¿Cómo preparar y conservar las setas para que duren más tiempo?
Si no las vamos a cocinar en el momento, podemos conservar las setas en el frigorífico durante dos o tres días, siempre que se encuentren bien envasadas.
Antes de cocinarlas, siempre hay que lavarlas: aunque resta parte del sabor y el aroma, es imprescindible porque la cocción a veces es muy breve y podría suponer un riesgo de intoxicación alimentaria al no ser suficiente para destruir los microorganismos y posibles parásitos. Para higienizarlas de modo correcto, debemos cortar el pie, eliminar restos visibles de tierra con un cepillo y lavarlas bajo el grifo inmediatamente antes de cocinar, con un hilo de agua fría. Se deben secar con papel o un paño limpio.
Para alargar su vida útil podemos:
congelarlas cocinadas. Durarán de dos a tres meses.
congelarlas sin cocinar, además de higienizarlas, es recomendable blanquearlas antes para mantener su calidad. El blanqueamiento consiste en sumergirlas durante un minuto en agua hirviendo (también puede hacerse en una vaporera de dos a cuatro minutos), y sumergirlas a continuación en agua fría. De esta forma durarán hasta seis meses. Las setas crudas congeladas se pueden cocinar directamente sin descongelación previa.
Que si es una fruta que tiene mucho azúcar, que si incrementa el riesgo de sobrepeso, que si estriñe… Hay mil mitos sobre el plátano y son solo eso: mitos.
Porque la realidad es que es una fruta más, con su fibra genial, sus micronutrientes (sí, es una buena fuente de potasio… pero ni es la única, ni es la mejor) y sus azúcares intrínsecos, esos que, como ya sabes, no suponen ningún problema para la salud siempre que te comas la fruta entera (el plátano, o cualquier otra).
Si es que es una fruta perfecta: se pela fenomenal, se mastica bien, le gusta a casi todo el mundo porque está muy dulce… Bueno, esto último depende de la variedad que estemos comiendo, que a veces hablamos de «plátano» y nos referimos a «bananas» (y no son lo mismo).
Échale un ojo porque, además, te damos trucos para que te dure más cuando lo compras (¿a ti también te maduran todos a la vez?, pues te ayudamos a controlarlo) y te contamos los usos culinarios que tiene según su variedad.
Y recuerda que estas y muchas más cosas prácticas sobre alimentación e higiene las encontrarás en mi libro, «Come Seguro Comiendo de Todo».
En el mes de julio Alberto Garzón, Ministro de Consumo, lanzó un mensaje mil veces repetido por las entidades científicas: debemos reducir nuestro consumo de carne.
No es una recomendación nueva ni original pero es disruptiva porque, por primera vez en nuestro país, salía de la boca de un político miembro del Gobierno.
La reacción exacerbada no se hizo esperar y, ante una petición tan coherente con la evidencia científica, la burbuja mediática se llenó de voces irritadas aludiendo a la injerencia del Ministro en nuestras vidas privadas: «¡hasta el chuletón me quieren quitar!»
Twitter se empachó de fotografías de barbacoas, solomillos y parrilladas de chorizo que, en muchos casos, consiguieron el efecto contrario al buscado: producían más pena que hambre.
No puede acabar el día sin recordar que #YoComoCarne, porque forma parte de la dieta mediterránea, su consumo es saludable y hay que apoyar al sector cárnico y ganadero. pic.twitter.com/S6qaEbgbro
Otro fenómeno que, como el mensaje de Garzón, tampoco fue original es que mientras que muchas mujeres reaccionaron diciendo «Vale, voy a ver si puedo reducir un poco mi consumo de carne», las opiniones más belicosas al respecto procedían de hombres. Incluida la del Presidente del Gobierno.
Pero insisto: originalidad = 0. Porque académicamente se ha estudiado con detalle cómo el consumo de carne es uno de los elementos diferenciales de la masculinidad hegemónica.
¿No lo reconoces? ¿No has sido objeto de comentarios jocosos cuando sales a cenar porque tú, mujer, pides las «verduritas, que tienes que cuidarte» mientras que los hombres de la mesa presumen de embutirse un chuletón de 1 kilo sin pestañear? ¿Crees que es casual?
No lo es. Y tenemos que ponerlo encima de la mesa porque es un condicionante más de nuestras elecciones alimentarias que, en este caso, va en detrimento de la salud individual y colectiva.
Por eso he escrito un artículo en El Comidista sobre carne y masculinidad dando datos concretos y citando numerosos artículos científicos en los que se prueba la relación entre la ingesta de carne y los estereotipos de género.
Haz CLIC para leer el artículo
Si tienes dudas sobre que esto pueda ser verdad solo tienes que hacer una comprobación empírica: lee los comentarios del artículo. Por no hablar de los tweets brutales que no solo tuve que soportar yo, también Mikel Iturriaga como cabeza visible de El Comidista que, en su caso, se referían a su orientación sexual.
¿Por qué los señoros se ponen como fieras con las recomendaciones de comer menos carne y braman contra las albóndigas vegetarianas? En esta maravilla de artículo @beatrizcalidad explica la relación entre masculinidad y chuletón a la luz de la ciencia. https://t.co/WDWIf2ttbq
Nunca había sufrido tan abiertamente el machismo y nunca he comprobado de forma tan inmediata y concreta la hipótesis de un artículo.
Y, por si todavía tienes dudas: sí, debemos reducir el consumo de carne, egoístamente por nosotros mismos y por sostenibilidad. Si además quieres añadir el factor de la ética y el bienestar animal, es una cuestión más personal.
Pero ten claro que, a pesar de los tópicos, rebajar el consumo de carne es una decisión valiente (ya te he expuesto como está el panorama) que, desde luego, no te va a hacer menos hombre.
«Las setas tóxicas se distinguen por los colores», «si tienen insectos es porque son comestibles»… ¿has oído alguno de estos mitos?
Pues son justamente eso: mitos… y muy peligrosos. Porque las intoxicaciones por consumo de setas pueden ser mortales, así que no estamos para fiarnos de trucos populares. El mejor consejo que te puedo dar para identificar setas es: si no eres un experto, no las cojas.
Pero, superado este punto y sabiendo que a partir de ahora solo vas a comer setas 100 % fiables, tengo que decirte que es una opción alimentaria excepcional: contienen fibra, minerales, proteínas… en un alimento que está a mitad de camino entre el reino vegetal y el reino animal.
Por cierto, que quizá te han dicho que no debes lavar las setas porque pierden sabor. Bueno, pues en parte es verdad (algunos compuestos que aportan aromas pueden reducirse) pero sí que debes lavarlas por una cuestión de higiene y seguridad. Tranquilo, que en el programa te contamos cómo limpiar setas con todo cuidado.
Y recuerda que estas y muchas más cosas prácticas sobre alimentación e higiene las encontrarás en mi libro, «Come Seguro Comiendo de Todo».
En la Unión Europea no hay una norma que defina la composición y características del hummus, pero sí lo incluye dentro de los alimentos vegetales para untar. El Códex Alimentarius de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) sí que lo define como un “preparado solo a base de garbanzos secos, lavados, hervidos y hechos puré, al que se le pueden añadir otros ingredientes como especias o limón”. Por lo tanto, la palabra “hummus” de este envase hace alusión a un producto que no contiene, ya que no se corresponde con lo que las normas consideran como tal, ni con el producto que los consumidores conocen de forma popular.
¿Qué es realmente este producto?
Para saber con qué tipo de snack nos encontramos hay que mirar encima de la lista de ingredientes, en donde aparece la denominación legal de venta: producto de aperitivo horneado con sabor a albahaca y perejil. Esto nos indica que está elaborado con una masa de harina, agua y otros ingredientes que se moldean con formas características (en este caso, palitos) y se hornean.
La carne ha estado siempre asociada a la fuerza masculina, y las recomendaciones de consumirla en menor cantidad generan más rechazo entre los hombres. ¿De dónde viene esta asociación entre machos y filetes?