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Autor: Beatriz Robles

Natural como la vida misma

Es posible que estos últimos días hayas oído hablar de la solicitud que la OCU ha hecho al Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente para que regule el uso de términos como “natural”, “casero”, “tradicional” y “artesano”.

Porque aunque puede parecer que hablan sobre las características de los productos, estas  alegaciones (y otras muchas que ahora te contaré) no describen el producto.

Y aún más importante. No lo diferencian de otros similares (salvo en la percepción que los consumidores tenemos de ellos…y consecuentemente en las ventas).

Si no, que levante la mano quien no haya pensado alguna vez que un producto “natural” es más…no sé, “mejor en general”.

Yo tampoco la levanto.

Llenando el mercado

Si pruebas a buscar en un supermercado cualquiera cuatro productos que indiquen que son “naturales”, “tradicionales”, “rústicos”, “artesanos” o cualquier mención similar, te aseguro que no te llevará más de dos minutos.

Porque las estanterías están plagados de ellos.

Es una forma de darle valor a un producto y diferenciarlo de la competencia. Hacer que destaque de algún modo sin que tenga que tener ninguna cualidad especial.

Porque no te están vendiendo nada extraordinario. Nada.

Como todas esas menciones no se recogen (ni se prohíben) en ninguna legislación europea ni española (con los matices que te cuento más adelante), se pueden incluir en la etiqueta y en la publicidad de los productos sin tener que estar respaldadas por nada.

Ni por la composición del alimento o su modo de fabricación.

«Natural», «artesano», «casero», «rústico»… se pueden usar libremente porque no están regulados ni prohibidos por la legislación.

Así que piensa en sinónimos de estas alegaciones. Cualquiera que te guste. “Clásico”, “original”, “puro”…También pueden estamparse en la etiqueta. Significan lo mismo que las anteriores.

Nada.

Pero los consumidores tenemos ideas formadas alrededor de determinados términos e inconscientemente los asociamos al producto, atribuyéndole características que van mucho más allá de lo que el fabricante nos está diciendo.

Este tipo de alegaciones significan ni más ni menos que lo que el consumidor quiera pensar.

Para muestra clarísima la palabra “natural”.

Es la reina de las declaraciones. La más deseada (aunque parece que en los últimos años está perdiendo popularidad y los consumidores buscan productos con otras declaraciones como “sin gluten”, “libre de…” u orgánico, que sí están reguladas).

Porque de forma instintiva nos evoca un paraíso rural, una vuelta a los alimentos “de verdad”. A las hortalizas recogidas de la huerta, a los huevos recién puestos y la leche ordeñada en casa.

Y es algo a lo que aspiramos sin saber muy bien por qué. Quizá se debe a la quimiofobia imperante: el miedo a que cualquier producto químico pueda tener efectos negativos sobre nuestra salud.

(Sobre la quimiofobia  hay muchos artículos esclarecedores. Por ejemplo esteeste otro, realmente clarificadores sobre cómo ha funcionado la locura del círculo industria-quimiofobia-industria-productos naturales, ambos de José Manuel López Nicolás, este en el que Mauricio José Schwarz se hace eco de un proyecto para diseccionar la química de alimentos tan naturales como un plátano o este de Aitor Sánchez sobre cómo oscilamos de la quimiofobia a la naturfobia).

O puede que la culpa la tenga la nostalgia de un tiempo pasado o de un tipo de vida más sostenible. Pero entonces el problema es más profundo y comer productos “naturales” no nos lo va a solucionar.

Ojo, cuando hablo de productos “naturales” estoy refiriéndome todo el tiempo a los que están etiquetados como tales en el supermercado. No hablo de las lechugas que compras en la plaza de abastos o  de consumir alimentos de proximidad

Estampar la palabra «natural» en una etiqueta cambia la percepción que el consumidor tiene del producto.

En algunos casos, precisamente por esa asociación entre natural y sostenible, algunos consumidores lo confunden con un alimento ecológico, que sí está regulado en la Unión Europea por el Reglamento 834/2007 y debe cumplir unas normas para ponerse en el mercado (independientemente de que el producto ecológico sea realmente más sostenible o no, ese es otro debate).

Cuando la realidad es que se dan situaciones tan aparentemente paradójicas como que en EEUU una asociación que representa los intereses de una parte importante de la industria alimentaria se plantease pedir autorización a la FDA para etiquetar los productos genéticamente modificados (los transgénicos) como “naturales” puesto que “no hay diferencia entre los alimentos obtenidos por biotecnología y sus homólogos tradicionales”. En esta línea puedes leer un artículo de Juan Revenga que, como siempre, da en el clavo (e incluye un video irónico que no te puedes perder).

¿Qué dice la legislación?

La norma que regula toda la información que se le da al consumidor es el Reglamento 1169/2011. Y en su artículo 7 sobre prácticas informativas leales dice que “La información alimentaria no inducirá al error en particular sobre las características del alimento y, en particular, sobre la naturaleza, identidad, cualidades, composición…; al atribuir al alimento efectos o propiedades que no posee; c) al insinuar que el alimento posee características especiales, cuando, en realidad, todos los alimentos similares poseen esas mismas características…()”.

Entonces el quid de la cuestión es, ¿esas menciones (casero, tradicional, puro,…) pueden inducir a error?.

Pues por el momento las autoridades de la Unión Europea parece que no lo entienden así, porque su uso no se ha prohibido ni sancionado (y es un asunto que se repite en todos los países de la Unión).

En ocasiones muy concretas esos términos sí se utilizan para describir características de un producto:

1-. Natural:

El Reglamento 1924/2006 que trata de las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos.

Las declaraciones nutricionales que son las que dan a entender que un alimento posee propiedades nutricionales beneficiosas porque contiene un nutriente (como las vitaminas) o precisamente porque no lo contiene (como las grasas saturadas).

El Reglamento dice que cuando un alimento reúna de forma natural las condiciones establecidas para el uso de una declaración nutricional (por ejemplo “rico en fibra” o “alto contenido en vitamina D”), podrá utilizarse el término «naturalmente/natural» antepuesto a la declaración.

Pero se refiere solo a utilizar el término “natural” respecto  a esas características nutricionales.

Sobre utilizar “natural” en otras ocasiones ni mu.

En algunos productos “natural” describe alguna característica que efectivamente los distingue de otros productos parecidos y está regulado en las normas de calidad (por ejemplo el café natural que es distinto del café torrefacto).

Concretamente, se puede utilizar en:

  1. Yogur: el Real Decreto 271/2014 dice que el “yogur natural” es el producto de leche coagulada obtenido por fermentación láctica mediante la acción de Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus a partir de leche o de leche concentrada.
  2. Café: según el Real Decreto 1676/2012 el café de tueste natural es el obtenido al someter el café verde o crudo en grano a la acción del calor, de forma que adquiera el color, aroma y otras cualidades características.
  3. Conservas: por ejemplo las de atún que según el Reglamento 1536/92, en las de productos vegetales según la Orden de 21 de noviembre de 1984 o en las de moluscos según la Orden de 15 de octubre de 1985.
  4. Agua: las aguas minerales naturales que se regulan por el Real Decreto 1798/2010.

Y por último también se regula el uso en los aromas (Reglamento 1334/2008), que tienen que cumplir una serie de condiciones para poder alegar que son “naturales”.

2-. Y sobre artesano o tradicional.

Sí se pueden encontrar en el mercado productos que realmente responden a unas características especiales y que se procesan utilizando determinados ingredientes o siguiendo métodos tradicionales.

Pero no tiene nada que ver con los que ponen simplemente “artesano” o “tradicional” en la etiqueta (más abajo verás un montón de ejemplos).

Son los que están certificados con un sello de Especialidad Tradicional Garantizada (regulado a nivel europeo por el Reglamento 1151/2012) o de Alimentos Artesanales (regulado por las Comunidades Autónomas, aquí tienes como ejemplos la regulación de Castilla y León y la de Aragón).

Pero son productos que están regulados y que responden ante un organismo que los controla, como pueden ser las Entidades de Certificación o las Consejerías Autonómicas.

Y se distinguen perfectamente porque llevan un sello oficial como estos:

natural sellos

Productos “artesanos” como este están muy lejos de usar «técnicas tradicionales ligadas a la cultura gastronómica de una región».

natural artesano

En EEUU tampoco pueden presumir de una normativa clara. En 2016 la FDA lanzó una pregunta pública para conocer la opinión de los consumidores y la industria sobre si debía regular el término “natural” y, en ese caso, cómo hacerlo.

Tras haberse cerrado la consulta, lo que la FDA dice a día de hoy sobre la alegación “natural” en los productos alimentarios es que “desde el punto de vista de la ciencia de los alimentos es difícil definir un producto alimentaria que sea “natural” porque el alimento probablemente ha sido procesado y ya no es el producto “de la tierra”. Dicho esto, la FDA no ha desarrollado una definición para usa el término natural o sus derivados. Sin embargo, la agencia no tiene objeciones a que se use el término si el alimento no contiene colorantes añadidos, aromas artificiales o sustancias sintéticas”.

En conclusión: no hay regulación en EEUU aunque la FDA acota la definición “natural” un poco más que la Unión Europea porque entiende que si se indica, el producto no puede llevar determinados aditivos o ingredientes.

Sumergiéndonos en el supermercado

Ahora viene la parte divertida: ver algunos ejemplos que nos podemos encontrar (y ya te digo que sin hacer una búsqueda exhaustiva).

1-. Productos naturales:

Recolectados directamente del árbol del pan de molde.

natural 100x100

Obtenidos de la cosecha de cocido y caldo.

natural cocido y caldo

Y mi preferida, la limonada natural que sólo con darle la vuelta encontramos los siguientes ingredientes: agua, zumo de limón (15%), azúcar, antioxidante: ácido ascórbico, aromas, colorante: beta caroteno y edulcorante: sucralosa.

De acuerdo que el término natural no está regulado y puede ser lo que cada uno quiera que sea. Pero esta es la prueba de que realmente es un término elástico en el que cabe cualquier cosa.

Lo que equivale a que ya no significa nada.

natural zumo de limon

2-. Alimentos caseros: hechos por tiernas abuelas que le ponen todo el cariño.

Este combina natural + casero.

natural caldo

Y aquí Pedro Piqueras supervisa que las zanahorias estén recién recogidas del huerto para no desvirtuar el caldo.

natural zanahorias

De las natillas caseras en polvo de toda la vida.

natural natillas

Y del mismo sitio, el bizcocho.

natural bizcocho

Mayonesa hecha por tu madre.

natural mayonesa

4-. Algunos productos «rústicos».

natural pan rustico

5-. Y en el apartado de los alimentos artesanos, unas ricas croquetas congeladas con doble mérito porque son  artesanas y de cocido casero.

natural croquetas

6-. Productos tradicionales:

natural tradicional

7-. Como emblema de los alimentos puros otro caso genial: chocolate puro. Que cualquiera diría que contiene exclusivamente cacao y manteca de cacao.

Y que, puesto que el término “puro” no está regulado en el RD 1055/2003, lo que contiene en realidad es: azúcar, pasta de cacao, manteca de cacao, emulgente: lecitina de soja, aroma.

En ese orden.

Es decir, que el primer ingrediente es el azúcar.

natural cocholate

8-. Mención aparte merecen los alimentos integrales o con menciones similares.

Porque, como te cuenta Luis Jiménez, no hay ninguna manera de identificar los alimentos integrales «de verdad» (y la mayoría de los que están en el súper se elaboran con harina refinada y se les añade salvado para incrementar la cantidad de fibra).

¿Qué característica podría esperarse de un alimento que dice que tiene “grano completo”? Yo pensaría que está elaborado con harina integral.

Pues como tampoco es un término regulado sino puramente comercial lo que encontramos es la siguiente lista de ingredientes: harina integral de trigo, agua, levadura, harina de trigo, semillas de girasol….

Sí, contiene harina integral de trigo. Pero no toda la harina es integral ni podemos saber el porcentaje de una u otra.

natural pan pipas ingredientes

Y lo mismo ocurre con términos como “multicereales”. Que resulta que entre sus ingredientes descubrimos que directamente no tienen harina integral sino refinada (eso sí, con salvado de trigo añadido).

natural pan multicereales etiqueta

La clave de todo

Se da la paradoja de que ahora podrías pensar que los alimentos que hacen este tipo de menciones son ultraprocesados por el mero hecho de que presumen de no serlo.

Y no tiene por qué ser así. Llevar estas alegaciones no lo convierte automáticamente en alimentos poco saludables.

Pero el propio abuso de estos términos hace sospechar al consumidor sobre las características de ese producto y sobre las de otros productos similares que no indiquen nada (al no indicar que son 100% naturales, ¿estarán llenos de aditivos?, o ¿Hacen gala de ser naturales y ocultan ingredientes añadidos que no espero?).

Y al final el consumidor tiene

mucha información pero muy poca es realmente útil para que pueda elegir.

El verdadero problema es que simplemente leyendo el etiquetado los consumidores no tenemos forma de saber si una alegación está regulada o no.

Y por lo tanto podemos pensar que si un producto indica que es “natural” o “casero” está cumpliendo una serie de condiciones.

Porque, ¿cómo podemos saber por la etiqueta que si es “alto en fibra” la norma exige que contenga al menos 6g de fibra por cada 100g pero que si pone “integral” no tiene que cumplir ninguna regulación?

Siendo expertos en legislación alimentaria, claro. Pero no es el caso de la mayoría de consumidores.

En definitiva…

Como siempre, la letra pequeña del contrato (y la etiqueta es precisamente eso, el contrato entre el fabricante y el consumidor) es la que nos va a dar los detalles.

En el caso de los alimentos, la letra pequeña es el etiquetado de ingredientes y el etiquetado nutricional.

Es ahí donde están las verdaderas características de los productos. No aparecen en el frontal del envase, no estarán destacadas de ninguna manera y entenderlas requiere un poco de entrenamiento.

Pero de momento (a la espera de una normativa más restrictiva con estos términos) es la mejor herramienta para saber lo que compras (y poder elegir).

¿Has visto algún otro término llamativo en el etiquetado de algún producto? ¿Te sorprende que estas menciones no estén reguladas?

¿Por qué han desaparecido los probióticos?

¿Qué ha pasado con los probióticos? ¿Por qué ya no inundan nuestras vidas con promesas de una digestión mejor, de un colon más saludable y de una vida más feliz?

Seguro que recuerdas que no hace muchos años no había alimento que no los incluyera ni anuncio que no destacase sus propiedades.

Y de repente, de la noche a la mañana desaparecieron y sólo queda de ellos su memoria (que a muchas empresas les ha servido para seguir vendiendo sus productos aludiendo con expresiones ambiguas al recuerdo que tenemos de esos alimentos como saludables).

¿Fueron una moda pasajera (como otros «superalimentos»)? ¿O ha pasado algo que los haya exterminado de las campañas de publicidad?

En este caso ha sido lo segundo. Ha pasado algo. Ahora verás el qué.

¿Qué son los probióticos?

La definición más aceptada es la de la FAO, que se refiere a ellos como microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades apropiadas, confieren al huésped un beneficio para la salud.

Como sabes, nuestro sistema digestivo está poblado de una cantidad ingente de microorganismos. La mayoría de ellas están alojadas en el colon.

Estas bacterias se “instalan” en nuestro organismo a partir del nacimiento (en el útero el ambiente es aséptico) e intervienen en procesos de digestión y aprovechamiento de nutrientes.

Se considera que el “padre” de los probióticos es Eli Metchnikoff, que estudió la longevidad de los habitantes de una zona de Bulgaria y la relacionó con el consumo diario de yogur (y de un microorganismo, Lactobacillus bulgaricus).

Así que teorizó que podía mejorarse la salud y retrasar el envejecimiento manipulando los microorganismos intestinales e incrementando la proporción de esas bacterias saludables que se encontraban en el yogur.

Hay 3 condiciones para que un microorganismo se considere probiótico: que esté vivo, que sobreviva a la digestión y que prolifere en el intestino.

Pero para que un microorganismo incorporado a un alimento tenga efectos probióticos tiene que estar vivo, sobrevivir al paso por el sistema digestivo (aguantar las condiciones ácidas del estómago, la acción de las enzimas digestivas y de la bilis…) y ser capaz de multiplicarse en el intestino.

Y no todos los microorganismos pueden sobrevivir al procesado del alimento, a la cadena de frío (y a la rotura de la cadena) y a la propia digestión.

Cumplir todas estas condiciones ya empieza a poner las cosas difíciles.

¿Qué alimentos contienen probióticos?

Los alimentos fermentados.

El alimento rey entre los probióticos es el yogur, seguido por otras leches fermentadas (como el kéfir o los productos con bifidobacterias o lactobacilos).

Y también hay microorganismos con estas características en otros alimentos que se obtienen por fermentación como los quesos o el chucrut (col fermentada).

probioticos queso

¿Cómo influye la flora intestinal sobre nuestra salud?

Estos microorganimos probióticos y sus efectos llevan estudiándose en profundidad unos 30 años pero todavía hay muchas dudas sobre sus mecanismos de actuación y cómo nos afectan.

Para empezar habría que tener claro cómo influye nuestra flora intestinal en las funciones de nuestro cuerpo.

La flora intestinal actúa en los procesos metabólicos: utiliza algunos carbohidratos y produce compuestos como el butirato, propionato o acetato que proporcionan energía y tienen otras funciones como evitar la acumulación de metabolitos tóxicos (es el caso del butirato).

También están implicados en el metabolismo de las proteínas y en la síntesis de vitaminas como la K y algunos componentes de la vitamina B.

Y pueden producir sustancias como el ácido láctico y activar la producción local de anticuerpos para proteger frente a microorganismos patógenos que pueden alcanzar el intestino.

En los últimos 10 años se está estudiando la relación de la microbiota intestinal con la obesidad. Es una patología que depende de numerosos factores (muchos de ellos desconocidos) y la respuesta a los problemas de peso no va a encontrarse exclusivamente cambiando la flora intestinal.

Pero dicho esto, los estudios hasta el momento sí apuntan a que las bacterias que colonizan el intestino de las personas que sufren obesidad son distintas de las de las personas delgadas (como puedes ver aquí, aquí o aquí).

Estudios con animales sugieren que estos microorganismos afectan a la absorción de nutrientes y a la regulación energética del organismo y los cambios en los microorganismos que colonizan nuestro intestino podrían actuar como detonantes de la inflamación en la obesidad (que se relaciona con el desarrollo de diabetes tipo 2 y riesgo cardiovascular).

Aunque la investigación en este campo está en una fase muy temprana, sí abre una vía para poder tratar el problema de la obesidad en un futuro cercano.

¿Cómo pueden ayudarte los probióticos?

Una vez que hemos visto (muy por encima) lo importantes que son nuestras bacterias intestinales, la pregunta es ¿podemos actuar sobre ellas para mejorar nuestra salud?.

Entonces si algunos tipos de bacterias tienen funciones positivas sobre nuestro organismo, es lógico pensar que nuestra salud mejorará si conseguimos que nuestro intestino tenga más cantidad de esas bacterias beneficiosas.

La mayor parte de los estudios sobre los probióticos se centran en sus efectos sobre la salud intestinal.

Seguro que alguna vez has tenido que tomar antibióticos y el médico te ha dicho que durante el tratamiento comas “muchos yogures” para compensar el efecto de barrido que estos medicamentos tienen sobre la flora intestinal.

Efectivamente las investigaciones parecen demostrar que consumir probióticos durante el tratamiento con antibióticos reduce la diarrea que puede aparecer como efecto secundario.

Pero no sirven para todos los pacientes: son eficaces en adultos pero no en ancianos ni en niños. Es más, en niños que tengan el sistema inmune debilitado pueden tener efectos adversos serios.

También se ha investigado si los probióticos pueden ayudar durante el tratamiento para eliminar Helicobacter pylori.

H. pylori es una bacteria que se encuentra en la mitad de la población mundial y que está relacionada con numerosos trastornos gastrointestinales (como úlceras, dispepsia y cáncer gástrico). Y para eliminarla se utiliza una combinación de tres antibióticos que puede producir efectos adversos.

La mayoría de los estudios concluyen que el uso de probióticos junto con los antibióticos pueden mejorar la tasa de erradicación de H. pylori (otras investigaciones desmienten este efecto) y reducen los efectos secundarios del tratamiento (aquí, aquí y aquí tienes más estudios en el mismo sentido).

probioticos helicobacter

Helicobacter pylori

También parecen tener efectos positivos sobre una población tan específica como los bebés prematuros. Especialmente para prevenir la necrosis enterocolitica (una afección típica de neonatos prematuros que se caracteriza por la muerte de la pared intestinal) o la septicemia tardía.

Y los estudios muestran que los probióticos pueden ser beneficiosos en el tratamiento de los síntomas del síndrome de intestino irritable (una patología muy frecuente que cursa con diarrea, estreñimiento, malestar intestinal, gases).

Pero el término probiótico engloba una gran cantidad de microorganismos. Y no todos los probióticos tienen los mismos efectos ni serán igual de eficaces en toda la población (dependerá de la edad, sexo, estado fisiológico…).

La Organización Mundial de Gastroenterología ha publicado una guía en la que se especifica qué acción tiene cada microorganismo concreto.

Para la población sana se pueden utilizar de forma segura, pero hay que tener en cuenta que no siempre son inocuos: pueden causar problemas muy serios en algunas personas (pacientes recién operados, personas inmunodeprimidas, pacientes con cáncer, niños enfermos…).

¿Cómo están legislados en la UE?

Con todo lo visto hasta ahora te preguntarás por qué los alimentos con probióticos ya no se anuncian a todas horas como pasaba hace unos años.

La respuesta es muy simple.

Porque no pueden.

Con la entrada en vigor del Reglamento 1924/2006 sobre propiedades nutricionales y saludables y el Reglamento 432/2012 que autoriza una lista de menciones de propiedades saludables, los alimentos probióticos no pueden ninguna propiedad saludable indicar en el etiquetado ni en la publicidad.

Como ya te he contado otras veces, para que un alimento pueda indicar que tiene una propiedad saludable (es decir, que hay una relación entre el alimento y la salud), tiene que solicitarlo. Y la Comisión Europea decide si se acepta o no basándose en el informe científico que haga la EFSA sobre esa solicitud.

En el momento que se aprobó el Reglamento 1924/2006, hubo más de 300 solicitudes de propiedades saludables asociadas a los probióticos (y se alegaban más de 60 beneficios distintos).

En Europa no se puede indicar que un alimento es probiótico ni que tenga por ello ninguna propiedad saludable

Ninguna de todas esas solicitudes ha conseguido el visto bueno.

El rechazo de la EFSA se ha debido a distintos motivos: los microorganismos no estaban bien identificados, o las alegaciones no estaban bien definidas (o no suponían un beneficio para la salud), o faltaba investigar los efectos en humanos o los estudios no eran suficientemente fiables.

probióticos Comisión

El caso es que en este momento en Europa no se puede atribuir ninguna propiedad saludable a los alimentos que contengan probióticos.

Es más. Ni siquiera puede decirse que un alimento es probiótico.

Porque la EFSA considera que el propio término probiótico, por sí mismo, es ya una alegación de propiedades saludables porque los consumidores lo asociamos a beneficios para la salud.

Esto no quiere decir que los probióticos no sean eficaces o que todos los estudios que les atribuyen efectos positivos estén mal ejecutados.

Pero las solicitudes no han cumplido con los requisitos de la EFSA. Puede haber beneficios para la salud pero se han argumentado mal.

¿No se puede usar en ningún país de la Unión Europea?

No.

Pero un país de la UE sí alega propiedades saludables a los productos que contienen probióticos.

Italia.

Por los datos que he encontrado, en Italia se puede indicar “promueve el equilibrio de la flora intestinal”. Al menos así era en 2013 (si tienes información más actualizada, por favor dímelo para que actualice el post).

Y lo consiguieron a través de una argucia terminológica.

Según argumentó el Ministerio de Sanidad italiano, lo que dice la opinión científica de la EFSA es  que “incrementar el número de cualquier estirpe bacteriana no se considera en sí mismo un beneficio. El Panel considera que no se ha facilitado evidencia de que incrementar la cantidad de microflora beneficiosa sea así mismo beneficioso para la salud humana. El Panel considera que “mantener el equilibrio”/”afectar positivamente a la flora intestinal” en el contexto de reducir los potenciales patógenos puede ser beneficioso para la salud”.

Y acogiéndose a este párrafo, para el Gobierno italiano la colonización intestinal por probióticos sin que haya una reducción en los microorganismos patógenos no es una propiedad saludable.

Así que la indicación de “promueve el equilibrio de la flora intestinal” sin decir en ningún momento que pueda reducir los patógenos no puede considerarse una alegación de propiedades saludables: queda fuera de esta regulación y la utilizan.

Consecuencias para la industria

Lógicamente esto fue un auténtico revés para la industria.

Desde diciembre de 2012 estas menciones no pueden ir en el etiquetado.

Algunas empresas como Danone han encontrado la manera de seguir asociando sus productos a propiedades beneficiosas, pero esas propiedades no se deben a los microorganismos que contienen (y que eran los abanderados de su marca) sino a micronutrientes como los cloruros, que pueden encontrarse en numerosísimos productos.

En Suiza sí se ha aprobado una alegación de propiedades saludables para las leches fermentadas de Danone, pero está restringido al mercado suizo al estar fuera de la Unión Europea.

En cualquier caso, podría ser una vía para que la EFSA acepte en el futuro alguna de estas declaraciones.

(Pero por el momento las únicas noticias al respecto han sido las del Día de los Inocentes).

En resumen…

Aunque numerosos estudios apuntan a que los microorganismos probióticos tienen propiedades beneficiosas para la salud, en Europa no está permitido hacer ninguna mención al respecto.

Y por supuesto, tomar alimentos con probióticos no va a equilibrar una dieta poco saludable (no vale compensar los excesos tomándose un yogur, ningún alimento tiene ese efecto milagroso).

Pero son alimentos que sí pueden formar parte de una dieta equilibrada.

¿Te habías dado cuenta de que los probióticos habían desaparecido de la publicidad? ¿Consumes habitualmente alimentos fermentados? Cuéntame en los comentarios.

anuncio entrada probioticos

Activia, ¿ayuda a tu digestión y te hace sentirte bien?

Si te digo que una leche fermentada que a todas luces parece un yogur (aquí puedes ver por qué no son lo mismo) “ayuda a tu digestión”, ¿a qué crees que debe estas virtudes?

A los microorganismos que contiene. Concretamente a los bífidus.

¿Tajantemente verdad?

Pues otra vez la respuesta es otra. Y de nuevo tu memoria te está jugando una mala pasada.

Porque esos beneficios que Danone está anunciando a todas horas con la imagen de Maribel Verdú y el reclamo “Únete al desafío” tienen poco que ver (nada) con las virtudes de sus bacterias.

¿No te lo crees? Mira, mira.

Desmontando el anuncio de Activia

A ver, porque esto parece “De los creadores de los cereales que te van a cambiar la vida llega el yogur que te hará sentirte bien”.

Y no me lo estoy inventando o exagerando. La campaña se promociona en las redes sociales con la etiqueta #SentirseBien.

En qué consiste.

Pues de nuevo tenemos una mujer conocida prestando su imagen para hablar de los beneficios que tiene una leche fermentada sobre su digestión.

La idea de la campaña es que al empezar el año todos tenemos desafíos a los que enfrentarnos.

No está escogido al azar el término. Desafío. Un reto, un objetivo que alcanzar. Motivación a tope.

Incluye una serie de videos con “gente muy normal” hablando de cuáles son sus propósitos (todos relacionados con un estilo de vida saludable) y todo muy de andar por casa, que conecte con los consumidores que verán el anuncio.

A partir de aquí ya aparece Maribel Verdú hablándonos de su desafío que es “hacer algo que me ayude a sentirme bien por dentro”, con la cámara enfocando a si barriga.

¿Quedan pocas dudas de a qué se refiere verdad?

Luego animan a participar en el desafío subiendo un vídeo a las redes sociales en el que cuentes  con un Activia en la mano cómo te sientes después de comer Activia (supongo que si estás deprimido no encaja con lo que están buscando) y puedes ganar 14.000€ (si te parece una oportunidad fantástica llegas tarde, acaba de terminar la promoción).

Como todas las campañas, la han movido en las redes sociales tirando de más caras conocidas como Nuria Roca, Vanessa Lorenzo, Judit Mascó, Marta Hazas o David Bustamante que, en imágenes aparentemente naturales, con fotos o videos sacados con apariencia de haber sido hechos por ellos mismos (ejem) en plan selfie, están felicísimos por haber aceptado el desafío.

Y se retan unos a otros a seguirlo.

Todo como muy espontáneo. Una fiesta vaya.

activia famosos

Y hasta aquí podrías decir que no es nada que no se haya hecho ya con este tipo de anuncios que prometen de una manera velada (la mano en la tripa) que nuestra salud intestinal va a mejorar gracias a que nos comemos su producto.

Porque desde hace años, aunque los anuncios no lo digan, tenemos asociado el consumo de productos fermentados con bífidobacterias con una mejora del tránsito intestinal (José Coronado mediante).

Es lo que tiene la buena publicidad, que el mensaje se queda en nuestra memoria y da igual que desde la entrada en vigor del Reglamento 1924/2006 (y con su consecución en la publicación de la lista de propiedades saludables con el Reglamento 432/2012) no se puedan hacer alegaciones sobre los microorganismos de las leches fermentadas porque la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no les reconoce ninguna propiedad.

Y por lo tanto no está autorizado el uso de estas alegaciones.

La EFSA no reconoce ninguna propiedad a los microorganismos de los yogures y no está autorizado el uso de estas alegaciones.

El mensaje quedó ahí y parece inmutable.

José Manuel López Nicolás habla de ello en su blog y de cómo el mensaje “Barrigas felices” (que claro, no es una alegación de propiedades saludables) nos remite de nuevo a nuestro tránsito intestinal (si, es un truquillo).

Pero esta vez hay una diferencia. Importante.

Porque en esta campaña sí se habla directamente de que “Activia ayuda a mi digestión”.

Y esta sí es una alegación de propiedad saludable y por lo tanto tiene que cumplir con el Reglamento 1924/2006 y el Reglamento 432/2012.

¿Cómo lo hacen?

Pues si te fijas en el anuncio y en la página web, verás que en algún sitio pone “Activia contiene cloruros presentes de forma natural, que provienen de las sales minerales, y que contribuyen a una digestión normal mediante la producción de ácido clorhídrico en el estómago.”

activia captura

Fuente https://desafio.activia.es/

Y resulta que los cloruros sí que tienen reconocida esta alegación de propiedades saludables “contribuyen a una digestión normal mediante la producción de ácido clorhídrico en el estómago”  y por lo tanto se puede usar en el etiquetado y la publicidad de este producto.

De este producto y  de todos los que contengan cloruros, siempre que cumplan con una cantidad mínima.

Las condiciones que el Reglamento 432/2012 establece para poder hacer esta declaración de propiedades saludables es que se utilice en  ”alimentos que son, como mínimo, fuente de cloruro de acuerdo con la declaración FUENTE DE [NOMBRE DE LAS VITAMINAS] Y/O [NOMBRE DE LOS MINERALES] que figura en el anexo del Reglamento (CE) no 1924/2006”.

Y que “no podrá utilizarse esta declaración si el cloruro procede del cloruro sódico” (o sea, de la sal).

Puede ser considerado una fuente de cloruro, según el Reglamento 1924/2006, si el producto contiene como mínimo una cantidad significativa tal como se define en el Anexo de la Directiva 90/496/CEE.

La Directiva 90/496 está derogada por el Reglamento 1169/2011, que es el que se aplicaría y que nos indica que la cantidad significativa es “el 15 % de los valores de referencia de nutrientes especificados en el punto 1 (para el cloro el valor de referencia es 800mg), suministrado por 100 g o 100 ml, en el caso de los productos distintos de las bebidas”  o “15% de los valores de referencia de nutrientes especificados en el punto 1 por porción, si el envase solo contiene una porción”.

Hacemos las cuentas y el 15% de 800mg es 120mg.

Una cantidad de cloruros que según la opinión científica de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (en la que se basa la Comisión Europea para admitir la alegación) es “fácil de consumir como parte de una dieta equilibrada”.

En España, las Ingestas Dietéticas de Referencia de cloro están entre 2000mg y 2300mg al día, que obtenemos de alimentos como el queso, los cereales y hasta del agua.

¿Y sabes cuánto cloruro tiene un envase de Activia?

Lo has adivinado: 120mg.

No voy a ser mala.

En realidad, 120mg en unos envases que comercializa con 120g de producto (una cantidad no muy convencional, se suelen vender en formatos de 125g) y 125mg en los envases de 125g.

O lo que es lo mismo: 100mg de cloruro por cada 100g de producto.

Que, en envases de 120mg cumple milimétricamente con el requisito de contener el 15% de los valores de referencia de nutrientes especificados en el punto 1 (800mg) por porción, si el envase solo contiene una porción.

Ni un miligramo más (ni uno menos, seamos justos) de lo que exige la normativa para poder hacer la alegación de propiedades saludables.

En los envases de 125g incluso “sobran” 5mg para poder declarar que contribuyen a una digestión normal mediante la producción de ácido clorhídrico en el estómago.

Así que no, que sea una leche fermentada o que contenga su famoso Bifidus actiregularis no te va a ayudar a tu regularidad intestinal ni va a hacer más ligeras y felices tus digestiones.

Contiene cloruro.

Eso es todo.

No todo vale

Y volvemos a las estrategias de marketing y cómo van dirigidas a un público muy concreto. En este caso, de nuevo a las mujeres.

Es verdad que en su origen fue José Coronado el que cogió el toro por los cuernos y se “atrevió” a prestar su imagen a un producto que directamente prometía mejorar tu número de visitas al baño.

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Pero no nos engañemos.

No creo que sea cosa mía que, guiada por mi susceptibilidad, piense que hay una especie de complot universal para poner a las mujeres como diana de estos anuncios.

Ya sabes, los de las digestiones ligeras, y los cereales que alimentan mi fuerza.

Porque si fuera así, la página web de Activia no estaría plagada de imágenes de mujeres, principalmente en el trabajo, ni su campaña InSync hablaría exclusivamente a mujeres (usando adjetivos siempre femeninos) ni contaría las “historias de estas mujeres con talento para averiguar cómo aprovecharon su gran potencial para lograr sus objetivos personales”.

Otra muestra: “Cuando estás conectada con tu fuerza interior, viviendo InSync, es cuando puedes alcanzar todo tu potencial. Se trata de ser la mejor versión posible de una misma.” (sic)

Que esa es otra.

¿Una leche fermentada que “te sincroniza”? ¿Con qué?

En realidad se refiere a ese sentimiento de estar completamente en equilibrio, de tener la mente y el cuerpo en armonía, de estar viviendo en el momento… Ese maravilloso estado mental en el que te puede poner…una leche fermentada.

¿En serio?

Pues sí, y aderezado con historias de mujeres valientes, emprendedoras a las que no se les puso nada por delante y consiguieron metas que parecían imposibles…

Y que lo son para la mayoría de l@s mortales (de bailar en una favela a una compañía de danza de Nueva York, de profesora de educación física en un instituto a dar la vuelta al mundo navegando en solitario).

Eso sí, acompañadas de otras historias más cotidianas (para que nos podamos identificar mejor y no nos sintamos diminutas al lado de mujeres extraordinarias).

Con mujeres igualmente luchadoras, optimistas, comprometidas con su trabajo, con pequeños logros diarios y el lema “El talento empieza en el interior”. No sé si por interior se refieren a la salud intestinal (dado que seguimos en la página web de un alimento que presume de beneficiar el sistema digestivo) o es algo más filosófico.

Y tenemos otra vez la imagen de la mujer que puede con todo, que tiene una vida llena de actividades que le entusiasman (porque pone mucha pasión en todo, todo, todo), que siente que su talento es reconocido y además es una grandísima y comprometida profesional enamorada de su trabajo, porque trabaja en  lo que verdaderamente le gusta (me encantaría saber cuántas mujeres se identifican con esto).

Pero a la que su propia vocación sólo le da 10 minutos al día para comer, con el consecuente malestar digestivo posterior…que arregla tomándose un Activia.

Es un tipo de publicidad dirigida a mujeres que insiste en destacar nuestros talentos y mostrarnos  cómo un producto alimentario nos ayuda a llegar todavía más lejos.

Vaya, que a toda esta imagen le quitas la parte de que puedes con todo (muchos días ya no puedes ni con tu alma y encima te sientes culpable por ello), de que todas tus actividades diarias te entusiasman (¿qué porcentaje de tu día dedicas a algo que realmente te llena?) y de que a diario eres admirada por tu talento (como si alguien fuese consciente de verdad de que simplemente hacerte cargo de todo lo que haces es un mérito increíble)…y tienes un retrato de tu vida.

Pero no es sorprendente y no es nada nuevo.

Es una estrategia que Danone (y otras muchas marcas) utilizan en todo el mundo.

En EEUU, Jamie Lee Curtis fue su imagen en anuncios similares (aquí puedes ver el anuncio original “ligeramente” modificado), en los que se alega que gracias “a sus exclusivos probióticos Bifidus actiregularis, Activia ayuda a regular tu sistema digestivo en dos semanas”.

activia jamie lee

Y por supuesto se incluyen testimonios de mujeres corrientes que ven cómo su vida mejora gracias a Activia, mientras Jaime Lee nos dice “Get ready for a new you” (prepárate para una nueva “Tú”).

La campaña fue objeto de muchas parodias que intentan poner en evidencia el mensaje que se lanza: una mujer que pese a estar envejeciendo está orgullosa de sí misma y se siente a gusto con su cuerpo, es más ella que nunca…porque come un producto con bífidus.

Que lo sé. Que el marketing sirve para que aspiremos a algo, para mostrarnos cómo podría ser la vida con ese producto que no tenemos. No soy una ingenua y lo entiendo.

Pero a veces convierte la vida de las mujeres en una caricatura y nos estereotipa (¿nos pasamos el día intentando ser “más nosotras mismas”?).

Y lo peor, lo hace como si estuviera apoyándonos.

¿De verdad que este mensaje tiene éxito? Y como supongo que sí, porque se repite una y otra vez, entonces la pregunta es otra:

¿Por qué este mensaje tiene éxito?

¿Todo es negativo?

No.

Dejando a un lado la publicidad de estos productos,  desde el punto de vista nutricional una leche fermentada como esta, o como los yogures “tradicionales” (fermentados con Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus) puede ser un alimento saludable.

Pero cuidado.

Porque se puede caer en el error de pensar que no pasa nada si sigues una dieta poco saludable porque luego lo compensas con este tipo de productos.

O inconscientemente podrías equiparar  leche fermentada con salud, y no son sinónimos.

Su perfil nutricional dependerá también de qué ingredientes tenga (para muestra, esta imagen del valioso proyecto de Antonio R. Estrada).

Por eso la semana que viene entraré en profundidad en las propiedades reales, contrastadas y con evidencia científica, de los probióticos. (Hace años estas leches fermentadas se consideraban probióticos, también veremos por qué ya no).

En resumen…

Ya lo he dicho más veces pero…sé escéptico.

Recibe la publicidad de los productos alimentarios con una mirada crítica.

Sé consciente del poder de elección que tienes simplemente por el hecho de ser un consumidor.

Lee las etiquetas (contienen información muy valiosa) y compara productos similares (a veces tienen contenidos similares de nutrientes pero unos hacen alegaciones de propiedades y otros son más discretos…y más baratos).

Y  recuerda que los más saludables (los alimentos frescos, los del mercado) no tienen una etiqueta que resalte sus propiedades con letras enormes, sellos llamativos y gráficos de diseño.

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Los beneficios que te promete la dieta sin gluten (y no va a cumplir)

¿Los productos sin gluten pueden envenenarte?

A juzgar por algunos titulares recientes parece que seguir una dieta con productos sin gluten puede tener consecuencias fatales para la salud.

Y parece una locura. Justo lo que te faltaba para confundirte más.

Porque, ¿no era el gluten el ingrediente tóxico por antonomasia?

Lo único que parece claro es que, junto con la leche, el gluten es el protagonista de debates intensos a favor y en contra.

Pero en este caso sí hay una posición clara, basada en la evidencia científica.

¿Es dañino o es un ingrediente saludable o, al menos, indiferente?

La importancia de disponer de alimentos sin gluten

Según datos de FACE, aproximadamente el 1% de la población europea es celiaca y hasta un 75% de los pacientes está sin diagnosticar.

Y sólo hablamos de enfermedad celiaca, no incluye otras patologías como la alergia al trigo o la sensibilidad al gluten no celiaca (sobre la que todavía hay dudas en cuanto al diagnóstico y tratamiento).

La sensación de que cada vez hay más casos de personas celiacas es más que una percepción subjetiva.

Es muy real.

La incidencia se ha quintuplicado en los últimos 25 años (entre otras cosas, por la mejora de los sistemas de diagnóstico y por el propio conocimiento de la enfermedad que hace que, ante una sospecha, se acuda al médico –y lo pueda diagnosticar).

Los diagnósticos de celiaquía se han multiplicado, pero no quiere decir que el gluten sea tóxico para la población general.

Pero estos datos no quieren decir ni que el gluten (o los cereales que lo contienen) sean perjudiciales para la salud per se, ni que una dieta libre de gluten tenga ningún beneficio en personas sanas (a pesar de lo que mucha gente piensa).

Pero si tanta gente sana se pasa a la dieta sin gluten tendrá un motivo, ¿verdad?

Por el momento, el único motivo que puede haber para que una persona sin ningún problema de intolerancia deje de tomar gluten se basa en una decisión personal…sin evidencia científica.

Y es que, por mucho que nos consideremos dueños de las decisiones dietéticas que tomamos, muchas veces están influenciadas por toda la información que recibimos.

Es normal.

Si  te ves bombardead@ por noticias, post y titulares que hablan de los perjuicios del gluten, es casi imposible que, al menos, no te genere la duda… ¿a ver si una dieta sin gluten puede ser mejor para mi salud?.

Y si además figuras públicas que admiramos de todos los ámbitos (fundamentalmente del deporte o el cine) y que tienen credibilidad (clave para que nos impacte todavía más), hablan de las maravillas que ha hecho en su cuerpo prescindir de los productos con gluten, nuestra opinión se decanta definitivamente.

Porque estamos hablando de personas como deportistas para los que su estado físico es la clave de sus éxitos y condiciona su carrera.

Así que si ellos, que cuentan con los mejores dietistas, médicos, entrenadores…han mejorado su rendimiento después de dejar el gluten (parece que hablo de dejar las drogas), tiene que haber una base sólida detrás.

Si personas populares (que cuentan con grandes equipos médicos) detrás defienden esta dieta, lo lógico es pensar que pueden tener razón.

Es muy conocido el caso de Novan Djokovic  que sin ser celíaco (o al menos sin estar diagnosticado) ha escrito un libro sobre su dieta sin gluten y la defiende como una de las claves de su rendimiento físico.

dieta sin gluten Novak Djokovic

No solo eso, sino que consiguió que hace unos años la prensa internacional atribuyera su remontada deportiva (después de una etapa más floja) a que había abandonado el gluten. Bueno, más concretamente, la prensa habla de las pizzas (que eran la base de su alimentación desde niño porque sus padres tenían una pizzería) y los dulces.

Incluso a Rafa Nadal llegaron a preguntarle si estaba interesado en la dieta sin gluten (ante los beneficios que le suponía a su rival).

Pero no parece que a Nadal le hayan impresionado demasiado los supuestos resultados de la dieta («Ahora parece que el régimen libre de gluten es grandioso. Dentro de tres o cuatro años encontraremos otra cosa que será grandiosa también y la libre de gluten ya no funcionará. En lo personal, no la hago y estoy feliz con una dieta normal”).

Y seguramente Nadal también está rodeado de grandes profesionales de la alimentación, ¿no?.

¿No hay ningún beneficio en una dieta sin gluten?

Lo primero es dejar claro que este artículo está enfocado a los efectos de una dieta sin gluten en una persona sin intolerancia.

Por supuesto que para un celíaco no es que la dieta sin gluten tenga beneficios, sino que es la única manera de evitar los efectos adversos que le produce el gluten (y que pueden ser graves, desde fallos de crecimiento a neuropatías).

Así que volviendo a la pregunta. ¿Puede ser positivo seguir una dieta sin gluten?

No.

Ni desde el punto de vista sanitario (no va a mejorar tu salud), ni desde el social (seguir una dieta REALMENTE libre de gluten es muy complicado, no siempre se tiene un acceso fácil a estos alimentos, dificulta las comidas fuera de casa y la verdad, mirar si cada alimento tiene algún ingrediente con gluten puede ser tedioso y desesperante) ni desde el económico (porque aunque los precios estén bajando, una cesta de la compra con estos productos para una persona llega a costar hasta 100 euros más…a la semana).

Y es más.

Es que según los estudios científicos no es solo que la dieta sin gluten no vaya a tener efectos beneficiosos, sino que incluso puede ser negativa.

¿Has oído que la dieta sin gluten ayuda a adelgazar?

Es evidente que en toda dieta de moda que se precie uno de los beneficios destacados tiene que ser que ayude a la pérdida de peso.

Una sociedad en la que el sobrepeso y la obesidad son problemas de salud pública de primer orden (el 39,3% de la población española tiene sobrepeso y el 21,6% obesidad según los datos de la Sociedad Española de Cardiología) a la vez que la preocupación por la imagen corporal llega a límites obsesivos (empujada por la presión social y alimentada por la continua exposición de nuestra imagen en las redes sociales), es el medio de cultivo perfecto para que la promesa de adelgazar triunfe.

Pero no.

No vas a adelgazar por seguir una dieta sin gluten.

dieta sin gluten dieta

Hay varios estudios sobre el efecto que tiene esta dieta en el índice de masa corporal y una interpretación errónea de los resultados puede haber sido el origen de esta creencia.

Sí que parece que hay un cambio en el peso corporal en los pacientes celiacos cuando se les diagnostica y empiezan a seguir una dieta libre de gluten.

Pero el cambio de peso va en los dos sentidos (se gana y se pierde peso).

En pacientes celiacos que empiezan una dieta sin gluten se ha podido observar una pérdida de peso en las personas que eran obesas y ganancia de peso en las que estaban por debajo del peso normal (como en este estudio y en este otro).

Y ambos son efectos positivos.

Sin embargo, algunas investigaciones dan resultados peores.

Porque la ganancia de peso se produce también en pacientes celiacos que tenían un peso normal o con sobrepeso. E incluso un porcentaje importante de personas que antes de la dieta sin gluten tenían bajo peso o un peso normal pasaron a tener sobrepeso.

La dieta sin gluten no te ayudará a perder peso

Es importante destacar que estos estudios están hechos en pacientes celiacos, no en personas sanas.

No se ha investigado el efecto que puede tener la dieta sin gluten en personas sin patologías.

Pero quizá lo que resuma mejor los resultados de las investigaciones es la posición de la Academy of Nutrition and Dietetics de EEUU que dice que “no hay evidencia científica que respalde que una dieta sin gluten favorezca la pérdida de peso”.

Así que, si por una parte no hay estudios sobre pérdida de peso en personas sanas.

Y por otra, los estudios que hay en personas celíacas no  afirman en absoluto que pueda adelgazarse siguiendo esta dieta (sino que puede incluso ganarse peso)… ¿tiene algún sentido seguir esta dieta para adelgazar?

Pero la dieta sin gluten aumenta el rendimiento de los deportistas…

Djokovic ha sido uno de los embajadores de la dieta sin gluten, pero esta supuesta alegación beneficiosa tiene muchos adeptos entre los deportistas y entrenadores (hasta un 41% de los atletas que no son celiacos siguen una dieta sin gluten)

¿De qué manera la dieta sin gluten afectaría al rendimiento?

Pues reduciendo la fatiga, mejorando molestias intestinales o incluso mejorando la concentración y el rendimiento intelectual.

Sus defensores aseguran que la dieta sin gluten mejora el rendimiento deportivo y la recuperación

Al tirón e influencia de la imagen pública de estos atletas se han sumado algunos estudios que parecían ratificar esta posibilidad, asegurando que las personas sometidas al estudio se sentían menos fatigados y con más energía durante el periodo en que siguieron esa dieta.

dieta sin gluten deporte

Pero este comentado estudio tiene varios detalles que hay que explicar.

El problema del estudio no está tanto en el método (dejar de tomar gluten durante 3 semanas) o la muestra (sólo participaron 95 personas) sino más bien en los resultados.

O en la forma de presentarlos.

Porque “sentirse menos fatigado” o “tener más energía” no es un parámetro medible del que se puedan obtener datos concretos.

Y no puede pasarse por alto el sesgo de las personas que participaron en la investigación, que sabían que formaban parte de un estudio, tenían que cambiar pautas dietéticas y es previsible que esperasen que la dieta tuviera efectos.

Bueno, eso y que el estudio estaba financiado, entre otros, por Genius Foods. Una empresa que fabrica productos sin gluten.

Pero frente a este tipo de investigaciones, otros estudios independientes recientes han descartado la posibilidad de que la dieta sin gluten mejore los resultados deportivos.

Con conclusiones como que una dieta sin gluten a corto plazo no tiene efectos sobre el rendimiento, los síntomas gastrointestinales, bienestar o sobre los indicadores de daño intestinal o marcadores inflamatorios en atletas no celiacos.

O que, pese a que la dieta sin gluten puede ser beneficiosa para la permeabilidad intestinal (que puede verse afectada por el ejercicio de resistencia), consecuencias como la restricción dietética, impacto económico (por el precio de los productos sin gluten), la disponibilidad de esdtos alimentos, la repercusión psicosocial…hace que sean necesarias evaluaciones en el futuro.

O que prescribir una dieta sin gluten para los deportistas no se basa en la evidencia y  que la adopción de esta dieta en la mayoría de los casos no se debe a una razón médica sino a la percepción de que eliminar el gluten aporta beneficios y una ventaja ergogénica.

Un estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard recién presentado en Reunión Científica 2017 sobre Epidemiología, Prevención, Estilo de Vida y Salud Cardiometabólica de la Asociación Americana del Corazón apunta a que las dietas bajas en gluten podrían relacionarse con un incremento en el riesgo de padecer diabetes tipo 2.

Así que la evidencia científica no encuentra motivos para indicar el seguimiento de una dieta sin gluten para enfermedades endocrinas, psiquiátricas o reumatológicas, ni para mejorar el rendimiento deportivo.

¿La dieta sin gluten mejora la salud gastrointestinal?

Pues tampoco.

Eliminar el gluten de la dieta reduce las bacterias intestinales beneficiosas y la habilidad de las bacterias fecales para estimular el sistema inmune del paciente.

Mientras que el consumo de granos integrales tienen un efecto prebiótico sobre la microbiota intestinal que puede contribuir a que haya una relación inversa entre el consumo de granos integrales y el riesgo de enfermedades crónicas.

Con las recientes investigaciones sobre el efecto de la microbiota intestinal en la obesidad, la actividad prebiótica de los carbohidratos no digeribles (que se encuentran en la harina) sobre la flora intestinal podría utilizarse como mecanismo de control de la obesidad.

Está aceptado por la comunidad científica que el consumo de granos integrales pueden proteger frente a la diabetes, el riesgo cardiovascular y el cáncer por su contenido en fibra, su estructura y la composición del salvado y el germen.

Entonces, ¿seguir una dieta sin gluten no tiene efectos positivos?

Si eliminar el gluten de la dieta te supone eliminar productos procesados, comer más fruta y verdura, olvidarte de la bollería y de otros productos azucarados…entonces si, la dieta sin gluten definitivamente va a tener un efecto beneficioso en tu salud.

Pero no será por haberte olvidado del gluten, sino porque has sustituido productos poco saludables por otros con mejor perfil nutricional (¿que Djokovic cambiase de dieta y dejase las pizzas y los dulces tendría algo que ver con su mejoría?).

Y que haya tanta gente que elimine el gluten de su dieta tiene una consecuencia colateral muy muy positiva.

Los productos sin gluten se demandan más y los precios han bajado (favoreciendo a los celíacos)

Porque al subir la demanda de los productos sin gluten, los celíacos tienen cada vez más fácil encontrarlos en los supermercados y los precios, aunque se mantienen más altos que los de los productos convencionales, empiezan a bajar.

Y es muy importante. Porque para los celiacos no hay alternativa posible a la dieta sin gluten.

La cara negativa de la dieta sin gluten

Y es que el problema no es que las personas sanas no obtengan los beneficios que esperan de la dieta sin gluten.

Sino que además puede tener consecuencias negativas para la salud.

Los efectos sobre la ingesta de macro y micronutrientes

La ingesta de fibra y algunos nutrientes es deficitaria en las dietas sin gluten. Algunos minerales como el magnesio y el selenio son especialmente bajos. Tampoco es bueno el aporte de Vitamina B12, Vitamina D, folato, hierro, zinc o calcio.

Y además, las dietas sin gluten incluyen una proporción mayor de carbohidratos procedentes de azúcares añadidos.

Comparando la dieta sin gluten con una dieta que con productos equivalentes pero con gluten  se encontró que la cantidad de calorías y nutrientes que se ingieren es diferente y que además, una dieta basada en productos sin gluten puede suponer un desequilibrio nutricional tanto para pacientes celiacos como personas sanas que la sigan.

Así que es importante que las personas celiacas reciban una buena  educación nutricional para que puedan asegurarse una ingesta adecuada de macro y micronutrientes ya que no pueden obtenerlos de una dieta convencional.

Y de hecho, las personas que sufren reacciones adversas a alimentos generalmente son muy conscientes de lo que comen y están muy formados sobre cómo deben llevar su dieta.

Pero es que no tienen otra opción.

Las personas sanas sí.

¿Los productos sin gluten tienen contaminantes químicos?

Un estudio recién presentado  establece una relación entra las dietas sin gluten y la contaminación por arsénico y mercurio.

¿El motivo? Los productos sin gluten sustituyen los cereales que contienen gluten por arroz. Y el arroz acumula arsénico, mercurio y otros metales tóxicos procedentes del suelo, el agua y los fertilizantes.

dieta sin gluten arroz

La relación del arroz con el arsénico también se ha comentado estos día. La EFSA estudia periódicamente la exposición al arsénico en la dieta y el arroz es una de las fuentes. En su último estudio, la exposición había descendido respecto a los datos anteriores.

Los investigadores del estudio sobre los productos sin gluten señalan que, aunque esta contaminación puede ser una consecuencia no prevista de seguir una dieta libre de gluten, se necesitan más estudios para determinar si esta dieta supone un riesgo significativo para la salud por la exposición a estos metales.

Y sobre otras contaminaciones, también se han hecho estudios sobre la exposición a micotoxinas y no se han encontrado diferencias importantes entre las personas que siguen una dieta sin gluten o una dieta con gluten.

Por lo tanto, los datos de contaminación química en productos sin gluten no son preocupantes por el momento.

Y no son un factor que pueda tener un peso importante a la hora de seguir o dejar una dieta sin gluten.

Así que…

Una dieta sin gluten puede conllevar un déficit de micronutrientes y fibra, consumir más azúcares, los alimentos son más caros que los convencionales y a mayores es incómoda porque no siempre hay disponibles productos libres de gluten.

Pero es que además no hay evidencia científica sobre sus posibles beneficios.

Así que para la gente que sufre intolerancia al gluten es una auténtica faena.

¿Elegir esta dieta sin una justificación médica? Yo no lo veo. ¿Y tú?

 

Los productos «sin gluten» se han convertido en un reclamo.
¿Quiéres saber cómo se utiliza (mal) la alegación «sin gluten»para conseguir que compres un alimento?

Pincha aquí

3 datos (que debes saber) sobre el café en cápsulas

Ya es oficial.

Se han ido colando discretamente en nuestra vida cotidiana desde que aterrizaron en España a principios de la década del 2000…pero ya no podemos vivir sin ellas.

La semana pasada el INE publicó el índice de IPC del mes de enero y, por primera vez, incluye el café monodosis en la configuración de la cesta de la compra (es decir, los productos de consumo habitual).

Las cafeteras de cápsulas nos acompañan en la cocina como un electrodoméstico más (y para muchos se han vuelto casi tan indispensables como el frigorífico o la lavadora).

Y tampoco ellas se han librado de lo que se está convirtiendo en un clásico de todo producto alimentario: ser objeto de bulos en internet.

Pero, ¿el aluminio de las cápsulas provoca cáncer? ¿Se están prohibiendo en algunos países europeos por este motivo?

Antes de que destierres la cafetera al fondo del trastero cual yogurtera de los 80 vamos a ver si tienes motivos para preocuparte.

Nos vuelve locos

Está claro que es una nueva forma de consumo de café.

Según el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, en 2015 los españoles tomamos más de 1,5kg por persona al año.

Y eso son muchas tazas (599 al año según la Federación Española del Café).

Así que irrumpir en un mercado así y consolidarse como técnica para elaborar café ha sido un terremoto.

No hay más que ver cómo las cápsulas han ido ocupando estanterías en los supermercados (colonizadas por distintas marcas, variedades y sistemas).

Y las luchas (perdidas) de distintos proveedores para tener la exclusividad de su sistema de cápsulas frente a las compatibles (más baratas) de otras marcas (e incluso de marcas de distribuidor).

Así que sí. Las cafeteras de cápsulas son un asunto serio.

1-. ¿Pueden producir toxoinfecciones alimentarias?

Aunque la pregunta pueda parecer fuera de lugar (¿o alguna vez nos preguntamos por los microorganismos del café molido?), tiene su sentido.

Porque a finales de 2015, los medios de comunicación se hicieron eco de los resultados de un estudio de científicos de la Universidad de Valencia centrado en los microorganismos que aparecen en las bandejas de las máquinas de café en cápsulas.

Como siempre, los titulares fueron más o menos acertados (“Bacterias en las máquinas de Nesspresso”, Las bacterias que ocultan las máquinas de café”…) y el estudio tuvo repercusión internacional (llegó a ser uno de los 100 estudios más citados a nivel mundial y el New York Times o el Daily Mail hablaron de él.aquí).

E incluso Nespresso hizo declaraciones para recordar cuál era el resultado del estudio y cómo mantener las máquinas de café para evitar esos problemas.

Pero, ¿el estudio descubría algún problema real de seguridad alimentaria por los microorganismos de las cafeteras?

No.

Ni las cápsulas ni el café contenían ningún patógeno que pusiera en riesgo la salud.

La investigación se centraba en la microbiota que aparece en las bandejas de las máquinas. Y sí, había bacterias que pueden provocar problemas de salud.

El café en cápsulas no contiene microorganimos patógenos

¿Por qué estas bacterias se desarrollan en las máquinas de café? Porque una vez usadas las cápsulas caen a un receptáculo. Los restos de agua y café gotean y se acumulan en la parte inferior.

Y los hábitos de limpieza de sus propietarios hacen el resto.

Lo interesante del estudio es que algunas bacterias pueden utilizar la cafeína como medio de crecimiento (lo que según los investigadores puede abrir vías para descafeinar el café y otras bebidas o descontaminar la cafeína del medio ambiente).

Así que el problema real es olvidarse de que las bandejas de las cafeteras tienen que lavarse.

Sin más.

(Igual que a nadie se le ocurriría cocinar y guardar la olla sin fregar, ¿no?).

2-. ¿Y qué hay de los contaminantes químicos de las cápsulas? (aluminio, furano, acrilamida…)

Estoy segura de que lo has oído: los materiales de las cápsulas de café pasan a la bebida y nos intoxican, se están prohibiendo en algunos países preocupados por sus efectos sobre la salud…

Bueno, vamos a ver los datos.

¿El aluminio de las cápsulas pasa al café?

El aluminio de las cápsulas fue el protagonista de un bulo bastante difundido en 2011 (y que colea hasta nuestros días pese a los intentos por desmentirlo como este y este).

Según el mensaje que circulaba por la red, la presión y la temperatura a la que se somete a la cápsula hace que parte del aluminio que contienen pase al café. Lo que tendría graves consecuencias para la salud por ser el aluminio un compuesto altamente cancerígeno.

El bulo contiene algún dato cierto (como siempre, para darle un grado de verosimilitud), y es que algunas cápsulas tienen aluminio en su composición.

En el mercado se pueden encontrar tres tipos de cápsulas según el material con el que se fabrican:

1-. De aluminio: son las de Nespresso, el sistema más utilizado. Están formadas por una capa de aluminio recubierta por una película plástica interna que lo aísla del café.

2-. De plástico: también muy utilizadas.

3-. De papel: se utiliza un papel de filtro similar al de las cafeteras tradicionales.

cafe capsulas dolce

Cápsulas de plástico

Y hasta aquí la veracidad del bulo.

Porque falla en un dato crucial. La carcinogenicidad del aluminio.

La EFSA en una opinión científica del año 2008 concluyó que “es improbable que los mecanismos indirectos de genotoxicidad (del aluminio) que suceden con niveles de exposición relativamente altos, sean relevantes para los humanos expuestos al aluminio a través de la dieta”.

Y en cuanto a la carcinogenicidad, la conclusión es que “es improbable que el aluminio sea un carcinógeno humano en la exposición a través de la dieta”.

El IARC (International Agency for Research of Cancer, perteneciente a la OMS) tampoco contempla el aluminio dietético como un agente carcinógenico.

(Sí aparece la producción de aluminio en el grupo 1 -agente carcinogénico para humanos- debido a las condiciones en las que se produce, que implican el contacto con numerosos carcinógenos como los hidrocarburos aromáticos policíclicos o asbestos).

Esto no quiere decir que el aluminio sea inocuo.

El informe de la EFSA sí recoge por ejemplo la neurotoxicidad del aluminio.

Y para establecer la ingesta semanal tolerable (por su efecto acumulativo es más adecuada que una ingesta diaria) tiene en cuenta los resultados en experimentación animal que muestran problemas reproductivos en machos, embriotoxicidad y alteraciones en el desarrollo del sistema nervioso.

El aluminio se relaciona con varios problemas de salud (pero no con el desarrollo de cáncer)

Porque, aunque puede llegar a nuestros organismo desde varios orígenes (tratamientos médicos como la diálisis, exposición ambiental en arcillas o productos cosméticos como los antitranspirantes) la mayor fuente de exposición a este metal es a través de la dieta.

El aluminio está presente en vegetales, marisco, cereales, zumos de frutas, agua…y puede transferirse a los alimentos desde los utensilios de cocina o el papel de aluminio.

Además, varios aditivos alimentarios contienen aluminio.

Pero el aluminio que nos llega a través de la cadena alimentaria está regulado.

Para evitar que la transferencia de aluminio a los alimentos pueda producir problemas de salud, los materiales en contacto con los alimentos deben cumplir el Reglamento 1935/2004 sobre materiales y objetos destinados a entrar en contacto con alimentos, que especifica las condiciones generales obligatorias.

Y el  Reglamento 10/2011 sobre materiales y objetos plásticos destinados a entrar en contacto con alimentos (posteriormente corregido por el Reglamento 2016/1416, afecta específicamente a la migración del aluminio y se aplicarán a partir de 2018), establece límites de migración específica (para cada elementos) y global (para la suma de todos los elementos de un envase que se pueden transferir.

Y en cuanto a los aditivos alimentarios, se han hecho varias reformas de la normativa para reducir la exposición al aluminio a través de estos.

El aluminio y sus sales se utilizan con distintos fines tecnológicos: colorantes, estabilizantes, emulsionantes o antiaglomerantes.

Como aditivos, están regulados por el Reglamento 1333/2008, que establece que los aditivos deben ser utilizados sólo cuando haya razones tecnológicas y que deben ser seguros para el consumo humano.

Posteriomente, el Reglamento 380/2012 tiene en cuenta la opinión científica de la EFSA de 2008 y modifica específicamente las condiciones de utilización de los aditivos que contienen aluminio para que no se supere la ingesta semanal tolerable establecida por la EFSA.

La dieta es la mayor fuente de exposición al aluminio.

Así que no hay duda. Estamos expuestos a un elemento químico que puede provocar efectos adversos en la salud.

Pero las cápsulas de café, como cualquier otro material en contacto con los alimentos, deben cumplir la normativa europea que garantiza que no se superen las ingestas semanales tolerables.

Así que la preocupación en este sentido no debe ser mayor que la que conlleve cualquier utensilio de aluminio que se emplee en la cocina.

Pero ahí no acaban los dolores de cabeza.

Porque el aluminio no es el único elemento químico que preocupa…

¿Has oído hablar del furano?

De nuevo un estudio español puso la lupa sobre un compuesto químico tóxico que aparece en el café.

Con la particularidad de que este compuesto, el furano, está en más concentración en el café de cápsulas que en el café molido (con cafeína), en el molido descafeinado o en el instantáneo.

El furano es un compuesto clasificado por la IARC en el grupo 2B (posiblemente carcinógeno para humanos).

Y tanto la EFSA en su informe inicial sobre hallazgos provisionales de furano en alimentos como la OMS en la reunión del JEFCA de 2010 lo consideraron preocupante por su efecto carcinógenico en humanos.

Es un compuesto que aparece en el proceso del tostado del café como producto de la Reacción de Maillard, una reacción que se produce con el calentamiento de los azúcares reductores y los aminoácidos que da propiedades deseables típicas de los alimentos tostados (aromas, color…), pero que también origina compuestos no buscados como el furano.

El estudio concluye que el tiempo y la temperatura del tostado afectan a la cantidad de furano del café y recomiendan temperaturas de unos 140ºC durante 20 minutos para reducir su formación.

Y concretamente en las cápsulas de Nespresso encontraron concentraciones de furano muy superiores (117-224ng/ml) a las del café molido habitual (20-146ng/ml en el café molido con cafeína).

El café en cápsulas contiene más cantidad de furano que cualquier otra variedad de café pero se mantiene dentro de los límites seguros.

La explicación puede estar en que el furano es un compuesto muy volátil. Así que al estar en una cápsula hermética, el furano no se pierde y permanece con el café mientras que en los cafés convencionales se va evaporando reduciendo su contenido.

Además, la alta presión y temperatura a la que se somete el café en la máquina arrastra el furano hacia la bebida.

Sin embargo, el propio estudio refleja que los niveles de furano ingeridos oscilan entre los 0,25µg/kg de peso en mujeres y 0,38µg/kg de peso en hombres, que está muy lejos del límite de 2µg/kg que se considera seguro (o lo que es lo mismo, habría que tomarse más de 30 cafés de cápsula diarios de 30 ml cada uno para alcanzar ese límite).

Pero, ¿y la acrilamida?

La acrilamida también es un producto resultante de la reacción de Maillard (puedes ver más sobre acrilamida en este artículo) y sí, aparece en el café como resultado del tostado.

Está considerada por el IARC dentro del grupo 2A, probablemente carcinogénica para humanos, y el problema es que no hay técnicas que permitan reducir su cantidad en el café (en otros alimentos como las patatas sí que se pueden aplicar técnicas agronómicas o procesos de conservación que reducen su concentración final tras el cocinado).

En la “Caja de herramientas” de la industria (documento guía para reducir la cantidad de acrilamida en los alimentos) se insiste además en que hay que vigilar que los procedimientos utilizados para rebajar la acrilamida no supongan un incremento en la aparición de compuestos como el furano.

El informe científico de la EFSA sobre acrilamida en alimentos encontró los mayores niveles de acrilamida en el café y sustitutos del café (como preparados de cereales para beber), pero el propio informe indica que “debido al efecto de la dilución (del café en agua), se espera que haya niveles más bajos en la bebida de café y de sustitutos de café”.

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Un estudio conjunto de la Comisión Europea y Nestlé detectó que las variedades de café menos tostadas contenían mayores niveles de acrilamida que las muy tostadas (lo que se podría explicar porque la acrilamida se forma al principio del tostado y va degradándose a medida que este avanza).

Pero no hay por el momento estudios que relacionen la cantidad de acrilamida con distintas presentaciones de café (molido, instantáneo, en cápsulas…).

La acrilamida puede ser un problema en el café (de todo tipo) igual que en las patatas fritas o el pan tostado.

Pero hay que recordar que por el momento en la Unión Europea no hay establecidos límites de acrilamida en alimentos (aunque, según algunos medios, es probable que se regule antes de finales de este año).

3-.Pero en Hamburgo han prohibido las cápsulas en lugares públicos

Sí, y aquí entramos en el verdadero problema del café en cápsulas.

El medioambiental.

La falsa noticia (de la que hablaba al principio del blog) sobre los peligros de este tipo de café incluían supuestas prohibiciones de venta en Alemania (en el bulo la elección del país no es aleatoria, si Alemania regula algo seguro que nos parece más serio y nos llama más la atención que si lo hacen Chequia o Marruecos, por poner ejemplos).

Esa prohibición era falsa.

Pero en 2016 la ciudad de Hamburgo sí prohibió las cápsulas de café en los edificios públicos. Y lo hizo como parte de sus políticas para reducir los residuos (y no porque fuesen un peligro alimentario).

El informe del Departamento de Energía y Medio Ambiente de Hamburgo que originó la medida recoge que “estos envases monodosis provocan un consumo de recursos y generan residuos innecesarios”.

El mayor problema del café en cápsulas es su impacto medioambiental.

Porque estamos hablando de 6 gramos de café en un envase que pesa 3 gramos. Un 30% de los que compramos es un residuo.

Es verdad que siempre que compramos un producto estamos pagando también por un envase que acabará en la basura.

Pero el problema en este caso es la dificultad para reciclar las cápsulas (además de que el % de residuo respecto al del producto es enorme).

Una vez utilizada, la cápsula tiene al menos dos elementos: el café (resto orgánico) y el envase (que como hemos visto puede ser de diversos materiales).

Y por este motivo no se puede reciclar como los envases convencionales (en el contenedor amarillo), es considerada café (y según Ecoembes, ni siquiera serviría que el consumidor la vaciase de café y la tirara al contenedor de envases, tampoco así podría reciclarse).

Incluso John Sylvan, que desarrolló en los años 90 de las monodosis K-cup (las más vendidas EEUU), asegura que se arrepiente de haberlas creado porque “nunca serán reciclables”.

Los consumidores estamos cada vez más preocupados por el impacto medioambiental de las elecciones que hacemos.

Y las empresas lo saben.

Por eso los fabricantes de cápsulas están explorando vías para mitigar este problema: cápsulas hechas con materiales biodegradables o sistemas propios de reciclaje (que precisan de un compromiso por parte del consumidor, que tiene que “molestarse” en llevarlas a los puntos de recogida, que no siempre tiene accesibles).

Y es que este es el verdadero problema del café en cápsulas.

Así que…

Desde el punto de vista de la seguridad alimentaria (y con los estudios que hay en este momento), el café en cápsulas no supone un problema mayor que cualquier otro tipo de café.

Pero sí arrastra un problema de sostenibilidad que puede tener cada vez más impacto debido a que sus ventas no paran de crecer.

Así que la decisión de consumirlo o no estará condicionada por los propios gustos y por un compromiso personal (se puede seguir disfrutando y reciclar las cápsulas correctamente).

Y tú, ¿te has cambiado a las cápsulas? ¿Habías oído el bulo de las enfermedades asociadas a su consumo? Te espero como siempre en los comentarios.

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Consumir leche, ¿el fin del dilema?

Para mí imposible de responder.

Al menos con una respuesta polarizada: sí o no.

Y viendo el lado positivo, mi postura puede ser original cuando estamos rodeados de opiniones categóricamente a favor o radicalmente en contra del consumo de leche.

Así que no te voy a dar una lista de argumentos a favor o en contra que puedas esgrimir en la próxima comida familiar.

Pero te voy a contar lo que dice la ciencia (hasta este momento) sobre algunas de las creencias positivas y negativas que tenemos sobre la leche.

Para que al final del artículo tú mism@ puedas adoptar tu propia postura (o al menos, dudar de lo que creías).

¡Comenzamos!

Primero un matiz importante

Ante el dilema “leche si / leche no” que ha alcanzado cotas casi tan trascendentales como el ser o no ser de Hamlet, hay que partir de una base: hablamos de personas que puedan elegir si consumen leche y lácteos.

En las personas con alergia a la proteína de la leche o con intolerancia a la lactosa no hay dilema posible.

Los alérgicos deben evitarla (por la gravedad de los síntomas) y los intolerantes la pueden consumir en mayor o menor medida en función de su grado de intolerancia (los síntomas son menos severos y generalmente pueden tomar cierta cantidad o productos fermentados sin problema).

Así que para decidir si queremos consumirla o no partimos de circunstancias en las que es una elección no condicionada por ninguna patología.

Pero, ¿qué dice la ciencia sobre los beneficios o perjuicios de la leche?

La semana pasada te hablé de qué recomendaciones se dan desde entidades de referencia y administraciones sobre el consumo de leche.

Y las guías alimentarias que se utilizan mayoritariamente en nuestro entorno han venido recomendando el consumo más o menos importante de leche y lácteos desde el momento en que se publicaron, con escasos cambios.

Ahora voy a exponerte algunas posiciones completamente enfrentadas…y su posible explicación según la evidencia científica que hay hasta ahora.

La leche es buena para los huesos vs La Leche provoca osteoporosis

Tradicionalmente se ha pensado que la leche era, más que buena, imprescindible para los huesos.

Y la lógica hace pensar que es así: un alimento con calcio y vitamina D (imprescindible para regular el paso de calcio a los huesos).

Todo cuadra.

Pues no. O, al menos, no es tan fácil.

La relación leche-prevención de la osteoporosis no está tan clara.

Porque entran en juego otros factores como la biodisponibilidad del calcio (qué proporción del calcio que ingerimos se absorbe) o  la interacción con otros macro y micronutrientes de la leche (como el fósforo o las proteínas).

La biodisponibilidad del calcio de la leche es de aproximadamente un 32,1%. Es decir, que si la cantidad de calcio en la leche es de 120mg /100ml, en una ración de un vaso (250ml) el calcio que finalmente se absorberá será 96,3mg.

Hay alimentos con una biodisponibilidad mucho mayor (como la col o el repollo) que son perfectas fuentes de calcio.

Pero en otros casos, no sería realista pretender sustituir la leche por salmón, por ejemplo, si n hay que comer más de medio kilo de salmón para obtener el mismo calcio que el que nos dan 100ml de leche.

Para igualar a la cantidad de calcio que se consume con 100ml de leche viene de que hay que tener en cuenta tres factores: la biodisponibilidad, la cantidad de calcio por cada 100g de alimento y el tamaño de las raciones.

Alimento mg Calcio / 100g % Absorbible Ca (en mg) absorbido por 100g Cantidad de alimento para igualar el Ca absorbido con 100ml de leche
Leche 120 32,1% 38,52 100 ml
Bebida de soja 100 31% 31 124 ml
Brócoli 40 52,6% 21,04 183 g
Espinaca 119,7 5,1% 6,10 631 g
Hojas de nabo 39 51,6% 20,12 191 g
Berros 157 67% 105,19 36 g
Col 53 64,9% 34,39 112 g
Alubia blanca 138,67 17% 23,58 163 g
Salmón 27 27% 7,29 528 g
Sardinas en aceite 314 27% 84,78 45,43 g
Almendras 248,25 21,2% 52,62 73 g
Repollo 57 95% 54,15 71 g

Fuentes: BEDCA y Fennema, O. Química de los alimentos. Ed. Acribia.

¿Cuál es la ingesta diaria recomendada de calcio? Varía según los países. En EEUU y la mayoría de los países europeos las recomendaciones varían entre 800mg y 1200mg.

Lo que está claro para la Escuela de Salud Pública de Harvard, es que la ingesta de calcio es necesaria para garantizar la salud de los huesos y que la leche contiene la mayor cantidad de calcio absorbible por ración.

Lo que no quiere decir que no haya otros alimentos que sean una buena fuente de calcio.

Pero más allá de la cantidad de calcio que finalmente absorbemos, hay que ver si realmente la osteoporosis puede prevenirse ingiriendo grandes cantidades de este mineral.

La leche y los lácteos son una buena (pero no única) fuente de calcio.

Porque aunque pueda sorprendernos, en este momento la relación del calcio, lácteos y prevención de la osteoporosis no es tan clara como se pensaba.

Hay estudios que concluyen que la osteoporosis y la hipertensión están asociadas en mujeres postmenopaúsicas y que un consumo bajo de leche y lácteos puede aumentar el riesgo de ambas patologías.

O que la densidad ósea depende del consumo diario de lácteos en la niñez y adolescencia y del consumo (sin especificar frecuencia) en la edad adulta (aunque indica que  la edad y los ciclos menstruales tienen más importancia que la dieta).

Y frente a estos,  otros estudios  indican que incrementar la ingesta de calcio a través de los alimentos o mediante complementos produce incrementos pequeños en la densidad ósea que no parecen repercutir en la reducción del riesgo de fractura.

O que consumir grandes cantidades de leche durante la adolescencia no se asocia a una reducción del riesgo de fractura en adultos.

O que los datos no respaldan la teoría de que el consumo alto de leche o de otras fuentes de calcio como factor protector de fracturas de cadera y antebrazo o que no hay asociación entre el consumo de leche y el riesgo de fractura de cadera en mujeres.

E incluso algunos estudios no sólo no avalan la creencia de que consumir más leche protege nuestros huesos, sino que incluso podría ser contraproducente.

Este metaanálisis concluyó que la suplementación con calcio no sólo no está asociado a una reducción en el riesgo de fractura de cadera sino que puede suponer un incremento del riesgo.

Y la Escuela de Salud Pública de Harvard indica que la leche es una buena fuente de calcio para la mayoría de las personas pero no se conoce ni qué ingesta de calcio es óptima (hay grandes variaciones entre las ingestas dietéticas de referencia dependiendo de los países e ingestas más bajas no están asociadas a un riesgo de fractura mayor) ni cuál es la mejor fuente para obtener este calcio.

En definitiva…no hay datos definitivos.

Cualquier recomendación o limitación sobre el consumo de lácteos para prevenir la osteoporosis debe hacerse con cautela.

Quédate con esto. La leche es una buena fuente de calcio. Pero no es la única y se puede obtener adecuadamente de otros alimentos.

La leche se relaciona con numerosas enfermedades…¿no?

Incrementa el riesgo de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares. ¿Lo has oído?

Pues volvemos al mismo punto. No hay certezas.

Se puede pensar que es lógico que esté relacionada con estas enfermedades por su contenido en grasas saturadas.

La leche entera contiene aproximadamente 3,8g de grasa por cada 100g.

De esta grasa, 2,3g son ácidos grasos saturados, 1,1g de ácidos grasos monoinsaturados y 0,13g de ácidos grasos poliinsaturados (incluyendo grasas trans formadas de manera natural por los microorganismos del rumen).

Pero es que incluso la mala prensa de las grasas saturadas se ha puesto en entredicho en los últimos años en base a algunos estudios.

Este indicaba que no se puede concluir que el consumo de grasa saturada se asocie a un incremento de enfermedades coronarias, infarto y enfermedades cardiovasculares.

Y este sugería que no hay evidencias para seguir recomendando limitar la ingesta de grasas saturadas. Pero fue muy criticado por la HSPH y que  tuvo que ser corregido porque se encontraron varios errores

Otros estudios recientes sí relacionan directamente la ingesta de ácidos grasos saturados con un incremento del riesgo cardiovascular.

Este estudio sugiere que la ingesta alta de grasa procedente de la leche y los lácteos puede estar relacionada con un incremento del riesgo de isquemia cardiaca.

Otros indican que los ácidos grasos saturados típicos de la leche y los lácteos (ácidos heptadecanoico y ácido pentadecanoico) se asocian con una reducción del riesgo cardiovascular en adolescentes con sobrepeso.

Este metaanálisis encontró una relación inversa entre el consumo de lácteos bajos en grasa y el incremento del riesgo de alta tensión arterial.

Y en esta revisión de estudios sobre el consumo de leche y enfermedades vasculares concluyó que los estudios en su conjunto sugieren que beber leche puede estar asociado con una pequeña reducción de enfermedades cardiacas y riesgo de infarto.

¿Qué podemos sacar en claro?

Que no hay consenso en los efectos de la leche y los lácteos sobre la tensión arterial, la diabetes o la enfermedad cardiovascular.

Y en relación con el consumo de grasas saturadas tenemos que seguir guiándonos por las recomendaciones de organismos de referencia.

La OMS y la FDA recomiendan reducir la ingesta de ácidos grasos saturados a menos del 10% del total de la energía diaria.

La EFSA mantiene que el consumo de ácidos grasos saturados debe mantenerse tan bajo como sea posible.

Y la FESNAD recomienda reducir los ácidos grasos saturados por mono o poliinsaturados.

La leche provoca cáncer, ¿o protege frente al cáncer?

A estas alturas del post ya te imaginarás lo que te voy a decir… no hay evidencia.

Parece que hay cierta relación entre la galactosa (uno de los azúcares que forma parte de la lactosa) y un daño en los ovarios que puede derivar en cáncer.

Un análisis de diferentes estudios concluyó que no hay relación entre el consumo de lácteos y el cáncer de ovario pero que hay una pequeña relación entre el consumo de lactosa y este tipo de cáncer.

En relación con el cáncer de próstata, aunque algunos estudios y la propia Escuela de Salud Pública de Harvard  apuntan a que  la relación se establece por la alta ingesta de calcio, no por el consumo de leche, este metaanálisis indica que cantidades altas de leche y lácteos puede incrementar el riesgo de cáncer (pero los suplementos de calcio o el calcio que no proviene de la leche no actuaría así).

Y de nuevo volvemos a encontrar la cara opuesta. Los estudios que desmienten la relación de la leche con el cáncer.

Como este metaanálisis que dice que la ingesta de productos lácteos no tiene un impacto significativo en el riesgo de cáncer (aunque incide en que la ingesta de leche entera contribuye a elevar significativamente el riesgo de mortalidad por cáncer de próstata)

O este otro que desmiente la relación del consumo de lácteos con el incremento de cáncer de ovario.

O esta revisión y metaanálisis que asocia la leche y los lácteos (exceptuando el queso) con una reducción del cáncer colorrectal.

Así que la única conclusión posible es que es necesario que haya más estudios, más complejos y completos. Sin ellos por el momento tampoco hay consenso.

El consumo de leche incrementa la mortalidad

Pues sí, también hay estudios que no se centran en una patología concreta sino en la relación de la leche y los lácteos con la mortalidad.

Y, sin lugar a dudas, las conclusiones son confusas (¿no será una sorpresa verdad?).

Porque hay estudios que, de manera cautelosa, señalan una asociación directa con el consumo elevado de leche y el incremento de la mortalidad. Y por otro lado metaanálisis que no encuentran una relación consistente.

¿Y ahora qué hacemos con todos estos datos?

Ser prudentes.

Y seguir las recomendaciones de los organismos de referencia.

¿Te gusta la leche y los lácteos? No hay problema, puedes consumirlos como parte de tu dieta diaria.

Eso sí, escoge el tipo de lácteos que comes (que es donde puede estar el quid de la cuestión).

Por mucho que procedan de la leche no es lo mismo un yogur natural que un postre lácteo.

Y fíjate en qué alimentos escoges para acompañar esos lácteos. ¿Bollería, cereales refinados con azúcar (los típicos cereales “de desayuno”)?

¿Y si tu caso es el contrario y aborreces la leche desde lo más profundo de tu alma? Pues no pasa nada.

No tienes que hacer un esfuerzo para tragarla con el desayuno disimulando el sabor entre cucharadas y cucharadas de cacao soluble.

No es imprescindible ni insustituible.

Si te preocupa dejar la leche por el aporte de calcio, este y otros nutrientes los puedes obtener de otros alimentos.

Y lo que mantendrá la salud de tus huesos será una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras y un estilo de vida saludable (que incluya el ejercicio físico).

En resumen…

Hasta que las investigaciones lleguen a conclusiones más claras sobre las relaciones de la leche y los lácteos sobre distintos aspectos de nuestra salud, lo aconsejable es seguir las recomendaciones de referencia.

Y si no puedes o no quieres consumirlos, opta por otros alimentos como verduras o pescados que te puedan aportar los nutrientes que se encuentran en la leche (calcio, proteínas, vitamina D…).

Sé que no he resuelto el dilema. Hoy sólo te he dado los datos.

Y tú decides.

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