Ir al contenido principal

Autor: Beatriz Robles

Bajo la lupa: productos «altos en proteínas», ¿son saludables?

La oferta de productos «altos en proteínas» se ha multiplicado en los últimos años, pero no todos son saludables ni contienen proteínas de igual calidad

Primero fue la demonización de las grasas en la segunda mitad del siglo XX, después el foco se puso en los azúcares libres como factor de riesgo de enfermedades no transmisibles. Ahora, surgen las proteínas como el nutriente estrella. Las dietas altas en proteínas ganan adeptos al proponerse como una pauta alimentaria supuestamente más saludable y que incluso ayuda a perder peso, pese a que sus efectos dependerán de los alimentos que se incorporen. La evidencia científica indica que, a largo plazo, son igual de eficaces que otro tipo de dietas que contengan el mismo aporte energético. En este contexto, en los últimos años se ha multiplicado la oferta de productos “altos en proteínas”. ¿Este contenido en el nutriente de moda los hace mejores? Analizamos cuatro de ellos.

¿Merece la pena cambiarse al “pan proteico”?

En la creciente oleada de vender productos de siempre con extra de proteínas, el pan no ha pasado desapercibido para la industria alimentaria. Analizamos sus cualidades para saber si es recomendable consumirlo

El pan, último bastión, el representante por excelencia de los hidratos de carbono, el alimento que aparecía automáticamente en nuestra imagen mental como ejemplo incontestable de este nutriente también ha sucumbido a las tendencias y a la palabra de diosito influencer y se ha convertido en otro alimento proteico. ¡Tachán!

En la zona de panes envasados de prácticamente cualquier supermercado ya podemos encontrar un par de opciones que, con sus envases elegantemente diseñados para que destaque el color negro –que el marketing ha decidido adjudicar a los productos proteicos por motivos nada inocentes, como reflejó la periodista Analía Plaza en este artículo–, nos seducen en un contexto en el que los hidratos de carbono son la versión nutricional de Milei para los criptobros y huir de ellos nos parece la opción más saludable posible.

Consultorio nutricional: ¿las personas sanas deben monitorizar sus picos de glucosa?

¿Y por qué algunos alimentos explotan en el microondas? ¿Cuál es la ración recomendada de frutos secos? ¿Debo hidratar las semillas de lino? La dietista-nutricionista Beatriz Robles responde

¿Las personas sanas deben monitorear sus picos de glucosa?

En redes sociales ha surgido una corriente, apoyada en artículos y libros de escaso rigor científico, que incentiva el uso de sensores de glucosa en personas sanas para que puedan conocer su valor de glucosa en sangre de forma continuada. El objetivo es saber qué alimentos producen picos de glucosa y adaptar la dieta, ejercicio y descanso conforme a los resultados. Incluso se ofrecen pautas que implican comer los alimentos en un orden determinado según su composición o tomar vinagre de manzana para reducir la glucosa.

Sin embargo, las variaciones en el nivel de glucosa son normales a lo largo del día y las subidas son inevitables tras la comida, pero esto no implica un mayor riesgo para la salud en personas sanas. El hecho de que los valores del monitor se eleven no significa que se esté cometiendo un error con la alimentación.

Esta práctica tiene un coste económico elevado, puede generar ansiedad y obsesión de control sobre un parámetro aislado y no hay evidencia científica de su eficacia.

¿Es posible recuperar el sabor del tomate?

Los tomates no saben como antes. A lo largo de décadas se han hecho cruces de plantas para conseguir mejores rendimientos y un tamaño de fruto mayor, pero esto ha repercutido en el sabor, que resulta más insípido y menos dulce al perderse los genes que codificaban los compuestos volátiles y los azúcares. Esto ocurre porque los genes del sabor y los del tamaño están ligados.

Bajo la lupa: ¿qué significa que un producto «ayuda a tus defensas»?

La declaración «ayuda a nuestras defensas» se puede hacer sobre las vitaminas A, B12, B6, B9 (ácido fólico), C y D, y sobre el cobre, hierro, selenio y zinc. La presencia en cantidad suficiente de una sola de estas sustancias ya permite hacer la declaración. Pero estos nutrientes no son excepcionales y se encuentran en numerosos alimentos que pueden consumirse al natural o como ingrediente de otros productos.

Cuándo se puede usar la frase «ayuda a tus defensas»

Desde hace algunos años, muchos alimentos han incorporado en sus etiquetados mensajes que hacen referencia a nuestras defensas o a nuestro sistema inmune. Estas declaraciones están reguladas por ley e indican que el producto contiene determinadas vitaminas o minerales en una cantidad mínima:

  • En el caso de los alimentos sólidos, debe aportar el 15 % del valor de referencia de cada uno de esos nutrientes por cada 100 g.
  • En el caso de las bebidas, un 7,5 % por cada 100 ml.

Los valores de referencia son recomendaciones sobre la ingesta diaria adecuada de nutrientes y también están establecidos en la normativa.

Así, si se da el caso de que un fabricante quiere poner el reclamo en la etiqueta, pero los ingredientes no aportan suficiente cantidad de alguna de estas vitaminas o minerales, con añadir el nutriente a la receta, ya puede poner esta declaración, independientemente de que el perfil nutricional del producto final sea más o menos saludable.

El mensaje «ayuda a tus defensas» no se refiere a que se “potencie” el sistema inmunitario ni a que se mejore su “rendimiento”, simplemente significa que el alimento contiene nutrientes necesarios para que nuestras defensas respondan de forma normal.

👉 En el mercado encontramos algunos alimentos que destacan en sus envases beneficios para nuestro sistema inmunitario. Analizamos cuatro productos con estos reclamos.

Consultorio nutricional: ¿por qué no hay que comer las hamburguesas poco hechas?

¿Por qué nunca se debe comer una hamburguesa poco hecha?

Es muy fácil que el exterior de la carne se contamine con microorganismos patógenos procedentes de la piel y el intestino del animal debido a los procesos realizados en el matadero. Con la parte interna de la carne, por el contrario, esto no pasa.

Por eso, las piezas que se consumen enteras, como los entrecots o los filetes, se pueden comer poco hechas siempre que estén bien cocinadas por fuera, porque el calor destruye los microorganismos de la superficie.

Sin embargo, en las hamburguesas y otras preparaciones con carne picada esto sí supone un riesgo, porque en el picado los microorganismos de la superficie se distribuyen por toda la masa. Así que en la parte que queda en el interior de la hamburguesa o de la albóndiga puede haber patógenos que deben destruirse aplicándoles calor suficiente de forma que el interior alcance, al menos, los 70 ºC.

Las galletas saludables no existen (y mejor comer alguna normal de vez en cuando que engañarse)

Ni integrales, ni ‘digestive’, ni de avena, ni ‘cero azúcar’: no hay galletas realmente sanas, por mucho que la industria intente mantener la buena imagen de este dulce

Las galletas no son solo galletas: como todos los alimentos, tienen un valor simbólico. Son tradición, son las infancias de la generación que ahora son padres y fueron niños en los setenta, ochenta y noventa. Eran los primeros alimentos que se introducían en la leche de los bebés para enriquecerla cuando empezaban la alimentación complementaria, y a esos recuerdos infantiles aluden muchos de sus anuncios modernos; como esteeste o este.

Digámoslo claro otra vez: las galletas no son saludables. Aunque por fin parece que vamos asumiendo que entran en la categoría de alimentos que “cuanto menos comas, mejor”, conviene repetirlo. Durante décadas en nuestro imaginario colectivo las hemos considerado la cara buena de la bollería. Antes de ir al colegio te las comías (o te las embutían para no salir sin desayunar, como ya contamos hace un tiempo). El fin de semana se reservaba para el despiporre de napolitanas o churros, pero las galletas eran serias.

Ir al contenido WordPress Double Opt-in by Forge12