Imagina esta situación: después de semanas sin tiempo para hacer la compra, encuentras en la nevera una bandeja de lasaña cuya fecha ya quedó en el pasado. La hueles, pruebas un poco y decides que aún es comestible. ¿Es seguro hacer esto? Depende de qué tipo de fecha aparece en la etiqueta.
La diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente es esencial. La primera se aplica a alimentos muy perecederos, como carnes frescas, pescados o ensaladas envasadas. Pasada esta fecha, el alimento no debe consumirse bajo ningún concepto, ya que podrían haberse desarrollado microorganismos patógenos que no alteran ni el olor ni el sabor, pero sí pueden causar intoxicaciones graves. Por el contrario, la fecha de consumo preferente indica hasta cuándo un producto conserva sus propiedades óptimas de calidad (sabor, textura, aroma), pero no implica un riesgo inmediato para la salud si se consume pasada esta fecha, siempre que el alimento se haya conservado adecuadamente.
Un estudio de la Comisión Europea revela que el 10% del desperdicio alimentario en los hogares se debe a confusiones con estas fechas. Para reducirlo, es fundamental aprender a interpretar las etiquetas y confiar en los sentidos (solo en alimentos con consumo preferente). Además, la industria tiene responsabilidad en facilitar esta tarea, asegurando que las fechas sean claras y basadas en datos científicos.
Algunos alimentos con fecha de consumo preferente pueden ser consumidos incluso semanas o meses después de la fecha indicada si están bien conservados y en buen estado: productos enlatados, pasta, arroz o galletas son algunos ejemplos. Sin embargo, alimentos con fecha de caducidad como ensaladas, productos lácteos frescos o pescados no ofrecen esta flexibilidad y deben desecharse si se excede la fecha.
Conocer estas diferencias y planificar mejor tus compras puede ayudarte a aprovechar más alimentos sin poner en riesgo tu salud.