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Autor: Beatriz Robles

Bajo la lupa: agua con colágeno Viwa

Colágeno: ni bueno para el pelo ni bueno para la piel

Las declaraciones de propiedades saludables son de carácter voluntario, pero deben cumplir con la normativa europea. Y esto no sucede en el caso del colágeno. El producto afirma que «la ingesta de colágeno puede mejorar la piel y el cabello».

Pese a que ya hay solicitudes a la Unión Europea para que se puedan incluir en el etiquetado los supuestos beneficios del colágeno sobre la piel, esta declaración no está autorizada. Sobre su efecto sobre el cabello ni siquiera se ha solicitado autorización, por lo que tampoco puede hacerse.

Consultorio nutricional: melones hembra y cacao alcalinizado

¿Los melones hembra tienen mejor sabor?

Esta falsa creencia parte de la premisa de que hay frutas macho y frutas hembra, algo que es falso. A veces el mito se completa asegurando que los melones hembra, hipotéticamente más sabrosos, se distinguen porque tienen líneas concéntricas en sus extremos.

Las frutas no tienen sexo, lo que hay son flores femeninas y flores masculinas, y los melones producen los dos tipos de flores en la misma planta.

Aunque la planta tenga ambos tipos de flores, no se da la autofecundación, porque el polen del melón es pesado y pegajoso y solo puede ser trasladado al ovario mediante insectos. Cuando el polen de las flores masculinas fecunda el óvulo de las flores femeninas se desarrolla la fruta. Los óvulos fecundados se transforman en semillas y los ovarios en el fruto.

Si hubiera que hacer una distinción de las frutas entre machos y hembras, todas serían hembras. No existe evidencia científica que demuestre que los que tienen líneas concéntricas son más dulces.

Usar servilletas de tela a diario y otros fallos de higiene alimentaria que cometemos sin saberlo

Durante lo peor de la pandemia del Covid-19 todo el mundo desarrolló un sentido arácnido para detectar prácticas de manipulación de alimentos poco higiénicas con las que nos arriesgábamos a que los virus ajenos llegasen a nosotros. Ejemplos extremos como “limpiar” la mesa del bar con la fregona -prometo firmemente que vi las imágenes- ya cantaban mucho antes de esta crisis sanitaria mundial, pero durante unos meses fuimos capaces de identificar errores sutiles, de ver claramente que los pinchos sin proteger en la barra del bar y el trapo de cocina para todo uso eran un poco guarretes.

Superada la crisis, nuestras buenas prácticas higiénicas y la capacidad de detectar imprudencias han quedado en el mismo sitio que la promesa de que los sanitarios iban a tener condiciones laborales dignas: todo al cubo de la basura. Por muy pulcro que creas que eres en la cocina, no me juego nada si apuesto a que alguna de las siguientes gorrinadas forman parte de tu día a día. No me digas que siempre lo has hecho así y no pasa nada, porque seguramente no sea verdad -un saludito de esas molestias estomacales; por no llamarlas de otra manera, que no sabes cómo llegaron- y, en todo caso, sigue siendo una asquerosidad.

Bajo la lupa: Plantequilla Tulipán

¿Qué es la plantequilla?

Este nombre comercial recuerda a la “mantequilla”, pero ni legalmente ni por su naturaleza ni por sus características organolépticas es similar a este producto, aunque su uso gastronómico sí puede ser parecido.

  • Legalmente tampoco es una margarina, cuyo contenido en materia grasa debe ser igual o superior al 80 % e inferior al 90 %.
  • Realmente, como indica su denominación de venta, es una materia grasa para untar 79 %. La normativa obliga a indicar el porcentaje de grasa.
  • Este producto está en la horquilla de materias grasas para untar con mayor contenido: superior al 62 % e inferior al 80 %.

Consultorio nutricional: moringa, kimchi y riesgos de comer pez mantequilla

¿Qué riesgos implica comer pez mantequilla?

En España se conoce como pez mantequilla a dos especies de pescado diferentes: el escolar (Ruvettus pretiosus) y el escolar negro (Lepidocybium flavobrunneum).

Estas dos variedades tienen una cantidad elevada de ésteres cerosos. Estos compuestos son un tipo de grasa que nuestro cuerpo no es capaz de digerir, así que llegan íntegros al intestino grueso, donde producen keiorrea, una diarrea característica porque tiene el color y la textura de la salsa de los mejillones enlatados. No es grave, pero sí muy llamativa.

La velocidad importa: por qué comer fruta es más saludable que beberla

Ni la identidad del asesino Zodiac ni las desapariciones del Triángulo de las Bermudas le llegan a la suela de los zapatos al verdadero misterio que nos desvela por las noches: ¿cómo es posible que una fruta entera sea el paradigma de la salud y la misma fruta, la mismita, sin hacer nada más que exprimirla sea la encarnación del mal que ríete tú de Damien de La Profecía? ¿Por qué los nutricionistas incitamos constantemente a que comas más verdura, pero renegamos de los batidos verdes que tienen mogollón de hortalizas como los vampiros huyen de los crucifijos?

O una de nuestras turras más legendarias: al triturar la fruta se liberan los azúcares. “Pero, alma de cántaro, si voy a masticarla igual, ¿qué más da que lo haga yo o que lo haga la túrmix?” Si me hubieran dado un euro por cada vez que escucho este original argumento, a estas alturas me dedicaría a contar mis billetes desde un enclave paradisíaco, no a dejarme las neuronas interpretando estudios sobre nutrición para que al final te fíes más de la última influencer de TikTok.

Las conspiranoias de Iker –Jiménez o Casillas, tanto da, que da lo mismo– son de aficionado en comparación con el fenómeno de alimentos saludables convertidos en satanás por obra y gracia del exprimidor. Así que prepárate, porque nos subimos a la nave del misterio nutricional para que descubras por qué, aunque los ingredientes sean idénticos, beber y masticar no es lo mismo (y que lo que bebes, cuenta).

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