Ni el coronavirus ni los catarros: lo que no cura la vitamina C
AUTORA: BEATRIZ ROBLES
Que la vitamina C puede mejorar o curar la infección por coronavirus es una de las suposiciones más reenviadas en cadenas de Whatsapp de amigos, trabajo y familia desde que empezó esta pandemia. Seguramente a estas alturas te ha llegado de tu tía Charo, de un comercial de tu empresa y de alguien de la clase de EGB, con diferentes versiones y promesas que sirven para volverte todavía más tarumba en un momento en el que el miedo a lo desconocido y la desesperación pueden hacernos más proclives a creer en cosas con las que normalmente seríamos más críticos.
La vitamina C es un antioxidante que tiene varios trabajos que hacer en nuestro cuerpo: participa en reacciones bioquímicas echando una mano a las enzimas, interviene en la síntesis de colágeno, carnitina y catecolaminas, además de tener un papel en el metabolismo del colesterol, que no es poco. No es la primera vez que se le atribuyen propiedades curativas: mi ser mitológico favorito es alguien que creció en los 70, los 80 o los 90 sin ser inflado a zumos naturales por sus madres a la que asomaba el frío porque era «muy bueno para el resfriado». ¿Funciona para algo en alguno de estos casos? Empecemos con la pregunta del millón.