Las galletas saludables no existen (y mejor comer alguna normal de vez en cuando que engañarse)
AUTORA: BEATRIZ ROBLES
Ni integrales, ni ‘digestive’, ni de avena, ni ‘cero azúcar’: no hay galletas realmente sanas, por mucho que la industria intente mantener la buena imagen de este dulce
Las galletas no son solo galletas: como todos los alimentos, tienen un valor simbólico. Son tradición, son las infancias de la generación que ahora son padres y fueron niños en los setenta, ochenta y noventa. Eran los primeros alimentos que se introducían en la leche de los bebés para enriquecerla cuando empezaban la alimentación complementaria, y a esos recuerdos infantiles aluden muchos de sus anuncios modernos; como este, este o este.
Digámoslo claro otra vez: las galletas no son saludables. Aunque por fin parece que vamos asumiendo que entran en la categoría de alimentos que “cuanto menos comas, mejor”, conviene repetirlo. Durante décadas en nuestro imaginario colectivo las hemos considerado la cara buena de la bollería. Antes de ir al colegio te las comías (o te las embutían para no salir sin desayunar, como ya contamos hace un tiempo). El fin de semana se reservaba para el despiporre de napolitanas o churros, pero las galletas eran serias.