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Autor: Beatriz Robles

Agua cruda o la absurda locura del primer mundo.

Es lo que nos faltaba.

Y, sin embargo, no me sorprende.

Estamos en un mundo sobresaturado de información, #infuencers, noticias sin contrastar, titulares impactantes que se pelean por un clic y #fakenews avaladas y difundidas hasta por equipos de Gobierno (no miro a nadie, Mr. Trump).

Por lo tanto, que una locura desde el punto de vista sanitario irrumpa con fuerza, respaldada por los más punteros, por los gurús que tienen en sus manos la evolución tecnológica del mundo entero, es solo una muestra de en qué nos estamos convirtiendo.

Al menos en los países desarrollados.

Estamos perdiendo el criterio.

El pensamiento crítico siempre ha sido necesario, pero tener un criterio propio en una época inundada de información contradictoria es más necesario que nunca.

No hace falta saberlo todo. Y no hace falta saber de todo.

Es suficiente con poder discernir las fuentes fidedignas y rigurosas de las sensacionalistas.

Simplemente.

Lo que llevado a la práctica es tan sencillo (y complicado) como saber dónde buscar la información.

Y partiendo de ello, ya iremos desarrollando un criterio propio sobre una base bien informada. Criterio que podrá evolucionar, avanzar, incluso cambiar 180º.

Pero con unos cimientos sólidos.

El tema está muy tratado, pero es que no me he podido resistir.

Te voy a hablar del agua cruda.

Porque esta vez me he cabreado.

¿Por qué hablamos ahora del agua cruda?

 

A finales de diciembre de 2017, entre villancicos y comilonas, se coló una noticia en varios medios de comunicación nacionales e internacionales que nos contaba cuál es la nueva moda en Silicon Valley: beber “agua cruda”.

Afortunadamente, la mayoría de las publicaciones evitaron caer en ambigüedades o medias tintas: a la vez que exponían esta práctica, destacaban ya en los titulares que era un peligro sin ningún sentido.

Un peligro que podría salir muy caro.

(Puedes leer la noticia en medios nacionales aquí, aquí, aquí o aquí. Y te dejo también enlaces a medios internacionales como este, este, este o este).

Y es que, si hablamos de salud o alimentación, Silicon Valley no se caracteriza precisamente por aplicar el conocimiento científico.

Es increíble. Pero es un lugar que es el germen de todas las nuevas ideas tecnológicas, donde trabajan las mentes más creativas (y posiblemente más privilegiadas), a los que mucha gente considera los genios de nuestro tiempo.

Silicon Valley se ha convertido en el amplificador de las pseudociencias

Pero también es el altavoz que han encontrado pseudociencias de lo más diverso para dar un halo de verosimilitud a su (muchas veces peligroso) mensaje.

Porque sí. La pseudociencia es peligrosa.

No es inocente. No es inocua. Y desde luego no es altruista (¿de verdad piensas que nadie se lucra de la credulidad, la inocencia o -el caso más rastrero- la desesperación de la gente?).

Las pseudociencias no son inofensivas: son un negocio miserable.

Pues en aras de mejorar su salud, las influentes caras visibles de Silicon Valley nos han asegurado, por ejemplo, que tienen lucidez y energía porque han “reseteado” su cuerpo mediante ayunos más o menos prolongados, (Aitor Sánchez tiene un artículo muy clarificador sobre ello).  Biohacking, lo llaman.

No en vano el propio Steve Jobs, fundador de Apple e icono de Silicon Valley, renunció a la cirugía y la medicina convencional para tratar de superar un cáncer con terapias alternativas. Falleció en 2011 víctima de ese cáncer. Igualmente podría no haber sobrevivido con un tratamiento médico, pero de entrada descartó esa opción.

Sí. La meca del conocimiento tecnológico es también el amplificador (y aval) de terapias sin fundamento científico.

Con el peligro añadido de que lo “venden” rodeados de una aureola de modernidad, innovación, salud, status económico y social…que convence (como es lógico) a mucha gente.

Si las cabezas más extraordinarias siguen una dieta o comen un “superalimento” tendrán razones de peso, ¿no?

En este marco, a empresas como Live Water (que comercializan “agua cruda” desde hace años), les ha dado el empujón final un ejecutivo de Silicon Valley, Doug Evans.

Sí, el mismo que trato de comercializar Juicero, un exprimidor de zumo que prometía ser el iPhone de los pequeños electrodomésticos y que, por el “módico precio de 700$”, todo lo que hacía era apretar una bolsa de fruta (la empresa quebró, claro, pero con unas ventas considerables y una ristra de consumidores estafados).

Agua cruda Juicero
Te presento Juicero. Está claro que los diseñadores son buenos, otra preciosidad. Fuente: Hipertextual

Poco después del descalabro de Juicero, Evans se sometió a un ayuno de 5 días (siguiendo la dieta biohacking), en los que bebió agua cruda y lo difundió por las redes sociales.

Internet hizo el resto.

¿Qué beneficios le atribuyen al agua cruda?

 

Infinitos.

Imposibles de exponer uno a uno.

Pero no solo se trata de asociar el agua cruda con efectos positivos sobre la salud.

El impacto no sería el mismo si además no fuese acompañado de una estrategia del miedo en la que aseguran que el agua del grifo (e incluso otras aguas de manantiales similares a la que venden) son “agua muerta” porque se ha sometido a potabilización con cloro, ozono, luz ultravioleta o filtros.

¿Y qué hay de malo en la higienización del agua?

Pues según los empresarios que venden agua cruda (no te engañes, no son hippies bienintencionados, son empresarios sin escrúpulos) la potabilización acabaría con las bacterias beneficiosas que, por supuesto, el agua de su empresa sí conserva.

Su estrategia de comunicación pasa por enumerar los beneficios y, sobre todo, alimentar el miedo.

Pero van más allá. Aseguran que el agua corriente puede contener todo tipo de compuestos peligrosos.

Y alertan del supuesto riesgo de la cloración (tratamiento utilizado para potabilizar el agua) o de la fluoración (adición de flúor que la OMS ha recomendado para reforzar el esmalte dental en poblaciones con problemas -y que en España es muy poco habitual).

Por cierto, tratamientos que están perfectamente regulados y controlados (en nuestra legislación a través del Real Decreto 140/2003 por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano).

O incluso llegan a sugerir en su página web que el agua del grifo podría contener restos de fármacos empleados para el control de la natalidad.

agua cruda mukhande_singh
Es todo taaaaan zen… Fuente: Parismatch

Total, que el despropósito resulta ser una mezcla de pensamiento mágico (“el agua transmite la sabiduría de la vida natural”, “rica en sílice: el sílice almacena energía e información de una forma única y por esos nuestros dispositivos electrónicos lo contienen(…) Imagina que pudieras mejorar todo el sistema operativo de tu cerebro al nivel de los mejores procesadores”) y teorías de la conspiración.

Lo que no deja de ser sorprendente y paradójico, porque los mismos charlatanes que claman contra el cloro asegurando que es una forma que tienen los gobiernos de controlarnos (como recoge Déborah Bello en este artículo) son los que ensalzan (y tienen negocio) con el MMS (suplemento mineral milagroso).

Si no lo conoces, el MMS es un producto al que atribuyen propiedades curativas milagrosas. Sus defensores (y comercializadores) aseguran que cura todo: desde el autismo hasta el cáncer, pasando por la depresión o las enfermedades autoinmunes.

Un producto sobre el que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha tenido que alertar por ser ilegal y peligroso.

¿Y qué tiene que ver con la cloración? Pues que el “principio activo” del MMS es exactamente el mismo que se usa para potabilizar el agua, el dióxido de cloro, pero en concentraciones muchísimo más altas que sí pueden provocar intoxicaciones graves.

¿Creías que el delirio acababa aquí? Me temo que no.

Porque las supuestas propiedades del agua cruda se las atribuyen a la presencia de cuatro tipos de probióticos, y enlazan en su web estudios científicos supuestamente demostrando las virtudes de esos microorganismos.

El pequeño “fallo” es que los microorganismos que están en su maravillosa agua cruda no son considerados probióticos. Y los estudios citados que aparentemente “los avalan” hablan de efectos positivos sobre la salud, pero atribuidos a otros microorganismos.

Vamos, que confían en que el simple reclamo del estudio científico avale su absurdo negocio. Aunque el estudio no tenga nada que ver con su producto.

Pero bueno, si cuela, cuela, ¿no?

Un (peligroso) timo en toda regla

 

¿Harían estos empresarios negocio con un agua supuestamente sin tratar que puede hacer que sus clientes enfermen?

¡Claro que no! No son tontos.

Son tan hipócritas que lanzan explícita o veladamente mensajes que ni ellos mismos se creen.

Claro que saben que no pueden vender agua no potable. Nunca se arriesgarían (¡que esto es un negocio, hombre!).

Resulta que, para culminar el desatino, esta agua milagrosa es exactamente la misma que abastece a toda una población de EEUU.

Efectivamente, es agua de un acuífero que cumple todos los requisitos sanitarios para el consumo humano, que supera controles periódicos y que sale del grifo de los habitantes de Madras, Oregón.

Y así lo reconocen en la página web.

Venden agua del grifo, solo eso.

Pero ellos la venden a 1,7$/litro (cuando los afortunados ciudadanos de Madras pagan por ella menos de un céntimo por litro, lo que les cobran en el recibo municipal).

El “agua cruda” de Silicon Valley es igual que cualquier agua mineral natural o agua de manantial. La misma que podemos comprar envasada en el supermercado.

Que, efectivamente, no tiene tratamiento de potabilización y es “agua sin tratar”. Pero que por supuesto está controlada, sometida a una normativa y declarada apta para el consumo humano.

¿Cómo justifica la empresa el precio?

Pues reconocen que no cobran por el agua. Que el agua es gratis.

Lo que cobran es el transporte y la entrega en tu hogar.

Porque lo hacen en condiciones de refrigeración para que los “no-probióticos” lleguen en perfecto estado. Y además lo sirven en jarras de prístino cristal, que contra el plástico también arremeten.

agua cruda jarra
¿A que es una monada? Viste cualquier cocina Fuente: Live Water

(Por cierto, puedes comprar también los envases de cristal al insuperable precio de 69$ el dispensador de 9,5 litros).

La propia empresa reconoce que el agua es gratis y lo que se paga es el servicio de entrega a domicilio.

Y para cumplir con la legislación o, al menos, bordear el delito de estafa mientras puedan, ellos mismos declaran que “estas afirmaciones no han sido evaluadas por la FDA (Food and Drug Administration). Nuestro servicio no pretende diagnosticar, tratar, curar o prevenir ninguna enfermedad. Consulte con su sanitario antes de tomar la decisión de cambiar su agua”.

Y también que “los probióticos podrían tener beneficios incontables, pero los científicos todavía no los han descubierto”.

¿Quieres saber por qué me cabreo tanto?

 

No es por el fraude. Al fin y al cabo, convivimos con ellos en las redes a diario y más o menos vamos lidiándolos.

Es por el mensaje que envían.

Que consumir agua sin tratar puede tener beneficios para la salud.

El mensaje de que consumir alimentos sin tratar tiene ventajas es peligroso, irresponsable,  frívolo y cruel.

Una postura que está en la línea de la que dice que consumir leche cruda aporta más nutrientes (en el post “Máquinas expendedoras de leche: ¿sabes lo que compras?” ya dejé clara mi opinión sobre esa práctica).

Porque lo que los consumidores entienden es que el producto que venden estas empresas y que los ejecutivos de Silicon Valley beben es agua sin potabilizar. Agua sin controles analíticos que garanticen su inocuidad.

Y que ese agua es mejor que la del grifo (por no decir milagrosa).

Es un mensaje falso. Pero, sobre todo, es un mensaje muy peligroso.

Porque sobra decir que el agua sin tratar y no controlada es vehículo de numerosísimas enfermedades. La OMS considera que “El agua contaminada y el saneamiento deficiente están relacionados con la transmisión de enfermedades como el cólera, otras diarreas, la disentería, la hepatitis A, la fiebre tifoidea y la poliomielitis” y que 842.000 personas mueren al año por diarreas provocadas por consumo de agua contaminada.

Claro, que eso a nosotros no nos preocupa, precisamente porque ya hemos instaurado las prácticas que evitan que tengamos que lidiar con esas enfermedades.

Las enfermedades infecciosas de transmisión alimentaria han dejado de ser una amenaza y hemos olvidado que siguen a nuestro alrededor.

Y la potabilización o el tratamiento térmico de la leche son algunas de las técnicas que nos permiten vivir en sociedad tal como lo hacemos (las ciudades sin un sistema de saneamiento de las aguas serían inhabitables) y alimentarnos sin enfermar.

Tenemos la inmensa suerte de poder beber el agua que sale del grifo y no morir.

Porque en los países en vías de desarrollo no se plantean si el agua sin potabilizar o la leche recién ordeñada es mejor para su salud. Para sus habitantes no es una opción con la que puedan coquetear.

Es una cuestión de vida o muerte.

Y eso es lo que verdaderamente me saca de mis casillas.

La frivolidad con la que tratamos en las latitudes más privilegiadas asuntos de salud pública que parecían superados.

Posiblemente la clave está en que no tenemos que lidiar cada día con la muerte por enfermedades infecciosas. Pero es que no hace tanto tiempo nuestros abuelos se peleaban contra la polio, o nuestros padres contra las fiebres tifoideas.

Qué memoria tan frágil. De nuevos ricos que no se acuerdan de los malos tiempos.

Porque la cuestión es que NO HAY DEBATE.

Ningún profesional con responsabilidad sobre la salud pública te va a recomendar tomar alimentos cuya inocuidad no esté garantizada. Y si encuentras a alguien que lo haga, huye de su consejo.

Hemos rellenado el hueco que antes ocupaba la religión con nuevas creencias, seguimos buscando el elixir de la eterna juventud, atribuimos matices espirituales a los alimentos de los que nos nutrimos.

Y damos pábulo a charlatanes que no se diferencian de los buhoneros que vendían crecepelo en el Salvaje Oeste.

Pero encima nos creemos más inteligentes que aquellos a los que engañaban.

Permíteme decirlo: no encuentro la diferencia.

La leche cruda también tiene partidarios y en España se puede comprar legalmente.

Aquí te cuento por qué no debes consumirla.

Descúbrelo

Insectos en tu plato, una realidad cada vez más cercana.

Estamos revolucionados.

No sé tú, pero desde el 1 de enero yo no hago más que leer que en España ya podemos comer insectos y que serán el alimento estrella de 2018.

Y sin duda hay una parte de verdad…pero la cosa no es tan fácil.

Tranquil@.

Vas a tener tiempo para adaptarte (porque, reconozcámoslo, a la mayoría nos cuesta pensar en grillos, gusanos o moscas rozando nuestras papilas gustativas sin que nos dé repelús, se nos erice el pelo o sintamos náuseas).

Si hoy vas al supermercado no vas a encontrar harina de grillo al lado de la de trigo, ni habrá bolsas de insectos en la sección de congelados.

Pero vete haciéndote a la idea, porque es muy probable que en unos meses sí compartan estantería en el súper y un lugar en la carta de los restaurantes.

¿Estás preparad@ para el futuro?

¿Qué ha cambiado desde el 1 de enero de 2018?

 

Pues el quid de la cuestión es que en esa fecha ha entrado en vigor el Reglamento 2215/2283 que regula los nuevos alimentos y deroga la norma que hasta ahora legislaba sobre este tipo de productos (el Reglamento 258/1997).

Estos reglamentos establecen qué se considera “nuevo alimento” y qué pasos tiene que dar la industria alimentaria para obtener autorización para comercializarlos en los países de la Unión Europea.

Un producto es “nuevo alimento” cuando “no haya sido utilizado en una medida importante para el consumo humano en la Unión antes del 15 de mayo de 1997”.

Pero además, debe poder incluirse en una de las categorías que indica la legislación.

En el Reglamento de 1997 una de las categorías era “ingredientes alimentarios obtenidos a partir de animales”, lo que podía estar abierto a interpretación: donde algunos entendían que esto incluía a los insectos enteros, otras voces aludían que la categoría solo se refería a partes de animales (en el caso de los insectos, las alas, patas o cuerpo por separado).

El Reglamento anterior no reconocía expresamente los insectos como “nuevos alimentos” y la decisión final la tenía cada país.

Por lo tanto la situación de la venta de insectos como alimentos en Europa es variable.

Algunos países como Bélgica, Reino Unido, Holanda, Dinamarca y recientemente Finlandia, consideraron que se podía autorizar la comercialización de insectos así que por acción (regulando su comercialización) u omisión (dejando sin regular y amparándose en la ausencia de legislación) se pueden encontrar tanto en supermercados como en ingredientes estrella en exclusivos restaurantes (el chef holandés Hernk Van Gurp, además de ofrecer platos con insectos, ha escrito un libro con dos entomólogos en el que se explican las ventajas de incluirlos en la dieta e incluye preparaciones culinarias).

En España, la ausencia de legislación expresa hizo que durante un tiempo algunos negocios innovadores apostasen por la venta de insectos. Pero las autoridades sanitarias lo acabaron prohibiendo y AECOSAN se manifestó expresamente en contra de esta venta.

La comercialización de insectos estaba expresamente prohibida en España

En marzo de 2015, la Agencia Española de Consumo, Seguridad alimentaria y Nutrición (AECOSAN) mantuvo su postura de prohibir la venta de insectos para consumo como alimentos, precisamente a la espera de que se publicase el nuevo Reglamento sobre nuevos alimentos (el que entró en vigor el 1 de enero de este año).

Así que hasta ahora, en España o la comercialización estaba expresamente prohibida.

¿Por qué esta nueva norma ha sido tan decisiva?

Porque en el año 1997, cuando se publicó el reglamento anterior, los movimientos de los mercados, la influencia limitada de otras culturas gastronómicas y las preferencias de los consumidores no hacían prever que los insectos pudieran considerarse alimentos con un potencial real para ser incluidos en nuestra dieta.

Así que había un vacío porque realmente no se concebía como posibilidad.

Sin embargo, en 2015 (casi 20 años después), las fronteras culturales (también las culinarias) ya se habían desmoronado: internet y las nuevas fuentes de información y de relación social lo han transformado todo, incluida nuestra forma de comer y los ingredientes que incorporamos en nuestros platos.

Así que el Reglamento 2015/2283 ya tiene en cuenta en los considerandos iniciales lo que la legislación anterior había pasado por alto: que los insectos en la alimentación humana son una realidad que se debe regular.

Y dice expresamente “No obstante, procede revisar, clarificar y actualizar, sobre la base de los avances científicos y tecnológicos registrados desde 1997, las categorías de alimentos que constituyen nuevos alimentos. Esas categorías deben incluir los insectos enteros y sus partes.”

Así, en las categorías de nuevo alimento (es decir, los alimentos que deben someterse a esta norma) incluye “alimento que consista en animales o sus partes, o aislado de estos o producido a partir de estos”.

Una pequeña modificación respecto a la norma anterior, que solo hablaba de ingredientes alimentarios obtenidos a partir de animales, pero con importantes repercusiones legales. Porque ya se refiere a los insectos.

¿Esto quiere decir que ya se pueden comercializar los insectos como alimento?

 

No.

El revuelo en los medios de comunicación puede entenderse porque realmente el titular es impactante. Aquí te dejo unos cuantos ejemplos de lo que habrás podido leer estos días:

titulares insectos

Sí, efectivamente por los que aparece en la prensa se puede interpretar que ya hay vía libre y que podemos bajar a comprar una barra de pan, dos litros de leche y 300g de grillos.

Bueno, es un poco más complejo.

Lo que ha hecho este Reglamento es incluir los insectos dentro de las categorías de nuevos alimentos.

Pero no autoriza directamente su venta. Todavía tienen que pasar por un proceso de autorización para garantizar la seguridad del producto.

Todavía no pueden venderse insectos para consumo humano en España; deben aparecer en la lista de nuevos alimentos de la Comisión Europea.

Sí cambia algo: ya tienen una clasificación como nuevos alimentos (dejan de estar en el limbo legal) y por lo tanto están sometidos a esta legislación.

Y esta norma obliga a que, antes de poner en el mercado cualquier “nuevo alimento”, la empresa que quiera venderlo o utilizarlo como ingrediente debe asegurarse de que aparece en la lista de nuevos alimentos de la Comisión Europea. Y, si no lo está, puede solicitar que se incluya.

En el caso de los insectos, por el vacío legal del que te he hablado, hasta ahora no estaban en la lista de nuevos alimentos.

A partir de ahora las empresas que quieran comercializarlos pueden solicitar la autorización a la Comisión.

comision europea insectos

El nuevo reglamento también simplifica el proceso de autorización de nuevos alimentos, lo que facilitará la inclusión en la lista.

Las empresas ya pueden solicitar autorización para que los insectos se incluyan en la lista de nuevos alimentos, paso necesario para poder venderlos.

Pero además abre una nueva posibilidad para agilizar lo trámites si la autorización se solicita para alimentos derivados de la producción primaria (como es el caso de los insectos) que se consideren alimentos tradicionales en terceros países.

¿Cuáles son los “alimentos tradicionales en terceros países”?

Los que posean un “historial de uso alimentario seguro en un tercer país”, es decir, que la seguridad del alimento en cuestión se ha confirmado con datos sobre su composición y a partir de la experiencia de uso continuo durante al menos veinticinco años dentro de la dieta habitual de un número significativo de personas en al menos un tercer país).

Si cumplen esta condición, el solicitante tiene que presentar la propuesta de autorización a la Comisión y, si en un plazo de cuatro meses no hay alegaciones por parte de los países miembros o de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), el nuevo alimento se incluirá en la lista de nuevos alimentos autorizados, indicando que es tradicional en un tercer país.

insectos comida

¿Es mucho tiempo cuatro meses para una autorización?

Realmente no.

Porque el procedimiento de autorización convencional (para otros alimentos no tradicionales de terceros países) puede requerir una evaluación de seguridad de la EFSA (que tiene nueve meses para responder en caso de que no necesite información adicional, porque en ese caso se prolonga todavía más). Y a partir de entonces la Comisión tiene siete meses más para incluirlo en la lista de nuevos alimentos.

Una eternidad.

Por eso AECOSAN considera que la mayoría de los estados o empresas que van a solicitar autorizaciones para comercializar insectos o incluirlos en los ingredientes de sus productos, van a optar por presentarlos como alimentos tradicionales en terceros países.

Con el nuevo sistema de autorización en pocos meses los insectos podrán estar en el mercado.

Así que la respuesta a tus desvelos es que sí.

Que es más que probable que en breve tengamos insectos disponibles para echar en el carrito de la compra o pedir en el restaurante de moda.

Pero todavía tiene que pasar un tiempo (meses).

¿Habrá problemas de seguridad alimentaria?

 

Es una preocupación lógica.

Porque nos enfrentamos a un reto nuevo impensable hasta hace poco.

¿Cómo afectará a los altísimos estándares de seguridad alimentaria que se han impuesto en la Unión Europea?

Si de algo podemos presumir en la UE es de que los alimentos que llegan a nuestra mesa son seguros (otra cosa es que sean saludables, eso es harina de otro costal que, como te he comentado muchas veces, seguro y saludable no son equivalentes).

Pues ante la inminencia de que los insectos sean un alimento más en nuestra dieta, la EFSA ya se ha pronunciado.

En 2015 emitió una opinión científica sobre el riesgo de producir y consumir insectos como alimento e ingrediente para piensos animales.

Para la EFSA, los riesgos microbiológicos y químicos asociados a los insectos dependerán de factores como la alimentación, el método de producción, el momento del ciclo vital en que son “recolectados”, la especie y el procesado posterior.

Pero considera que si los insectos se alimentan con productos autorizados (lo que no incluye las heces humanas y el estiércol ya que se desconoce el riesgo), los riesgos microbiológicos serán similares a los de cualquier otra fuente de proteína de origen animal.

Sobre la posibilidad de que haya riesgo de que se formen priones (responsables de la encefalopatía espongiforme bovina, ya sabes, el “mal de las vacas locas”), sería igual al que tendría cualquier otra proteína animal, siempre que no se les alimente con heces humanas o restos de rumiantes.

Hay más dudas sobre la posibilidad de que se acumulen contaminantes químicos que puedan pasar a la cadena alimentaria.

No obstante, todavía quedan zonas grises y la opinión de la EFSA recoge que se necesitan más estudios sobre los posibles microorganismos patógenos y los riesgos químicos que podrían afectar a la salud humana al consumir insectos.

La EFSA considera que en general, los riesgos de comer insectos son similares a los de cualquier otra fuente proteica, pero piensa que deben hacerse más estudios sobre su seguridad.

De ahí que para autorizarse como nuevos alimentos se tenga que evaluar su seguridad (bien por la EFSA o bien porque su consumo haya sido seguro en un tercer país durante al menos 25 años).

Por su parte, la FAO recoge que no ha habido problemas importantes de salud asociados al consumo de insectos. También considera el APPCC es una buena herramienta para garantizar la seguridad en la producción de insectos y que estos tienen que ser almacenados, transportados y manipulados en condiciones higiénicas adecuadas.

¿Te suena? Claro, porque es exactamente lo que hay que hacer con cualquier alimento. Nada nuevo.

buenas practicas insectos

En cuanto a la posibilidad de desarrollar reacciones adversas, al contener proteínas (que son los compuestos implicados en la mayoría de las reacciones alérgicas) sí que pueden producir problemas.

Pero la FAO también considera que, al igual que el resto de alimentos, los insectos son seguros y no producirán alergias a la mayor parte de la población.

Por si te quedas con ganas, para la EFSA los insectos con más potencial para ser consumidos como alimentos son la mosca, los gusanos de la harina y los gusanos de seda y los grillos.

El cri-cri ya nunca te sonará igual.

insectos varios

¿Qué interés tiene incluir los insectos en la dieta?

 

Pues estamos hablando de varias ventajas que van mucho más allá de diversificar nuestra dieta o subir fotos hípsters a Instagram.

Si tengo que elegir una única razón escojo la sostenibilidad.

Parece evidente que los métodos de producción de proteínas de origen animal (vacuno, porcino, ovino, aves de corral…) tienen una eficiencia limitada y un impacto medioambiental importante (y es posible que irreversible).

Y cuando hablo de eficiencia me estoy refiriendo a la cantidad de terreno, agua y alimento (en forma de pastos o pienso) que se necesita para satisfacer los requerimientos de los animales, que se traducirá finalmente en la producción de proteína.

La FAO calcula que los grillos necesitan 12 veces menos alimento que las vacas, 4 menos que las ovejas y la mitad que los cerdos o los pollos para obtener la misma cantidad de proteína.

Los insectos son más eficientes produciendo proteínas que los mamíferos o las aves, y la calidad es similar.

Y si tu pregunta se refiere a la calidad de esta proteína (ya sabes no toda la proteína es de igual calidad, porque depende de los aminoácidos que contenga y del grado en que podemos aprovecharlos), el estudio Extraction and characterization of protein fractions from five insect species encontró que el contenido en proteínas de cinco tipos de insectos (dos tipos de escarabajos, gusanos de la harina, cucharachas y grillos) era similar al de la carne “convencional” tanto en cantidad como en calidad y propiedades tecnológicas (como la capacidad para formar geles, importante en la industria alimentaria).

Incluso vieron que la composición de aminoácidos esenciales (esos que tenemos que consumir con la dieta porque nuestro organismo no puede producirlos) superaba nuestros requerimientos diarios.

Y la FAO en su documento Edible insects. Future prospects for food and feed security del año 2013 (en el que valoran muy positivamente el potencial de los insectos como alimentos) incluyó una investigación sobre 236 tipos de insectos en la que se vio que, aunque los resultados son muy variables (tanto como diferentes tipos de insectos), en general se pueden considerar una “buena fuente de energía y proteína, cumplen con las necesidades de aminoácidos, tienen altas cantidades de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados y son ricos en minerales (como el cobre, hierro, magnesio, manganeso, fósforo, selenio y zinc) y vitaminas (riboflavina, ácido pantoténico, biotina y ácido fólico en ocasiones).”

Esto explica que la FAO encuentre tres razones por las que deberíamos comer insectos:

  1. Salud: son una buena fuente de nutrientes y una alternativa a alimentos básicos como el pollo, el cerdo, el vacuno e incluso el pescado.
  2. Medioambientales: se necesita menos terreno, agua, se produce menos cantidad de amonio y emisiones de metano, son eficientes convirtiendo el alimento en proteína, se pueden alimentar de desperdicios…
  3. Económicos y sociales: pueden ser una oportunidad de desarrollo de algunas comunidades y una línea de negocio.

De hecho, ya hay varias empresas tanto en Europa como en España que viendo el potencial de estos “nuevos alimentos” se han adelantado a la regulación.

Es el caso de Insecfit, la idea impulsada por Juan Roig, presidente de Mercadona, que planea vender barritas energéticas elaboradas con harina de grillo (que, aunque anunciaban que empezarían las ventas el 1 de enero coincidiendo con la entrada en vigor del nuevo reglamento, por el momento tendrán que esperar a que los grillos estén autorizados en la lista de nuevos alimentos de la Comisión Europea).

O Mealfood, que desde 2016 cría gusanos de la harina. Al principio se empleaban en la industria química, pero a partir de la entrada en vigor del Reglamento 2017/893 se pueden emplear en determinadas condiciones para alimentación animal.

¿A qué retos nos enfrentamos?

 

Principalmente, a nuestros propios prejuicios.

Sí, es una cuestión cultural, pero la idea de comer insectos a la mayoría nos resulta bastante repulsiva.

Otra cosa es tragárnoslos si no tenemos que verlos. Es decir, en forma de ingredientes de otros alimentos (el caso de las barritas energéticas o el pan finlandés de harina de grillos).

Por otra parte, regular cada insecto comestible y autorizarlo como nuevo alimento también supone un desafío para las autoridades.

Aún así, el futuro en este campo es prometedor. Hay un importante bache que superar y mucha labor normativa y pedagógica por delante.

Así que es posible que 2018 sea solo el arranque. Pero estoy segura, con la náusea amenazándome, de que no pasará mucho tiempo hasta que pruebe mi primer grillo.

De momento, solo espero enterarme a posteriori.

(Si te interesa el tema de la comercialización de insectos puedes encontrar mucha información en la web de la Plataforma Internacional de Insectos para Alimentos y Piensos).

Ya puedes encontrar en Carrefour productos elaborados con insectos, aunque su situación no está clara.

Te lo cuento aquí

Grasas trans: identifícalas para eliminarlas de tu dieta.

Seguro que has oído hablar de ellas, pero reconocer las grasas trans en el etiquetado ya es más difícil.

La realidad es que son las grasas que sí deberían preocuparte.

Porque entre la comunidad científica ya hay consenso sobre el efecto negativo que tienen sobre nuestra salud.

Y precisamente por eso en muchos países las están eliminando del mercado.

En Europa se pueden comercializar y solo hay restricciones a su uso en los alimentos para lactantes.

Así que sí. Puede que en tu frigorífico o en la despensa tengas productos que contengan este tipo de grasas.

No todo son malas noticias.

Primero porque puedes identificarlas en el etiquetado (te cuento cómo).

Y segundo, porque solo van a estar en alimentos procesados (así que, reduciéndolos en tu dieta, reduces la posibilidad de consumir estas grasas).

Para que no se te despisten y las puedas eliminar de tu dieta te traigo dos textos en los que te lo cuento todo:

1.- Grasas trans: ¿qué va a hacer la Unión Europea?: un artículo del blog con el que podrás saber, entre otras muchas cosas, en qué alimentos aparecen, por qué son perjudiciales y cómo puedes identificarlas.

2.-Las grasas trans, un riesgo para la salud: es un texto publicado en El Mundo, en el que colaboré explicando para qué las emplea la industria alimentaria, qué países las han prohibido o qué diferencia hay entre las grasas trans naturales y las artificiales.

Ahora sí podrás desenmascararlas (y merece la pena hacerlo).

 

La Unión Europea sí ha tomado una decisión para reducir la acrilamida de los alimentos,

¿quieres saber cómo?

Pincha aquí

Avenacol: la galleta digestive que además baja tu colesterol. ¿Son todo ventajas?

Me he guardado lo mejor para el final.

En las últimas semanas te he contado qué puedes esperar de las galletas “digestive” y hemos visto qué diferencias tienen con las galletas maría “de toda la vida”.

Pero hoy llega la galleta estrella.

Porque además de ser “digestive”, se presenta con una flamante declaración de propiedad saludable: es capaz de reducir el colesterol.

¡Si es que lo tiene todo!

Si me conoces un poco ya te estarás imaginando que no. Que no es tan maravillosa.

Y que es acorde con la legislación pero, llevado a la práctica, es complicado que cumpla lo que promete.

¿Te imaginas por qué?

La digestive más completa: también baja el colesterol…o no.

 

La “galleta milagro” es la Avenacol de Cuétara.

El objetivo del artículo es saber si realmente es muy diferente de una galleta maría desde el punto de vista nutricional y si eso justifica que cueste casi tres veces más.

Pero para empezar vamos a lo verdaderamente importante y lo que en el etiquetado de esta galleta destaca sobre cualquier otra cosa: la declaración sobre el colesterol, que se debe al betaglucano de la avena.

avenacol frontal

Y la declaración es cierta.

Entonces, ¿cuáles son los matices que hacen que esta galleta no sea la bomba?

El betaglucano es un compuesto presente en la fibra de la avena y la EFSA autoriza que se indique que “El betaglucano de avena te ayuda a reducir el colesterol sanguíneo. El colesterol elevado es un riesgo en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares”.

Vamos a buscar un poco más.

Buceamos en la lista de ingredientes y encontramos que el ingrediente principal son los copos de avena (refinados) y que la fibra de la avena que contiene el betaglucano responsable del efecto sobre el colesterol se añade con el exótico nombre de Avenacol, que no es más que salvado de avena.

avenacol ingredientes

¿Por qué te digo que los copos de avena son refinados y estoy segura de que no son integrales?

Primero por algo obvio: como los productos integrales gozan de mejor fama que los refinados, si los copos fueran integrales se ocuparían de destacarlo en el etiquetado porque tendrían mejor acogida.

Los copos de avena son refinados, si fueran integrales lo destacaría en la lista de ingredientes.

En segundo lugar: muchas veces pensamos que si los ingredientes son “copos de avena” es equivalente a que son “copos de avena integrales”.

Pero si acudimos a la legislación, la Reglamentación Técnico Sanitaria para la elaboración, fabricación, circulación y comercio de cereales en copos o expandidos define los cereales en copos como “los productos alimenticios elaborados a base de granos de cereales sanos, limpios y de buena calidad, enteros, o sus partes o molidos, preparados mediante técnicas que se indican en la presente Reglamentación, artículo 7.º, aptos para ser consumidos directamente o previa cocción. Podrán contener ingredientes adicionales autorizados”.

Así que los copos de cereal pueden elaborarse tanto a base de granos enteros (que serían los integrales) como de sus partes (granos en los que se haya separado el salvado y el germen, tienes información sobre los cereales integrales en este post de Lucía Martínez).

En el caso de las harinas integrales sí deben identificarse en el etiquetado porque su norma las distingue claramente (y les da una denominación jurídica).

Pero la norma de los copos de cereales no prevé nombres distintos para los copos refinados y para los integrales. Establece que se designarán mediante el nombre del cereal o cereales básicos y de la denominación del proceso o procesos característicos de la elaboración de que se trata (por ejemplo secado, tostado o inflado, pero sin referencias a si son enteros o refinados).

Por eso, hasta donde yo sé, no es obligatorio establecer diferencias en la denominación de los copos refinados y los integrales; todos son copos.

Las galletas cumplen escrupulosamente la legislación, pero quizá no se corresponde con lo que el consumidor espera; un producto con avena integral.

“Del corazón de la avena a tu corazón”, dice el envase. Ya, pero es que el corazón de la avena (el germen y el salvado) lo arrancan y luego añaden un trocito (el salvado).

avenacol corazon avena

Además, tal como establece la legislación, la etiqueta nos dice que “un consumo regular de 3g de betaglucano de avena al día reduce los niveles de colesterol sanguíneo” y nos dice que 3 galletas contienen 1g de betaglucano.

Así que hay que comer 9 galletas para obtener el beneficio sobre el nivel de colesterol (como ya se encargó de denunciar Juan Revenga  sobre otras galletas de alegaciones similares).

avenacol Juan Revenga

O lo que es lo mismo, como cada galleta aporta 75kcal, si queremos conseguir el efecto deseado tenemos que ingerir 675kcal cada día procedentes de estas galletas.

Vamos, nada menos que el 33% de la energía diaria para una dieta de 2000kcal. El 33% de la energía diaria y la tenemos que conseguir a partir de galletas.

Para conseguir bajar el colesterol tendríamos que comer cada día 9 galletas que aportarían un tercio del total de nuestra energía diaria.

La locura.

Además, el paquete contiene 17 galletas. Así que si los compramos con el objetivo de reducir los niveles de colesterol en sangre, el ritmo de compra sería de un paquete de 2,45€ cada dos días.

Con 40g de copos de avena integral se consigue el mismo efecto reductor del colesterol que con tres galletas. Y los 40g de avena cuestan 10 céntimos frente a los 43 céntimos de las 3 galletas.

(En los dos casos el consumo para alcanzar el efecto deseado es alto: 9 galletas o 120g de copos de avena, pero es más factible lo segundo).

Desde luego si se quiere bajar los niveles de colesterol a partir del betaglucano de la avena, es mucho más lógico consumir copos de avena integral.

Pero, por si el reclamo de que ayuda a bajar el nivel de colesterol “echa para atrás” a consumidores que tengan bien sus niveles, el etiquetado también especifica que es adecuado para toda la familia, incluso para las personas que no tienen el colesterol elevado.

¡Jugada maestra!

Porque consigue diferenciarse así de los productos con esteroles y estanoles (los típicos lácteos o margarinas con nombres comerciales que terminan en -col: Danacol, Benecol, Naturcol…) que también prometen bajar el nivel de colesterol, y cuyo consumo está más restringido.

Los alimentos que contengan esteroles o estanoles están obligados por el Reglamento 1169/2011 a decir en el etiquetado y la publicidad que están indicados exclusivamente para personas que desean bajar su nivel de colesterol en sangre y que no son adecuados para embarazadas, lactantes ni niños menores de 5 años.

Al contrario que los productos con esteroles o estanoles, los alimentos con betaglucano de avena que prometen bajar el colesterol no están contraindicados para ningún consumidor: se multiplica el mercado objetivo.

Vamos, que aprovecha la idea de que si un alimento reduce el colesterol es bueno de por sí (y en nuestra mente ya nos hacemos la idea de que tiene que ser un producto saludable sí o sí), pero, por si un cliente potencial piensa que a él no le hace falta o que quizá no es un producto adecuado, ya se encargan de aclarar que sí lo es.

Lo que en marketing se conoce como “desmontar las objeciones de los clientes”.

Y ya para rematar, también indica que Los niveles altos de colesterol en sangre son uno de los múltiples factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, la alteración de uno de estos factores de riesgo puede tener o no un efecto beneficioso.

Si, tal cual. …puede tener O NO un efecto beneficioso.

avenacol beneficio

Bueno, en realidad es un alarde de integridad. Sí, como te lo cuento.

Porque al menos en esa frase no alardean de que bajando el colesterol en sangre se reduce el riesgo cardiovascular o la mortalidad. Porque es algo que no está claro (como te cuentan Julio Basulto o Aitor Sánchez).

En resumen, está comprobado que el betaglucano (o los fitoesteroles) sí baja los niveles de colesterol en sangre, pero no se sabe si esto se traduce en una reducción de mortalidad (que al final es lo que importa en términos de salud pública).

Además, si realmente hubiera necesidad de bajar el colesterol, se puede pensar que con consumir estos productos ya es suficiente y se dejan de lado las estrategias que realmente son eficaces para prevenir enfermedades cardiovasculares como hacer ejercicio físico y seguir una dieta saludable.

Y ya por no hacer sangre, no me voy a detener en un error del etiquetado. Porque indica que tiene Insaturados: 12g/100g (se refiere a ácidos grasos insaturados) cuando según el Reglamento 1169/2011 se puede mencionar voluntariamente la cantidad de ácidos grasos monoinsaturados y de ácidos grasos poliinsaturados pero no permite poner “insaturados” juntos. Un pequeño matiz.

¿Son mejores que las María Oro de Cuétara?

 

En este caso empiezo entonando el mea culpa.

Porque son dos galletas tan distintas (empezando por su ingrediente principal, que en una es la harina de trigo y en otra copos de avena) que la comparación es complicada.

Pero Cuétara no tiene otra galleta etiquetada como Digestive y creo que algunas cosas sí se pueden destacar.

Aunque lo cierto es que la palabra “digestive” no es lo que más destaca de la etiqueta.

Porque tiene algo mucho más valioso, una alegación de propiedad saludable: “Ayuda a reducir el colesterol de forma 100% natural”.

Aquí tienes el cuadro comparativo.

Puedes ver el artículo anterior en el que ya analicé tres variedades digestive. Pues la Avenacol es, con diferencia, la más cara de todas las galletas digestive que han pasado por mis manos: cuesta casi el triple que la galleta maría, a 8,17€ el kilo.

María Oro Cuétara Cuétara Digestive
Por 100g Por 100g
Ingredientes Harina de trigo 66%, Oleoequilibre 19% (aceites vegetales de girasol alto oleico y palma), azúcar, suero de leche en polvo, jarabe de glucosa y fructosa, gasificantes (carbonatos de amonio y de sodio), sal, emulgente (lecitina), aromas, agente de tratamiento de la harina (metabisulfito sódico). Copos de avena 39% (contiene trigo), harina de trigo, azúcar, aceite de girasol alto oleico (11%), Avenacol 9% (salvado de avena alto en betaglucano), oligofructosa, salvado de trigo, jarabe de glucosa y fructosa, gasificantes (carbonatos de sodio y de amonio), sal, emulgente (E-472e), aroma.
Valor energético (KJ/Kcal) 2021 kJ / 482 kcal 1865 kJ / 444 kcal
Grasas (g) 20 14
– Saturadas (g) 4,2 1,8
– Monoinsaturadas (g) 13,0
– Poliinsaturadas (g) 2,4
Hidratos de carbono (g) 68,0 66
– Azúcares (g) 21,0 19
Fibra alimentaria (g) 9
Proteínas (g) 6,4 9
Sal (g) 0,8 0,65
Precio (€/kilo) 3,11 8,17

Definitivamente no merece la pena comprar las Avenacol porque sean capaces de reducir el colesterol.

Eso ha quedado claro.

Pero el objetivo de esta serie de posts era averiguar si las galletas digestive son mejores que las galletas maría corrientes y molientes.

Para que la comparación sea más justa utilizo una galleta María Oro de Cuétara, la misma marca, y veremos si al menos la composición o los valores nutricionales de Avenacol Digestive hacen que merezca la pena el desembolso.

Para los que piensen que son galletas de avena 100% llega el primer desengaño. Sí que están fabricadas con una cantidad importante de avena (el 39%), pero también llevan harina de trigo.

avenacol copos avena

No podemos saber la cantidad exacta de harina de trigo porque no lo indica la etiqueta. Pero es razonable pensar que, puesto que es el segundo ingrediente de la lista, la proporción en el total del producto es importante.

Por cierto, también es harina refinada.

Pasamos a ver las grasas que llevan las galletas. El contenido total en grasa es mayor en las María Oro (20g) que en las Avenacol (14g).

Además, la grasa de las María Oro procede del “Oleoequilibre”.

Es un nombre comercial que suena fenomenal y parece que va a mantener nuestro estado nutricional “equilibrado”. La realidad es que es el nombre que le dan a una mezcla de aceites de girasol alto oleico y aceite de palma, como pasaba con las María Fontaneda.

En las Avenacol la única fuente de grasa es el aceite de girasol alto oleico y su perfil lipídico es mejor.

Las Avenacol tienen un perfil lipídico mejor que las María Oro pero son ricas en azúcares y la fibra procede del salvado añadido.

Y además de las harinas y las grasas, el tercer ingrediente por antonomasia en las galletas es el azúcar.

Volvemos a llevarnos una decepción.

Porque en las Avenacol es el tercer ingrediente en peso, por delante de la grasa. Y eso hace que en el total del producto tengamos 19g de azúcar por cada 100g frente a los 21g de las María Oro. Una diferencia despreciable.

No podemos comparar la cantidad de fibra porque las María Oro no ofrecen ese dato (es voluntario). Pero es cierto que las Avenacol tienen un alto contenido en fibra (9g/100g) que probablemente será mucho mayor que el de las María Oro.

Pero una vez más la fibra no procede de las harinas empleadas (que son refinadas) sino del salvado de avena y del salvado de trigo que se han añadido como ingrediente.

(Recuerda que para poder declarar un producto como “alto en fibra” el Reglamento 1924/2006 establece que debe contener 6g de fibra por cada 100g de producto, cumple de sobra).

Recapitulando…

Las Avenacol son galletas elaboradas con copos de avena refinados, harina de trigo refinada, aceite de girasol alto oleico y salvado de avena.

Exhiben una alegación de propiedad saludable (ayudar a bajar el colesterol) que claramente no pueden cumplir con un consumo normal y que sí se puede conseguir tomando simplemente copos de avena, cuatro veces más baratos.

Las grasas que contienen son más saludables que las de María Oro, pero tiene prácticamente el mismo contenido de azúcar.

Y el alto contenido en fibra se lo debe a que se añade como salvado.

¿Es suficiente para recomendarla frente a la María Oro? Desde mi punto de vista y por todo lo que te he contado, no se justifica pagar casi el triple por la Avenacol que por la María Oro.

De nuevo estamos ante un caso de alimento “menos malo” (pero no mejor).

No te engañes, estamos hablando de un alimento superfluo que debería ser de consumo ocasional, como cualquier otra galleta y la bollería.

Sirve para aplacar conciencias y consumir un producto poco saludable (en Galletas Digestive: ni son diferentes, ni mejoran tu digestión ya te conté que desde el punto de vista nutricional las galletas son bollería) con menos remordimientos.

Siguen sin ser un alimento recomendable.

Si te apetece comértelas porque están buenas y te gustan, adelante.

Pero no esperes conseguir ningún efecto positivo sobre tu salud. Eso no va a pasar.

 

¿Saldrán otras galletas digestive mejor paradas en la comparación con galletas maría?

En este artículo podrás descubrirlo.

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Hablando con Julio Basulto en Gente Despierta de RNE (escucha el podcast)

En esta tarea de divulgación sobre alimentación, nutrición y seguridad alimentaria no siempre lo tenemos fácil.

Persisten los mitos nutricionales y aunque las personas que nos dedicamos a escribir artículos trabajamos mucho para conseguir que los textos sean lo más rigurosos posible, no tenemos la fuerza ni la proyección que tienen los responsables de mandar mensajes contrarios a los nuestros.

Y sin embargo, creo que poco a poco el mensaje va calando.

Porque gracias a grandísimos profesionales y divulgadores como Julio Basulto estamos consiguiendo muchas cosas.

Junto a otros referentes (a los que menciono constantemente en mi blog) han abierto la puerta por la que nos colamos personas que, como yo, nos miramos en ellos para desarrollar nuestro propio criterio y seguir sus pasos.

La semana pasada tuve el HONOR (sí, en mayúsculas) de que Julio me invitara a su sección Gente Sana del programa Gente Despierta de RNE, presentado por mi también admirado Carles Mesa.

Y pudimos hablar se seguridad alimentaria, de etiquetado, de marketing alimentario…un auténtico lujo.

Aquí puedes escuchar el podcast del programa (y podrás acceder a él también a través de la página de “En los medios”).

julio basulto gente despierta RNE

 

Si aún no conoces a Julio Basulto (algo que, si me sigues, me parece imposible), no te lo pierdas.

Porque si sigues mi blog, el contenido de la entrevista seguro que te interesa. Pero además vas a descubrir como Julio, desde la humildad y la generosidad infinita y siempre con rigor y humor, nos educa nutricionalmente a todos.

¡¿Cómo no voy a estar feliz de haber compartido un rato de su sección?!

 

¿Pagarías casi el doble por un producto que solo se diferencia en el nombre? Es lo que pasa con las galletas digestive. Te cuento por qué.

Descúbrelo aquí

Galletas digestive vs galletas maría: ¿realmente son más saludables?

Si mezclamos «alimentos para niños», «ingrediente demonizado» y «publicidad» tenemos una receta explosiva.

Y si lo aderezamos con un bombardeo de mensajes («si tiene vitaminas es nutritivo», «el zumo sustituye a la fruta», «la leche es imprescindible para los niños»…) y una pizca de inseguridad («¿estaré alimentando bien a mi hij@?»), la reacción está garantizada.

Los padres buscarán los alimentos que cubran (o que digan que cubren) las necesidades de nutrientes de los niños.

El problema es que nos centramos solo en ingredientes o nutrientes individuales: «no tiene azúcar=saludable».

Pero los alimentos y la nutrición son más que la suma de componentes. Y  podemos dar por saludables algunos productos solo porque contienen o no contienen un ingrediente concreto.

El consumo de azúcar es un problema.

Pero si un alimento no lo contiene, no quiere decir que sea adecuado.

Aunque como estrategia promocional está bien pensado porque, ¿a qué “sin azúcares añadidos” suena muy bien?

¿Por qué nos preocupa tanto el azúcar?

Cada vez lo tenemos más claro: los azúcares libres nos preocupan y tenemos que limitar su consumo.

La OMS recomienda limitar la ingesta a un 5% del valor calórico total de la dieta tanto para adultos como para niños. Es decir, que si tienes una dieta de 2000 kilocalorías, sólo 100 kilocalorías deberían proceder de los azúcares libres. O lo que es lo mismo, como mucho 25 gramos de azúcares libres al día.

No hace falta que te diga que esos 25g no son sólo el azúcar que te echas a cucharadas en el café. Claro que ese azúcar influye, pero supone poco más del 17% de todo el que consumimos.

¿De dónde sale el resto? De los alimentos procesados, principalmente de las bebidas azucaradas (22,5%), la bollería (15,2%), los productos lácteos (12,45%) o el chocolate (11,4%).

En el caso de los niños y los adolescentes este consumo preocupa todavía más.

Porque ese aumento de peso en los niños les hará propensos a tener sobrepeso u obesidad de adultos, y como recoge la OMS, tendrán más riesgo de desarrollar otras enfermedades asociadas (diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, hipertensión arterial, artritis,…).

Y además de los problemas relacionados con el peso corporal, la postura científica más reciente de la Asociación Americana del Corazón indica que hay “una fuerte evidencia que apoya la asociación del consumo de azúcares añadidos con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular en niños a través de un incremento de ingesta energética, un incremento de la adiposidad y dislipidemia”.

También concluye que “es razonable recomendar que los niños consuman menos de 25g/día de azúcares añadidos y evitar el consumo de azúcares añadidos en niños menores de 2 años”.

Y la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria ha anunciado que en 2020 hará una recomendación científica sobre el consumo de azúcares añadidos y pretende establecer qué cantidad diaria que puede consumirse sin que se presenten efectos adversos sobre la salud.

No te cuento nada nuevo.

Y por supuesto están de actualidad las bebidas azucaradas.

Porque a raíz de la recomendación de la OMS para que se apliquen medidas fiscales sobre estos productos, en España se ha desatado un cruce de anuncios, medidas y contramedidas de la Administración, además de la preocupación de los productores de azúcar y el contraataque de la industria.

Pero, como bien hemos aprendido en los años de “recesión” económica, una crisis no es una crisis, es una oportunidad(modo irónico on).

Si el azúcar (ya sea como sacarosa o como jarabe de maíz de alta fructosa, glucosa, maltosa, dextrosa o la contenida en miel, zumos, jarabes, siropes…) tiene mala fama y los consumidores estamos preocupados (y cada vez más “adiestrados” para encontrarla en el etiquetado), quitamos el azúcar de un producto y este se convierte automáticamente en saludable, ¿no?.

Ya sabes la respuesta. NO.

¿Qué dice la legislación sobre los alimentos destinados a niños?

Pues lo primero que debes saber es que no hay una legislación específica para los alimentos destinados a niños mayores de 3 años.

Ni tampoco hay ninguna descripción de estos alimentos.

Sí que hay normativa en relación con los alimentos destinados a lactantes (niños menores de 12 meses) y niños de corta edad (de entre uno y tres años).

El Real Decreto 867/2008, el Reglamento 609/2013 y el Reglamento Delegado 2016/127 establecen normas sobre el etiquetado y la composición de alimentos para lactantes y preparados de continuación.

Regula aspectos muy concreto sobre la composición de estos productos y prohíbe que se hagan alegaciones de propiedades saludables.

En cuanto a los alimentos para niños de corta edad, el Real Decreto 490/1998 sigue vigente y establece normas de composición de estos alimentos y el Reglamento 609/2013 prevé que se desarrolle nueva normativa para regular la composición y la información que deben incluir en el etiquetado o la publicidad.

(En esta página de AECOSAN tienes toda la información)

Pero los alimentos que no sean específicos de estos grupos de edad (de 0 a 3 años) no son una categoría especial de alimentos y se regulan igual que todos los demás, aunque estén claramente dirigidos a niños.

Entonces, ¿estos alimentos no deben cumplir ninguna norma especial?

Está claro que los niños son consumidores con unas características especiales.

Están en una fase de desarrollo vital, un déficit de nutrientes puede tener repercusiones a largo plazo y es el momento en el que pueden adquirir hábitos de vida saludables.

Y también son los consumidores más influenciables.

Sus elecciones alimentarias no se basan en el perfil nutricional de los alimentos y muchas veces ni siquiera en sus gustos personales por un producto u otro, sino en la información que les llegue a través de la publicidad.

La Ley 17/2011 de seguridad alimentaria y nutrición establece una serie de normas sobre la publicidad dirigida a menores de 15 años.

En ella, se declaran los centros escolares como espacios libres de publicidad y se prevé que las autoridades establezcan acuerdos de autorregulación con la industria y los medios de comunicación para regular la publicidad de estos alimentos y prevenir la obesidad.

Desde 2005 está vigente en España el código PAOS (se renovó y amplió en 2012), por el que la industria alimentaria y los medios de comunicación se comprometen a respetar unas normas en la publicidad de los alimentos destinados a menores de 12 años en los medios audiovisuales e impresos, y a menores de hasta 15 años en internet.

(Si te interesa la publicidad de los alimentos destinados a niños te recomiendo este post de Miguel A. Lurueña, completísimo y lleno de ejemplos de cómo se vulnera el código una y otra vez).

¿Ha servido para algo? Pues como puedes leer en el post de Gominolas de Petróleo o en este artículo, el resultado no es positivo.

Sin azúcar añadido no equivale a nutritivo ni a saludable.

Con todo lo que te he contado, parece que una bebida sin azúcar añadido que además está destinada a niños no puede tener inconvenientes.

Las tiene.

Hay más ejemplos, pero hoy le ha tocado a Bifrutas Kids de Pascual.

Para empezar, te dejo que veas los anuncios.

Este está dirigido a los padres.

bifrutas-anuncio1

Y este otro dirigido a los niños:

bifrutas-anuncio2

El problema está en los valores nutricionales del alimento. Pero también en la forma de promocionarlo y el público al que se dirige.

En realidad no es un producto nuevo, sino que Pascual ha cambiado el nombre de las bebidas que ya tenía: al formato Bifrutas de 200ml le ha puesto el “Kids” e incluye imágenes de los dibujos “La Patrulla Canina” en los envases para dirigirlo específicamente a niños.

En la nota de prensa del lanzamiento, hace sólo unos meses, se presenta como un producto “nutritivo y divertido, ideal para la merienda” y se “adapta a la perfección a los gustos y necesidades de los niños como snack sano, gracias a la mezcla de zumo y leche y al aporte de vitaminas. Además, las variedades Zero son sin grasas ni azúcares añadidos.”

Bien. Un producto con leche y zumo y que además tiene una versión sin grasas ni azúcares. Efectivamente parece que es saludable y nutritivo (hasta que leemos la letra pequeña, es decir, la etiqueta).

Y además con los dibujos que les encantan a los niños porque, según la nota de prensa, “la Patrulla Canina, además de ser un referente entre los más pequeños, encarna valores que para nosotros son muy importantes, como la amistad, el compromiso y la generosidad. Esto hace de esta unión la alianza perfecta”.

Con el código PAOS hemos topado.

Porque indica literalmente que “la publicidad de alimentos o bebidas dirigida a menores de hasta 12 años en ningún caso explotará la especial confianza de estos niños, en sus padres, en profesores, o en otras personas, tales como profesionales de programas infantiles, o personajes (reales o ficticios) de películas o series de ficción” y “la publicidad de los productos alimenticios licenciados se regirá por estas mismas normas. A estos efectos, se entiende por productos alimenticios licenciados aquéllos que incorporan en su denominación comercial el nombre de personajes reales o de ficción que aparezcan en películas, series o espacios infantiles”. Exacto, la Patrulla Canina corresponde a esta descripción.

Y el código concreta que “En la publicidad de alimentos o bebidas dirigida a menores de hasta 12 años no participarán ni aparecerán personajes especialmente próximos a este público, tales como, por ejemplo, presentadores de programas infantiles, personajes –reales o ficticios– de películas o series de ficción, u otros” y que ”se podrán mostrar imágenes que reproduzcan escenas de un determinado programa infantil, película o serie si esta guarda relación directa con alguna promoción que se esté llevando a cabo” pero que “durante la reproducción de tales escenas no se podrá realizar alusión alguna, directa o indirecta, al producto promocionado ni podrá aparecer éste en pantalla.”

El código PAOS prohíbe expresamente que se utilicen personajes de ficción en la publicidad de alimentos dirigidos a niñ@s para evitar influirles y explotar su confianza.

¿Se incumple el código PAOS? Estrictamente puede que no. Pero que los dibujos de la Patrulla Canina influyen en la elección de los niños (y  por lo tanto, va en contra del espíritu de este código) es innegable.

Pero esto atañe sólo a la publicidad y es un código de autorregulación que, aunque prevé sanciones, no tienen demasiados efectos (como te cuenta Miguel A. Lurueña).

¿Qué pasa con los valores nutricionales del producto?

Pues que todavía hay más pegas.

Es una mezcla de zumo y leche pero no caigas en el error de atribuirle las cualidades que tengas asociadas a estos dos alimentos, porque la cantidad de estos es mínima.

(Y esa es otra, que tenemos relacionado el zumo a alimento saludable equivalente a la fruta. No lo es. La última que se ha pronunciado es la Asociación Americana de Pediatría, que indica que no es adecuado para niños menores de 1 año. También nutricionistas como Julio Basulto llevan años intentando sacarnos del error.)

Pero volviendo a Bifrutas Kids, quizá si te digo que pertenece a la categoría de bebidas refrescantes es suficiente para que cambies de idea.

Se clasifica como bebida refrescante mixta porque está formada por una bebida refrescante (el agua, el zumo de frutas…) y otros alimentos (la leche).

No es zumo y no es leche.

Bifrutas Kids no es zumo ni es leche. Es un refresco.

Vamos a profundizar un poco más.

En la página de Bifrutas, puedes ver que hay 4 versiones de Bifrutas Kids.

Una versión “normal”, el Kids tropical. Y 3 versiones Zero: tropical, fresa y plátano y mediterráneo, con 0% materia grasa y sin azúcares añadidos.

Sin azúcares y sin nutrientes. Casi.

Mira los ingredientes y valores nutricionales por 100ml de la versión normal, el Kids Tropical:

Ingredientes: agua, leche desnatada (10%), zumo de frutas 7% (piña y mango a partir de concentrado), azúcar, estabilizante (pectina), aroma, acidulante (ácido cítrico), vitaminas A, C y E, edulcorante (sucralosa) y colorante (E-160 a i).

Y sus valores nutricionales:

Información Nutricional Cantidad
Valor energético 91 kJ Fibra alimentaria 0,5 g
21 Kcal Proteínas 0,3 g
Grasas 0 g Sal 0,03 g
De las cuales saturadas 0 g Vitamina A 120 µg
Hidratos de carbono 4,8 g Vitamina E 1,8 mg
De los cuales azúcares 4,8 g Vitamina C 12 mg

Y estos son los ingredientes y valores nutricionales por cada 100ml del Kids Tropical en su versión Zero:

Ingredientes: agua, leche desnatada (10%), zumo de frutas 7% (piña y mango a partir de concentrado), polidextrosa, estabilizante (pectina), acidulante (ácido cítrico), vitaminas C, E y A, aroma, edulcorante (sucralosa) y colorante (E-160 a i).

Y valores nutricionales:

Información Nutricional Cantidad
Valor energético 42 kJ Fibra alimentaria 0,8 g
10 kcal Proteínas 0,3 g
Grasas 0 g Sal 0,03 g
De las cuales saturadas 0 g Vitamina A 120 µg
Hidratos de carbono 1,8 g Vitamina E 1,8 mg
De los cuales azúcares 1,8 g Vitamina C 12 mg

¿Puedes descubrir las diferencias? Sí, la composición es exactamente igual a excepción de que el normal contiene azúcar y la versión Zero no.

Era previsible.

Pero lo que llama más la atención es el primer ingrediente que contiene. Porque dado que se promociona como “un snack sano gracias a la mezcla de zumo y leche“ podríamos pensar que estos van a ser sus ingredientes mayoritarios.

Pero no.

Contiene un 10% de leche desnatada y un 7% de zumo procedente de concentrado. El 83% restante es básicamente agua.

Y en el caso de la versión normal, agua y azúcar.

Por eso, el único macronutriente destacable en la versión normal es el azúcar, con 4,8g, que supone 19kcal de las 21kcal que aportan 100ml de bebida.

Para ser justa, no todo el azúcar (los 4,8g) es azúcar añadido. Más o menos 1 gramo proviene de la lactosa de la leche y de los azúcares libres del zumo.

El resto sí. El resto es azúcar añadido.

Un niño que se beba un solo envase de 200ml ya habrá consumido casi el 40% de la cantidad máxima para todo el día establecida por la OMS en 25g.

Un envase de 200ml contiene el 40% de la cantidad máxima diaria de azúcar recomendada por la OMS

Las proteínas, que proceden de ese 10% de leche, contribuyen con 1,2kcal.

¿Y no aporta fibra? Sí, 1,6 gramo por cada envase. Más o menos un 5% de lo que se considera una ingesta diaria adecuada (entre los 9 y los 13 años es de 31g para niños y de 26g para niñas).

Tampoco su contenido en fibra lo transforma en un alimento adecuado.

En cuanto a las vitaminas, vemos que tenemos vitaminas A, E y C. Y nos pasa lo mismo que con el azúcar. Que la mayor parte no proceden la leche o el zumo (sería difícil con el porcentaje tan bajo que estos ingredientes suponen).

Las vitaminas de Bifrutas Kids se han añadido, la mayoría no proceden del zumo ni de la leche.

Las vitaminas se añaden como ingredientes. Y su cantidad no es casual.

Todas las vitaminas cubren exactamente el 15% de los valores de referencia de nutrientes (VRN) que indica el Reglamento 1169/2011.

¿Por qué es importante que contengan exactamente un 15% de los VRN?

Tiene que ver con la posibilidad de hacer alegaciones nutricionales y decir, por ejemplo, que el alimento contiene vitaminas.

El Reglamento 1924/2006 establece que solo se puede indicar que un alimento es “fuente de vitaminas” si contiene al menos una cantidad significativa.

Cada vitamina tiene un valor de referencia de nutrientes, una cantidad recomendada para consumir a diario (por ejemplo, 12mg de vitamina E).

La «cantidad significativa» de cada vitamina y mineral es el 15% de los valores de referencia de nutrientes (VRN) los alimentos en general y el 7,5% de los VRN para las bebidas.

(Se establecía en la Directiva 496/1990, pero ya está derogada y ahora se regula por el Reglamento 1169/2011)

Como estas bebidas contienen el doble de vitaminas de lo exigido, podría incluso indicar “Alto contenido en Vitaminas A, E y C” y no solo “contiene”.

¿Por qué, puestos a hacer alegaciones nutricionales, no indica “alto contenido en vitaminas pudiendo hacerlo legalmente? Es un misterio.

[Quizá se arrastra de antes de 2014 (fecha en la que entró en vigor el Reglamento 1169) cuando estaba en vigor la Directiva y exigía un 15% para todos los alimentos, sin distinguir bebidas.

¿Veremos en las próximas campañas que el Bifrutas Kids tiene “Alto contenido en Vitaminas A, E y C?.]

Pero vamos a ver cómo influye en la dieta de su público objetivo, los niños.

Porque los requerimientos no son los mismos que los de los adultos. Por ejemplo, para un niño de 9 años, 120μg de vitamina A, 1,8mg de vitamina E y 12mg de vitamina C cubren el 26% de las IDR (ingestas dietéticas de referencia establecidas por la FESNAD).

No está mal.

Pero son tres vitaminas no deficitarias en la población española, que se pueden obtener perfectamente en una dieta equilibrada, con frutas, verduras, pescado, aceite de oliva…Sin necesidad de alimentos enriquecidos.

Si en la versión normal los únicos nutrientes que vas a encontrar en cantidades relevantes son las vitaminas y el azúcar (precisamente el nutriente del que la versión Zero presume de carecer), el caso de la versión Zero es todavía más llamativo.

Porque también se incluye en esta publicidad como un alimento nutritivo, ideal para la merienda de los niños…y los únicos nutrientes que aporta son las mismas vitaminas que en el caso anterior y una cantidad mínima de azúcares (1,8g) que proceden de la leche y del zumo (no son azúcares añadidos) y que se traduce en que el valor energético no llega a las 10kcal.

Recapitulando…

  • Es un producto dirigido específicamente a niños.
  • Que se publicita como saludable y nutritivo.
  • Y que los únicos nutrientes que aporta son:
    • azúcar en su versión normal (con todo lo que hemos visto sobre las recomendaciones para reducirlo)
    • vitaminas añadidas (y no deficitarias en la población española) en su versión normal y zero.

Volviendo al vídeo de la campaña, no es casualidad que se incluya este fotograma en el que los nutrientes caen cual cascada llenando el vaso.

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Y todos esos nutrientes (que en dos segundos de vídeo no te da tiempo a identificar pero que parecen montones) son las vitaminas con las que se ha enriquecido la bebida.

Para rematar, un detalle curioso. Si te fijas en la letra pequeña puedes leer que “la vitamina C ayuda a disminuir el cansancio y la fatiga”. Una alegación de propiedades saludables que no tiene mucho sentido porque no se repite en el etiquetado ni se menciona claramente en el anuncio.

Vamos, que no se le da demasiado bombo y parece que está ahí por si acaso alguien se para a leerla.

Hay una cosa muy clara: el mensaje de alimento sano no va dirigido a los niños (aunque sean ellos los que lo van a consumir).

Va dirigido a los padres, que son los encargados de tomar la decisión sobre los alimentos que compran y que dan a los niños.

Y, por si te lo estás preguntando, la legislación no prevé que un alimento tenga que cumplir con determinadas condiciones para decir que es “nutritivo” o “saludable”.

Pero el Reglamento 1169/2011 sí dice que la información alimentaria que se dé al consumidor (incluida la que aparezca en la publicidad) no debe inducir a error. ¿Inducen estos anuncios a error? Depende de lo que cada persona considere que es nutritivo y sano.

Entonces la pregunta sería, ¿de verdad esto es lo que los adultos, como responsables de la alimentación de los niños, entendemos por alimento nutritivo y saludable?

Para mí la respuesta está clara: No. Esta bebida no es lo que yo entiendo por alimento saludable.

Así que…

Es un trabajo extra. Andamos a carreras. Nos lo queremos quitar de en medio cuanto antes…

Pero hacer la compra con tiempo para leer el etiquetado con ojos críticos es la única manera de hacer elecciones informadas y adecuadas.

¿Quieres un producto saludable para los niños? No te quedes con el mensaje del anuncio ni con las menciones destacadas en el envase. Lee la letra pequeña.

Toda la información que necesitas está en la etiqueta…pero es la que menos destaca.

Y no olvides que los alimentos verdaderamente saludables (para los niños y para ti) no llevan etiqueta. ¿O has visto alguna vez una coliflor con alegaciones nutricionales?

 

¿Quieres ver cómo se utilizan las propiedades saludables en la publicidad de otros alimentos?

Este artículo te va a encantar.

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