What the health: flaco favor al movimiento vegano (y patada al rigor científico).

Hace solo dos días, el 1 de octubre, se celebró como cada año el Día Internacional del Vegetarianismo.

Y me propuse celebrarlo haciendo un esfuerzo titánico. ¿No comiendo carne ni pescado? No, para mí eso no supondría ningún sacrificio.

Me castigué mucho más. Era el día propicio para dejar de posponer ver el documental “What the health”, producido pretendidamente para fomentar el veganismo.

Y del que me temía lo peor.

Estoy segura de que mi sensación de que verlo requiere un esfuerzo inmenso es compartida por tecnólogos de alimentos, dietistas-nutricionistas, biólogos, ambientólogos, ingenieros agrícolas, veterinarios y cualquier profesional relacionado con la producción agroalimentaria, la alimentación o el medio ambiente.

Porque aunque pretende destapar “la verdad” de la carne que consumimos y las oscuras motivaciones que unen a la industria, los gobiernos y las entidades sanitarias, se queda en un pastiche pretendidamente efectista.

Y fácilmente rebatible.

¿Qué es “What the health”?

“What the health” es un documental que desembacó en Netflix este verano y que pretende convencernos de que la dieta vegana (prescindiendo de todo alimento de origen animal) es la respuesta a problemas sanitarios, medioambientales, económicos y sociales.

Empleando un juego de palabras (en inglés “What the hell?” se pronuncia muy parecido y podría traducirse por “¿Qué demonios?”), “What the health” es un documental producido por Joaquin Phoenix que se presenta como “La película sobre la salud que las organizaciones de salud no quieren que veas”.

what the health joaquin_phoenix
Fuente: www.peta.org

Con ese mensaje de marketing es suficiente para encender mi “modo escéptico”, porque ya avanza teorías de la conspiración que, sinceramente, me dan mucha pereza.

Entiendo que sea una manera de captar público pero en mi caso esa promoción me “echa para atrás”.

Aun así, y dado que muchas veces se emplean este tipo de mensajes efectistas para captar la atención, me dispuse a verlo confiando en que la idea que quiere transmitir (“la mejor dieta es la que está basada en productos vegetales”) tuviese la fuerza suficiente como para no recurrir a tácticas maniqueas.

Pero me equivoqué.

¿Realmente es tan poco riguroso?

Y más.

Tuve que verlo de dos veces (y aun así me costó) porque era como un debate entre lo que se decía en el documental y mi sentido común. Agotador.

Sobran las razones por las que no se puede recomendar y haría falta un post casi infinito para ir desmontando cada una de las afirmaciones que se van haciendo a lo largo de la película (si tienes curiosidad Marcos Vázquez hace un análisis exhaustivo de ello en Fitness Revolucionario).

El 90% de What the health son afirmaciones sensacionalistas, imprecisas o falsas.

Pero te cuento un poco lo que te puedes encontrar si quieres hacer el esfuerzo de verlo (insisto, no lo recomiendo salvo que tengas tiempo y te apetezca cazar los trucos y afirmaciones erróneas).

Empieza fuerte porque en los 3 primeros minutos ya chirría.

Empieza hablando de que la OMS clasifica la carne procesada en el grupo 1 y lo interpreta como que es un agente cancerígeno igual que el tabaco o los asbestos.

Cuela la primera imagen impactante: barbacoas en las que se cocinan salchichas con tabaco y dulces niños comen perritos calientes de cigarrillos.

La realidad es que esa clasificación de la OMS no evalúa la peligrosidad de una sustancia, sino la evidencia que se tiene de que un compuesto sea cancerígeno (Carolina Jiménez lo explica mucho mejor aquí).

what the health carne procesada

Sí, la carne procesada está clasificada como cancerígeno.

Pero no quiere decir ni de lejos que pueda equipararse a fumar porque el incremento del riesgo relativo de desarrollar un cáncer por una u otra causa es completamente distinto (consumir carne procesada lo eleva un 18% y el tabaco un 1500%).

Y aquí viene la segunda parte.

Alerta continuamente del incremento del riesgo mezclando conceptos “riesgo relativo” y “riesgo absoluto”.

No es el único que lo hace.

La cifra de riesgo relativo siempre es más impactante que la que más nos afecta: el riesgo absoluto.

Son conceptos completamente distintos pero es frecuente ver en los medios de comunicación cómo se habla de que una sustancia “incrementa el riesgo de cáncer un 40%”, sin señalar que ese es el riesgo relativo. El titular queda más impactante si se omite.

Diferenciarlo es básico para entenderlo.

Si entre las personas que no consumen carne procesada la posibilidad de desarrollar cáncer colorrectal es del 5,6% (riesgo absoluto, enferman 56 de cada 1000) entre las que consumen al menos 50g diarios de carne procesada la probabilidad es de un 18% más (riesgo relativo), es decir 5,6% + 0,18 x 5,6%=  6,6% (enfermarán 66 de cada 1000).

Una persona más de cada 100. El riesgo absoluto incrementa un 1%.

Dar la cifra sin aclarar que es un riesgo relativo choca mucho más, y eso es lo que hace “What the health” continuamente.

A partir de este punto ya sabemos por dónde van a ir los tiros.

Frases sensacionalistas y simplistas, sin ningún rigor científico, para ahondar en la estrategia del miedo:

“¿Por qué es legal que los niños coman carne procesada?”, “Las toxinas bacterianas de la carne muerta provocan en minutos un estallido de inflamación”, “Si compras pollo compras cancerígenos. Deberían avisar de que se vende cancerígenos a la gente”, “La leche es un fluido lleno de hormonas”, “la yema de huevo está preparada para alimentar a un pollo bebé sin energía exterior durante 21 días. Es grasa y colesterol puros y al ponerlo en la sangre cubre los glóbulos rojos”, “el queso es pus de vaca coagulado”…

Ausencia total de conocimientos elementales sobre nutrición, bioquímica y fisiología que cualquiera con una formación básica o media en esta temática puede desmontar (por ejemplo que el azúcar solo se gasta o se almacena como glucógeno pero que no puede acumularse como grasa, pero está plagado).

Mezcla de críticas incompatibles: demonización de productos de origen animal (tanto ecológicos como convencionales) porque se alimentan con “maíz y soja transgénicas tratadas con pesticidas” como si en los cultivos no transgénicos no se usasen fitosanitarios.

Omisión de datos y comparaciones extremas: habla de las muertes por intoxicaciones alimentarias y las compara con las muertes por terrorismo (añadiendo imágenes bélicas). Debe ser que los vegetales no transmiten ningún patógeno (¡ay, señor!).

Mensajes delirantes: si el Gobierno sabe que el 95% de los afroamericanos no puede digerir leche pero en sus guías dietéticas la incluye, es un racismo institucionalizado.

Crítica social: las explotaciones de cerdos con prácticas insalubres se sitúan en zonas en las que viven personas de raza negra o hispana…

Y un suma y sigue de despropósitos para reforzar la idea de que el veganismo es la respuesta a todos estos problemas (y el arma contra una conspiración de dimensiones épicas).

La descripción es correcta: es una película.

Aunque aparentemente el formato es el de un documental, la realidad es que es más bien una película y utiliza todos los recursos del lenguaje cinematográfico para llegar a los espectadores.

Sigue la estructura típica de la narrativa:

1-. Presentación: el director es un hipocondríaco obsesionado por la salud que “descubre” que la dieta tiene efectos determinantes sobre el desarrollo de enfermedades. Lo que omite es que es vegano desde mucho antes de grabar “What the health” y que ya había rodado previamente “Cowspiracy”, otro alegato en contra del consumo de productos de origen animal.

2-. Nudo: cómo va destapando la conspiración de las industrias alimentaria y farmacéutica, gobierno, medios de comunicación y organizaciones dedicadas al fomento de la salud para que sigamos enfermando y puedan continuar enriqueciéndose.

3-. Desenlace: el cambio a una dieta vegana (no solo vegetariana, sino con una restricción total de alimentos de origen animal incluidos huevos y lácteos) es el camino a la salvación y todos los protagonistas y actores secundarios, que habían pasado tribulaciones y penurias, consiguen vivir una vida plena y feliz.

El director es a la vez el protagonista que, a modo de héroe solitario emprende una búsqueda de la verdad que se nos está ocultando.

Es el mito de ciudadano de a pie en contra de las grandes corporaciones y todo está medido.

Es uno de nosotros, alguien del montón en vaqueros, zapatillas y gorra, que se mueve en su furgoneta vieja y entrevista a directores de organizaciones de salud con disposición inocente y un cuaderno de estudiante.

what the health Kip andersen
Fuente: https://www.fruit-powered.com

Todo en la imagen está cuidado.

Los objetivos desenfocados cuando se acerca a una granja de cerdos, como si estuviera haciendo algo realmente arriesgado; las sombras y los colores fríos que dan un toque de misterio y de información confidencial cuando entrevista a activistas o investigadores; las imágenes de embarazadas y familias felices, ignorantes del riesgo al que están expuestas.

Digno de una peli de terror.

Y eso es. Una película. Una película propagandística.

No es periodismo.

Pero ahí radica el riesgo: en que se tome como una investigación solvente y no como un mero entretenimiento.

No es un reportaje de investigación, es una película que usa todos los recursos del cine.

E igual que no nos creemos las cosas imposibles que pasan en las pelis, tampoco deberíamos hacerlo con lo que pasa en esta.

Por mucho que el formato parezca serio y se apoye en teorías aparentemente factibles que le dan un halo de verosimilitud.

Apariencia de veracidad

Como te he dicho es tendenciosa, se apoya en recursos cinematográficos y su idea fuerte de una conspiración global es delirante.

Y sin embargo reúne elementos que le dan credibilidad y por eso es una buena herramienta publicitaria.

Uno de estos elementos son los médicos que apoyan esas ideas.

A lo largo de la película van a apareciendo profesionales de la salud que exponen o avalan las teorías.

Y es donde el director cae en lo mismo que denuncia: los conflictos de interés.

La propia película tiene conflictos de interés que no declara: exactamente lo mismo que denuncia.

Porque además de presentarles como médicos expertos en enfermedades cardiovasculares o diabetes, ayudaría a poner las cosas en contexto si además explicara que ellos mismos son veganos o que han recibido financiación de organizaciones a favor de los derechos de los animales.

Como el doctor Neal Barnard (que recibió 1,3 millones de dólares de PETA).

what the health neal barnard
Fuente: http://www.whatthehealthfilm.com/

O el doctor Joel Kahn (que es un reconocido vegano que se describe como cardiólogo “holístico” y que en su web asegura que puede “prevenir y revertir las enfermedades con una dieta basada en vegetales, nutrición anti-edad y medicina integrativa”).

O el doctor Garth Davis (cuyo libro “Proteinaholic” se subtitula “Cómo la obsesión por la carne nos está matando y qué podemos hacer al respecto”)…

Es decir, que la bata blanca da credibilidad (atribuimos inmediatamente que son una autoridad en la materia) pero no garantiza que la información sea fidedigna ni la integridad de quien la viste.

La aparente veracidad se la dan los profesionales médicos y los estudios científicos.

El otro elemento para dar verosimilitud a la cinta son los estudios científicos.

Parece que llenar cualquier argumentación con citas sacadas de investigaciones científicas es suficiente para dar rigor.

Pero se olvida de que para ser creíble la “evidencia científica” que presente tiene que ser de calidad.

Y aquí brilla por su ausencia.

Se citan continuamente estudios aislados que parecen “probar” la relación del consumo de productos de origen animal con el desarrollo de enfermedades: “Encontré un estudio que afirmaba que comer un huevo al día equivale a fumar 5 cigarrillos…”(¿has oído alguna vez que tienes estudios científicos para afirmar o desmentir cualquier hipótesis que se te ocurra? Pues es verdad. Por eso hay que huir de la “mala ciencia”).

También estudios epidemiológicos en los que no se llega a las conclusiones que se citan en What the Health. Ensayos clínicos de baja calidad…

Esa es la pauta.

Teoría de la conspiración

Todo el documental va llegando a un mismo punto: hay una gran conspiración de la que son partícipes las industrias, los reguladores internacionales, los gobiernos y las entidades de referencia en salud.

Para alcanzar esta “conclusión” (a la que es evidente que se pretende llegar desde el primer momento y que lo invalida como investigación seria) se apoya en varios “hechos”:

  1. Las entidades de referencia (American Diabetes Association, American Heart Association o American Cancer Society) se contradicen porque alientan a comer sano pero a la vez incluyen en sus webs recetas con “cosas cancerígenas del grupo 1” como carne.
  2. Todas estas entidades están financiadas por la industria cárnica y farmacéutica. Se olvida de decir que están financiadas por todo tipo de industrias alimentarias, también de productos vegetales.
  3. Oscurantismo gubernamental: sugiere que en EEUU se están produciendo casos en humanos de enfermedades por priones (mal de las vacas locas) pero que no se diagnostican o se ocultan.

Y su método infalible para probar que no se equivoca es llamar a estas organizaciones y preguntar al teleoperador que coge el teléfono por qué tienen recetas con alimentos cancerígenos. Si no sabe contestar o le da largas es la prueba irrefutable de que algo está pasando. Surrealista.

Está claro que hay conflictos de interés entre la industria y la ciencia, que algunos estudios se financian con el objetivo de llegar a las conclusiones que beneficien a sectores concretos y que, como en todas las profesiones, también hay investigadores poco íntegros.

Pero aparentar que se está descubriendo una conspiración mundial para ocultarnos la verdad sobre nuestra salud, rematando con que con la dieta podemos prevenir cualquier enfermedad y evitar medicarnos de por vida, es ir demasiado lejos.

Y mentir.

El antes y el después

Para que el mensaje sea más impactante tiene que haber alguna prueba empírica que los espectadores podamos ver.

Es el momento de los testimonios.

En un alarde de “amimefuncionismo” mezclado con desesperanza, sensiblería y la perspectiva velada de “esto te puede pasar a ti”, se entrevista a tres personas cuyas vidas se han convertido en un infierno por culpa de la enfermedad (diabetes, osteoartritis y obesidad y asma).

El panorama no puede ser más desolador.

Personas que viven atadas a la medicación (propia de su enfermedad pero también por enfermedades asociadas -ansiolíticos, antidepresivos-), con una bajísima calidad de vida (movilidad reducida, incapacidad para trabajar), sentenciados (“voy camino de un paro cardiaco dentro de los próximos 30 días”).

Los testimonios son más propios de la teletienda que de un reportaje serio.

Pero hay esperanza.

Porque los tres cambian a una dieta vegana y en dos semanas (sí, 14 días) sus vidas dan un giro radical, sus análisis sanguíneos no pueden ser mejores, recuperan la movilidad, pierden peso, pueden dejar la medicación (¿en 14 días?).

what the health dieta vegana

Es más, es que la propia luz de sus casas es mejor que antes. Ahora se maquillan. Han recuperado hasta el gusto para vestir.

De anuncio de teletienda antes y después de comprar el “Abdominazer 2000”.

Burdo y falso.

Y con un mensaje peligroso que se repite continuamente: se puede evitar la enfermedad con la dieta.

Por supuesto que la dieta es un factor influyente (no determinante) en la aparición y desarrollo de enfermedades.

Pero la dieta no va a curar la osteoartritis, la depresión o la diabetes en 14 días, ni garantiza que vayamos a tener una vida saludable. Por desgracia.

El documental cruza todas las líneas diciendo que con la dieta el cuerpo puede curarse solo y se pueden eliminar las medicinas.

La película oscila entre la “evidencia científica” y la pseudociencia y las terapias alternativas.

Así que no solo nos quiere convencer de seguir una dieta vegana. También flirtea con las terapias alternativas y la pseudociencia (aunque pretenda estar basado en muchos estudios científicos).

Por cierto, ¿”nutricionista holística certificada” es una profesión? (es otro de los testimonios, pero esta vez con la autoridad que le da haberse curado a sí misma un cáncer de tiroides y dedicarse profesionalmente a ello).

Una oportunidad perdida

La idea principal del documental es “hazte vegano”. Y es verdad que sin mirada crítica pueden dar ganas de olvidarse de los productos de origen animal para siempre.

Y tiene otras ideas que pueden ser muy válidas: sistemas de salud que se centran en tratar enfermos y no en prevenir la enfermedad, denuncia del maltrato animal en los sistemas de producción intensivos, problema de la deforestación y los gases invernaderos por nuestro modelo de alimentación, desmiente que haya que comer animales para evitar el déficit proteico…

Pero el problema es que el enfoque es tan erróneo y se presenta de forma tan radical y falta de rigor, que se desmonta a sí mismo.

Y lo que es peor. Desvirtualiza el mensaje que quiere enviar.

Hay argumentos suficientemente sólidos (medioambientales, éticos, compromiso con el bienestar animal, sostenibilidad, salud…) para defender la postura de basar la alimentación en vegetales sin tener que recurrir al sensacionalismo.

Pero optando por ese camino hace un flaco favor a los vegetarianos y veganos (que inexplicablemente hoy en día tienen que seguir justificando las razones de su elección alimentaria), porque los razonamientos que hace le quitan toda la credibilidad.

Y se vuelve en contra de sus propios intereses.

Fuente foto cabecera: http://www.whatthehealthfilm.com/

 

Nos rodea el sensacionalismo y los bulos sobre alimentos.

En este artículo sobre Nutella desmonto otro.

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Beatriz Robles

Beatriz Robles

Tecnóloga de alimentos y dietista-nutricionista de formación y divulgadora de vocación. Docente en la Universidad Isabel I. Escribo sobre alimentos y nutrición en mi blog y colaboro con medios de comunicación como Materia Ciencia de El País y Eroski Consumer.
8 comentarios
  1. Bego 29 septiembre, 2018

    TRISTE‼️Es lo que me parecen tus comentarios rebuscados y mezquinos…me gustaría oir la justificación que le “das” o le “otorgas” al maltrato animal que EXISTE, y es de VERDAD!!! Earthlink, Dominion, etc. Espero…

    Responder
    • Beatriz Robles 29 septiembre, 2018

      Hola Bego: gracias por tu comentario pero creo que no has entendido el sentido del artículo. Creo que este documental desvirtúa completamente el mensaje más que válido a favor de una dieta basada en alimentos de origen vegetal y en contra del maltrato animal. De hecho, señaló como ideas muy valiosas «Y tiene otras ideas que pueden ser muy válidas: sistemas de salud que se centran en tratar enfermos y no en prevenir la enfermedad, denuncia del maltrato animal en los sistemas de producción intensivos, problema de la deforestación y los gases invernaderos por nuestro modelo de alimentación, desmiente que haya que comer animales para evitar el déficit proteico…»

      Un saludo

      Responder
  2. Alexandra de León Sendoya 4 octubre, 2018

    Realmente no sé por dónde empezar, es la primera vez que ingreso a la página y analizando un poco el perfil veo muy descolgado este artículo, que me suena más a crítica cinematográfica que a un aporte por un conocedor de la materia. Me tomé el tiempo de leerlo con detenimiento, especialmente en la búsqueda de materiales de consulta, información, fuentes y me he quedado con las ganas. Yendo directamente a lo que la evidencia científica nos dice o nos deja de decir, es realmente fácil calificarla de buena o de mala calidad, sin informar o darle las armas al lector para valorar la información y sus fuentes por su cuenta, para empezar… mucho más cuando uno no aporta investigación alguna a la discusión. Dejando eso de lado, no entiendo el concepto de «conflicto de intereses» manejado en el presente artículo, en comparación con el volcado en el documental de referencia… salvo por la referencia a Neal Barnard y su vínculo con PETA. Partiendo de estas bases podríamos decir que, en realidad, no contamos con fuente fidedigna alguna, entre los que escriben libros, sostienen plataformas web (incluyendo la presente)… hasta los reportes e investigaciones científicas están a la venta. Polémico. Para cerrar tal vez comentar una experiencia personal que me rememoró la incredulidad del último extracto del artículo, al hacer referencia a la repercusión de una dieta rica en producto de origen animal en la salud. Hasta hace casi dos años y si bien siempre fui una gran amante de los vegetales, sostuve o padecí (para ser más exactos), una dieta omnívora bien variada con un claro consumo de lácteos y derivados, productos cárnicos, huevos y procesados varios. Tan variada la dieta como todos los problemas de salud sufridos y vinculados… los que puedo englobar en dos grandes categorías: gastrointestinales y hormonales. A nivel gastrointestinal, tenía todas las fichas para cantar «síndrome de colon irritable» y era la viva copia de Ben Stiller en «Along Came Polly», corriendo y sudando derecho al baño más cercano. En lo que a lo hormonal se refiere, sumergida entre un completo SPM, ciclos irregulares y cuando comenzaba el ciclo menstrual entre los fuertes cólicos y la baja general de las defensas, tenía más de lo necesario y con la baja de defensas, a menudo terminaba completando el cuadro con alguna gripe. Hace dos años decidí abandonar las carnes y derivados y el cambio se hizo notar, para bien y en poco tiempo… viendo desaparecer toda la problemática gastrointestinal mencionada. Empecé a informarme, a buscar información, a leer investigaciones, libros, vi «What the health» y hace aproximadamente un año opté por dejar los lácteos y derivados, muy a pesar de mis médicos tratantes, y ¡oh casualidad! le dije adiós a mis problemas hormonales. Son cosas locas que pasan cuando dejas de tomar fluidos ricos en hormonas (sean las propias del animal o incluyendo las suministradas de forma externa). Pasé de estar tirada agarrándome el vientre y tomando calmantes durante los primeros días de mi ciclo menstrual, a estar en plena actividad, en movimiento y con no mayor sensación que la de un leve frío. La misma incredulidad vi en un familiar cercano hasta no hace mucho tiempo y hoy sostiene una dieta libre de productos de origen animal. Saludos

    Responder
  3. Diego 13 diciembre, 2018

    Muy mala crítica, cuando te presentan argumentos científicos, la mayoría estudios de categoría A o B debes refutar con estudios de igual o mejor categoría.

    Responder
  4. Gisela 27 abril, 2019

    En el artículo dices que los azúcares (glucosa) se convertirán en glucógeno pero no en grasas, esto es erróneo no? Donde yo estudié , si ya había reserva de glucógeno me explicaron que pasaba a almacenarse en lípidos
    Gracias

    Responder
    • Beatriz Robles 27 abril, 2019

      Hola Gisela:

      En el artículo lo que digo es que precisamente el reportaje hace afirmaciones erróneas como que «el azúcar solo se gasta o se almacena como glucógeno pero que no puede acumularse como grasa». Por supuesto que se acumula como grasa.
      Un abrazo!

      Responder
  5. Agus 5 septiembre, 2019

    Hola Beatríz:

    El artículo me ha gustado mucho, y aunque el post es algo antiguo quisiera aportar un comentario.
    No he visto el documental, pero a menudo detecto esos truquillos efectistas, falacias argumentativas y uso sesgado de los datos en otras producciones que pretenden denunciar la tiranía del «sistema». Todo ello rodeado de un característico halo de superioridad en el discurso: «nosotros somos los buenos y tenemos razón, ellos son los malos y están equivocados», ignorando convenientemente la creciente complejidad en la que vivimos inmersos los seres humanos en las sociedades modernas.

    Como bien apuntas, este tipo de películas-documentales acaban por boicotear el mensaje mismo. Sólo sirven para que se regodeen los convencidos, porque todo el contenido incide en reafirmar sus creencias previas, mientras que invalida la causa precisamente ante los ojos de aquellos a quienes es necesario convencer. Para mí esto es un género cinematográfico en sí mismo, lo llamo «documental a lo Michael Moore». Tratan sobre causas nobles, pero la forma en que lo hacen dista mucho de serlo.

    Estas personas que ya están convencidas del mensaje en ocasiones tienen anulado el sentido (auto)crítico, lo que los lleva a rechazar todo tipo de crítica razonada hacia su ideología: «o estás completamente con nosotros, o estás completamente en nuestra contra». Este fenómeno social lo describe con mucha claridad Mauricio Schwarts en su libro «La izquierda feng-shui». Tu artículo me recordó precisamente a esa obra, que he disfrutado mucho.

    Gracias por aportar un poco de pensamiento crítico en estos tiempos de simplismo que corren.

    Responder
  6. Alessia 25 octubre, 2019

    hola Beatriz
    me encantó tu articulo. Y además, como has hecho tú, leer lo de MARCOS VAZQUEZ que aporta una gran cantidad de estudios y fuentes cientificas, me he reído mucho a ver este «documentario» (me recuerdan los de los alienigienas de Discovery Max). Ya al principio, cuando habla sobre el enlace de la carne con el diabetes, y que ni azucar ni carbohidratos tienen a que ver, ni siquiera explicando que hay diferentes tipos de diabetes, empecé a sacar las palomitas. Me pareció hora y media de afirmaciones sin ton ni son sensacionalistas, con gente muy jodida a nivel de salud solo para emnarcar lo malo que es comer carne, cuando un pais como estados unidos tiene otro problema muy gordo (nunca mejor dicho!): la comida real. No existe comida real en Estados Unidos, todo es ultraprocesado, seguro hasta los productos veganos. Yo compro pollo y huevos de una granja de al lado de casa, compro embutidos muy buenos y caros, carne de alta calidad, así como verduras, fruta, algo de vegano. No es la carne, es la calidad que tiene la comida. A parte que pregunta a los deportistas de élite, que es lo que aporta al musculo .. la proteina vegana???? fisiologicamente estamos hechos para absorber proteinas animals y traer beneficio de ellas. Un vegao con un medio sentido de nutrición, tiene que ingerir suplementos, porque de una dieta vegana no se puede sacar un beneficio de una dieta «omnivora» (porque no somos ni vacas, ni elefantes! Desafio a esta gente que nos ha comparado con los elefantes, a ver si son capaces de digerir la celulosa).en fin… me pareció sensacionalista, sin rigor científico.

    Responder

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