La amenaza que hizo peligrar al Roscón de Reyes

¿Alguna vez has pensado que podrías dejarte un diente mordiendo la sorpresa del Roscón de Reyes?

Seguramente no.

Porque es un producto con el que estamos tan familiarizados que sabemos perfectamente que contiene dos elementos no comestibles, duros y envueltos en plástico.

Y claro que se lo damos a los niños. No es un alimento destinado a un consumidor adulto. Tampoco tenemos ningún miedo de que se atraganten con el haba o la figurita. Al revés, ellos entusiasmados si les toca en su trozo (y no, no vale escarbar para buscarlo ¿eh?).

Pero si lo piensas un momento, choca un poco que un alimento esconda en su interior dos pedazos de plástico o cerámica.

Sobre todo teniendo en cuenta las políticas de seguridad alimentaria y la preocupación de los consumidores por la inocuidad de los productos que consumimos.

Como el Roscón de Reyes no es un producto que compremos a escondidas en el “mercado negro de los confiteros”, tiene que tener alguna explicación.

¿Quieres saber cómo es esto posible? Sigue leyendo.

¿Qué características tiene el Roscón de Reyes?

El roscón es un producto elaborado por fermentación de una masa de harina a la que además se añaden azúcar, huevos, mantequilla, leche, agua de azahar y frutas confitadas.

Según el Real Decreto 496/2010 por el que se aprueba la norma de calidad para los productos de confitería, pastelería, bollería y repostería el roscón de reyes es un producto de bollería.

Los productos de bollería son los productos alimenticios elaborados básicamente con masa de harinas fermentada y que han sido sometidos a un tratamiento térmico adecuado. Pueden contener otros alimentos, complementos panarios y aditivos autorizados.

El roscón clásico es sin relleno pero en los últimos años es muy frecuente encontrar roscones con crema, nata, trufa, cubiertos con guarniciones de chocolate y hasta con frambuesa o té verde (puedes ver más variedades singulares en este post de Minue en Directo al Paladar).

También estos roscones se corresponden con la definición legal, que considera que hay dos tipos de bollería: bollería ordinaria, sin relleno ni guarnición (sería el roscón clásico), y bollería rellena o guarnecida, que antes o después del tratamiento térmico adecuado se ha rellenado o guarnecido con diferentes productos alimenticios dulces o salados (esas variedades de roscones exóticas o rellenas).

¿Por qué se permite que haya una sorpresa que no es comestible?

Lo primero que hay que plantearse: ¿la figurita es un peligro?

Si vamos al Reglamento 178/2002, se define “factor de peligro” como todo agente biológico, químico o físico presente en un alimento o en un pienso, o toda condición biológica, química o física de un alimento o un pienso que pueda causar un efecto perjudicial para la salud.

Un agente físico como la sorpresa del roscón se puede considerar un peligro porque puede provocar efectos perjudiciales (rotura de piezas dentarias, atragantamiento…).

Y el mismo Reglamento 178/2002  nos dice que no se pueden comercializar alimentos que no sean seguros bien porque sean nocivos para la salud o porque no sean aptos para consumo humano.

Pero en esta norma también se indica que para determinar que un alimento no es seguro, hay que tener en cuenta las condiciones normales de uso por los consumidores.

Y está claro que en España los consumidores conocemos sobradamente este producto y sabemos que contiene esta sorpresa (es más, encontrar la figurita es parte del ritual y muchas veces es también la excusa para comérnoslo).

Así que, aunque ajustándonos a la definición la sorpresa sí podría considerarse un peligro, los matices del reglamento permitirían al roscón escaparse indemne.

¿Prueba superada para el roscón tal como lo conocemos?

No.

De hecho, nuestro roscón con sus sorpresas tradicionales en el interior ha estado en la cuerda floja (y a puntito de caer sin red).

Porque en 2009, la Unión Europea aprobó la Directiva 2009/48 sobre seguridad de los juguetes, que se traspone a la normativa española en el Real Decreto 1205/2011, ambos en vigor desde 2011.

¿Y por qué una norma sobre juguetes puede afectar al roscón?

La respuesta está en que en esta Directiva se regulan los juguetes distribuidos con alimentos o mezclados con alimentos (por ejemplo las sorpresas de los huevos de chocolate (tipo Kinder)).

La norma considera que un juguete distribuido con un alimento puede suponer un riesgo de estrangulamiento distinto del que presentaría el juguete por sí solo y por lo tanto hay que establecer requisitos específicos de seguridad.

Los juguetes contenidos en alimentos pueden suponer un riesgo de atragantamiento y asfixia.

Para que estos juguetes se consideren seguros, deberán tener un embalaje propio que, en la forma suministrada, tenga unas dimensiones que impidan que pueda tragarse o inhalarse.

Además, establece que los embalajes de estos juguetes que sean esféricos, en forma de huevo o elipsoidales y las partes separables de los mismos, o de los embalajes cilíndricos con bordes redondeados, deberán tener unas dimensiones tales que impidan que se produzca una obstrucción de las vías respiratorias por quedar bloqueados en la boca o la faringe, o alojados en la entrada de las vías respiratorias inferiores.

Y los  juguetes distribuidos en alimentos o mezclados con alimentos tienen que indicar: «Contiene un juguete. Se recomienda la vigilancia de un adulto.»

Además, si el juguete que incluye no es adecuado para niños menores de 3 años (por ejemplo, porque contiene piezas pequeñas), debe indicar una advertencia como “No conviene para niños menores de 36 meses” y llevar este pictograma:

roscon-pictograma

Los huevos Kinder sí cumplen la legislación porque el juguete está dentro de una cápsula de plástico duro que no se confunde con el propio alimento y que supera la prueba de la bola pequeña, plantilla E, de la norma EN 71-1  (como explica el documento aclaratorio para la aplicación de la Directiva).

Sin embargo, desde 1938 en EEUU no se permite la venta de juguetes dentro de alimentos por el peligro de atragantamiento y por lo tanto los huevos Kinder están prohibidos.

[Actualización 27/06/2017: parece que a partir de 2018 en EEUU se podrá comercializar un huevo Kinder adaptado a la normativa legal].

Y esta prohibición fue la base de una campaña muy visual de una ONG contra la venta de armas en 2014, comparando el peligro de un huevo Kinder (prohibido en ese país) con un arma de fuego (legal y de uso permitido incluso a menores de edad).

La imagen es muy potente. La comparación podría criticarse porque hay productos alimentarios prohibidos en muchas legislaciones por motivos de seguridad que son peligrosos para la salud y la vida, a pesar de tener una imagen mucho más dulce que las armas de fuego.

Pero la campaña refleja de una manera extremadamente gráfica las contradicciones de la legislación norteamericana; extremadamente protectora por un lado y radicalmente permisiva por el otro. El mensaje se entiende perfectamente.

A nivel de marketing, un 10 para la campaña.

roscon-campana
Foto de la campaña. «Uno de los niños sostiene algo que ha sido prohibido en América para protegerles. Adivina cual. No venderemos huevos Kinder para salvaguardar la seguridad de los niños. ¿Por qué no se hace con las armas de asalto?»

¿El huevo Kinder es peligroso como alimento?

No. Ni siquiera por la particularidad de contener un juguete en el interior porque la “cápsula” que lo contiene cumple con la legislación que garantiza que no haya peligro de ingestión ni atragantamiento. Hasta aquí su consideración como alimento.

¿Y es peligroso el juguete del huevo Kinder?

Tan peligroso como cualquier otro juguete que contenga piezas pequeñas: no es adecuado para niños menores de 3 años y así lo tiene que indicar. El peligro está en el uso que se haga del juguete, pero ese peligro es independiente de que el juguete esté en un alimento.

Y volviendo al roscón…Puedes sorprenderte porque la figurita no cumple con esta Directiva: la sorpresa no tiene un embalaje ni unas dimensiones que impidan que se trague. De hecho normalmente está envuelta en un plástico y el tamaño es variable.

Tampoco se incluye en el envase del roscón ninguna advertencia sobre que contenga un juguete ni sobre que un adulto deba supervisar su consumo.

Entonces, ¿cómo puede ser que se sigan comercializando los roscones con su sorpresa?

Pues es posible por los pelos, porque estuvo a punto de prohibirse basándose en esta Directiva .

Para España, Francia y Portugal habría sido un auténtico golpe a esta tradición culinaria. Porque más allá de su valor gastronómico, su peculiaridad respecto a otros dulces típicamente navideños es precisamente la sorpresa.

Y, por irracional que pueda parecer, la emoción de encontrar la figurita incentiva su consumo…aunque seamos adultos.

La clave para sortear la prohibición está en un matiz semántico. Vamos, que se libra sólo por la forma de interpretar la norma.

La interpretación de la normativa permite que el roscón lleve la sorpresa.

Porque a efectos legales la figurita del roscón no se considera un juguete.

Según la Directiva 2009/48 el juguete es el producto diseñado o previsto, exclusivamente o no, para ser utilizado con fines de juego por niños menores de catorce años.

Se considera que la sorpresa del roscón no se ajusta a esta definición, así que la Directiva 2009/48 sobre seguridad de los juguetes no se le puede aplicar.

Y el roscón tiene vía libre para venderse con sus sorpresas y sus habas.

¿Alguna legislación afecta a las figuritas del roscón?

Las sorpresas del roscón se libran de la legislación sobre la seguridad de los juguetes pero tanto los propios objetos como sus envoltorios tienen que cumplir la que afecta a los materiales en contacto con los alimentos, que se recoge en el Reglamento 1935/2004.

Fundamentalmente tienen que garantizar que sean materiales inertes, de manera que no transfieran sustancias al roscón ni alteren sus características organolépticas.

Puedes estar tranquil@.

El roscón con su sorpresa va a seguir siendo protagonista de las mañanas del 6 de enero y podrás seguir apostando a ver quién acierta dónde está escondida la figurita.

Pero como ves, la seguridad alimentaria se puede ver afectada por elementos aparentemente tan inofensivos como un juguete o una figurita tradicional, y son aspectos que los responsables de velar por la inocuidad de los alimentos deben tener en cuenta.

Y dicho esto…¡que tengas un feliz Día de Reyes! (con roscón incluido).

¿Te habías planteado alguna vez que la sorpresa del roscón podía considerarse un peligro? ¿Piensas que entraña algún riesgo? Te espero en los comentarios.

 

¿Piensas que el turrón sin azúcar añadido es la versión light del turrón normal?

Te sorprenderá descubrir la verdad.

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Beatriz Robles

Beatriz Robles

Tecnóloga de alimentos y dietista-nutricionista de formación y divulgadora de vocación. Docente en la Universidad Isabel I. Escribo sobre alimentos y nutrición en mi blog y colaboro con medios de comunicación como El Comidista, Materia Ciencia de El País y Eroski Consumer.

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