoniaco, salfumán, vinagre, alcohol, anticalcáreos, limpiahogares o lavavajillas.