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Autor: Beatriz Robles

Leche, ¿ángel o demonio?

Puf, cómo me ha costado escribir este artículo.

Es más sencillo cuando hablo de legislación o de temas de nutrición en los que hay consenso científico.

Pero meterse en el terreno de la leche es como lanzarse al vacío.

Si vienes buscando una respuesta sencilla, que despeje todas tus dudas y te de argumentos irrefutables sobre las bondades o maldades de la leche…no la vas a encontrar.

Pero voy a poner la primera piedra para que puedas adoptar tu propia postura al respecto.

De extremo a extremo

No hay matices.

Con la leche o se encuentran defensores a ultranza  que la consideran imprescindible en la dieta o detractores militantes que la denostan y eliminan sin ambajes.

Pocos alimentos desatan esas pasiones.

Y es lo normal con un producto que hasta hace poco ha estado tan presente en nuestra dieta (si tienes más de 20 años seguramente has crecido agarrado al tetra brick).

Las posturas a favor y en contra de consumir leche están muy enfrentadas

Hasta hace muy poco el mensaje que llegaba desde las administraciones, los centros educativos y los expertos en alimentación era casi unánime: la leche y los lácteos son imprescindibles.

Fundamentalmente para el crecimiento y para el mantenimiento de los huesos y como fuente irremplazable de nutrientes.

También ha habido personas desde distintos ámbitos que con mayor o menor vehemencia rechazaban la leche por distintos motivos. Pero tomaban la decisión de una forma casi personal y su ámbito de influencia se restringía a su entorno o su grupo de consumo.

Sin embargo, en los últimos diez o quince años, las investigaciones han introducido dudas en las convicciones generales y el mensaje desde el campo científico sobre la necesidad categórica de consumir leche se ha ido matizando.

Y las voces en contra de su consumo tienen una repercusión mucho más clara.

¿Cómo ha evolucionado el consumo de leche en España?

Es un hecho que el consumo de leche en España ha descendido. Los datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente reflejan que en 2004 el consumo de leche líquida por persona y año era de 90,35 litros. En sólo dos años, en 2006, había descendido a 82,46 litros. Y en 2015, últimos datos publicados, cada persona consumió 73,32 litros (un 18% menos).

El consumo de leche ha descendido un 18% desde 2004.

Los derivados lácteos han seguido el camino inverso. De los 30,33 kilos en 2004 a 35,19 kilos en 2015.

Podría pensarse que es porque ha aumentado el consumo de leches fermentadas (yogur, leche fermentada con bífidus…) porque las relacionamos con un alimento saludable… Pues no. De hecho han aumentado muy poco (de 14,05 kilos en 2004 a 15,25 kilos, un 8,54% más en 2015).

Sin embargo el incremento de consumo de helados (de 1,84 kilos a 2,83 kilos, un 54% más) o nata (de 0,58kilos a 1,02kilos, un 72% más) sí llaman la atención.

No hay discusión.

Consumimos menos leche. Pero es que además la tendencia ha sido negativa y constante en los últimos 11 años.

Ante esto, han surgido campañas como Lácteos Insustituibles con las que industria apoyada por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente ha tratado de llegar a todos los sectores en los que su mensaje pudiera tener repercusión: sanitarios, medios de comunicación… y dos lugares especialmente sensibles: centros educativos y centros de mayores.

Pero tratar de recuperar el mensaje de productos insustituibles que tradicionalmente se había asociado a los lácteos, supone un intento de aferrarse a un pasado ya superado por la evidencia científica.

Los lácteos no son imprescindibles.

Como no lo es ningún otro grupo de alimentos (salvo las frutas y verduras).

Pero eso tampoco quiere decir que sean malos o que haya que evitarlos.

Sólo han perdido su estatus de irremplazables y tienen que adaptarse a su nueva situación de productos más vulgares (por pena que me dé, cuando yo también era defensora ciega de todas sus virtudes y negacionista de sus defectos).

¿Y qué nos recomiendan las autoridades?

Los legisladores y reguladores utilizan las guías alimentarias para enviar mensajes a la población.

Las guías alimentarias son directrices, recomendaciones generales para que las administraciones elaboren políticas alimentarias que ayuden a los consumidores a hacer elecciones saludables.

Pero si el consumo de leche se ha reducido no se debe a las directrices de estas guías.

Haciendo un repaso rápido, te cuento lo que dicen las estadounidenses (muy valoradas en su nueva versión gráfica de plato) y las españolas (que mantienen la ahora controvertida pirámide).

Si vamos a las guías norteamericanas, en 1980 y 1985 eran recomendaciones generales que incluían la leche, el queso y el yogur entre la variedad de alimentos que aseguraban una dieta adecuada.

En 1990 y en el  año 2000 ya hablaban de raciones diarias y recomendaban 2 ó 3 raciones diarias de leche o lácteos sin grasa o bajos en grasa

En las guías de 2005 y 2010 la leche y los productos lácteos estaban entre los grupos de alimentos para los que se tenía que alentar el consumo. La cantidad diaria recomendada era de 3 raciones al día de leche baja en grasa o sin grasa o un lácteo equivalente (niños de 2 a 8 años sólo 2 raciones)

La última guía publicada por el Gobierno American Dietary Guidelines 2015-2020 indica que los patrones de alimentación saludable incluyen lácteos sin grasa o con bajo contenido en grasa y  las cantidades recomendadas de lácteos en el patrón alimentario de EEUU se basan en la edad antes que en el contenido en calorías y son de 2 medida equivalentes a una taza (250ml) al día para niños entre 4 y 8 años, 2,5 medidas al día para niños de 4 a 8 años y 3 medidas al día para niños y adolescentes de 9 a 18 años y para adultos.

También recomienda a las personas que no puedan o no quieran consumir leche que consuman productos que les aporten los nutrientes que se pueden encontrar en la leche (proteínas, calcio, potasio, magnesio, vitamina D y vitamina A).

Una herramienta más sencilla que adapta el mensaje de las guías y pueden usar los consumidores son las representaciones gráficas a modo de platos o pirámides.

Tradicionalmente se han usado las pirámides.

En EEUU el USDA (U.S. Department of Agriculture)  tanto en la de 1992 (Food Guide Pyamid) como en la de 2005 (MyPyramid) incluía los lácteos (2-3 raciones diarias con algún matiz según la edad y el estado fisiológico)

leche usda PIRAMIDE 1992

Food guide pyramid. USDA. 1992.

En  2011 se publicó una nueva versión de estos gráficos y paso de la pirámide a una representación más sencilla, el plato (MyPlate).

Es un símbolo muy sencillo y fácil de interpretar a primera vista en el que se divide el plato en cuatro partes más un vaso que representan los cinco grupos de alimentos (frutas, cereales, vegetales, proteínas y lácteos).

La proporción que ocupan en el plato corresponde con la que la población debería mantener en su dieta.

Por supuesto es una representación muy elemental, pero en su web puedes encontrar información y detalles sobre cada uno de los grupos de alimentos actualizados en julio de 2016.

Los lácteos sí aparecen y tienen importancia.

En la web se especifican las raciones, que coinciden con las de las guías dietéticas (2-3 raciones al día según la edad). Los lácteos a los que se refiere el plato deben ser bajos en grasa o sin grasa.

Se incluyen en el grupo los lácteos que mantienen un alto contenido en calcio tras el procesado (por ejemplo yogures). Pero deja fuera del grupo los lácteos que hayan perdido ese calcio (como nata y mantequilla).

Y algo importante: como el calcio es un parámetro imprescindible en esta clasificación, las bebidas de soja enriquecidas con calcio entrarían dentro de este grupo de alimentos (aunque no sean productos lácteos).

leche myplate

MyPlate. USDA. 2011.

La Escuela de Salud Pública de Harvard (HSPH) es un organismo de referencia a tener en cuenta en cuanto a sus recomendaciones dietéticas.

En respuesta a la pirámide y el plato del USDA (a los que critica porque “se ha elaborado atendiendo no sólo a expertos en alimentación sino también a la industria”), también ha elaborado una pirámide (Healthy Eating Pyramid) y posteriomente un plato (Healthy Eating Plate que incluye una versión para niños).

La pirámide (que la propia HSPH quiere mantener como complemento del moderno Healthy Plate) incluía recomendaciones de 1-2 raciones de leche o lácteos al día (o suplementos de Vitamina D y calcio).

El plato saludable de Harvard, en contra de lo que aseguraron algunos medios (y sobre todo muchos blogs abiertamente declarados en contra de la leche), no elimina la leche de sus recomendaciones.

El Plato Saludable de Harvard no elimina la leche de sus recomendaciones.

Lo que dice es que se limite la cantidad de leche y lácteos a 1-2 raciones al día (en el apartado del vaso) y que se limiten los quesos (sin especificar raciones) en el apartado de proteínas saludables.

leche healthy plate

Healthy eating plate. Escuela de Salud Pública de Harvard. 2011. Fuente (al final del texto).

 

Como ves hay diferencias entre las recomendaciones de MyPlate del USDA y del Healthy Plate de Harvard.

Mientras que el USDA recomienda incluir los lácteos en todas las comidas, Harvard recomienda limitarlos a una o dos raciones diarias.

Pero en ningún caso eliminan la leche o los lácteos de la dieta.

En España el Gobierno publicó en 2008 la Pirámide NAOS dentro de la estrategia para la Nutrición, la Actividad Física y la Prevención de  la Obesidad, que recoge recomendaciones tanto de actividad física como de alimentación.

Esta pirámide coloca los lácteos en la base, de consumo frecuente “varias veces a diario” (sin especificar cantidades).

leche piramide naos

Pirámide NAOS. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. 2008.

Pero la guía que más utiliza la administración como referente es la de SENC, con una última versión de 2015 (muy criticada por expertos como Luis Jiménez, Juan Revenga o Aitor Sánchez).

Se ha editado desde 1995 y ha tenido versiones en 2001, 2004, 2007 hasta la de 2015. En todas ellas la leche y los lácteos aparecen como de consumo diario pasando de una recomendación de entre 2-4 raciones hasta 2007 a recomendar 2-3 raciones en 2015.

Es decir, sin novedades realmente importantes en cuanto a los lácteos más allá de que el Presidente del Comité Científico de la SENC explicó en este artículo sobre la versión de 2015 que el consenso al que se ha llegado es recomendar los lácteos semidescremados, no descremados ni enteros, sino los lácteos medianamente bajos en grasa, un punto intermedio porque ‘La grasa láctea tiene algunos elementos que pueden ser interesantes’.

leche piramide SENC

Pirámide SENC. 2015.

Así que en estas guías alimentarias que podríamos considerar referentes (y con la prudencia de que tanto la de Harvard como la de la SENC no son guías oficiales y tienen sus detractores), la leche y los productos lácteos siguen presentes y  sin demasiadas variaciones desde las primeras que se publicaron.

Todas estas guías tienen en cuenta la última evidencia científica y así lo especifican.

Esto incluye los estudios que desmienten las cualidades tradicionalmente asignadas a la leche o que incluso no la dejan en buen lugar en relación con determinadas patologías…que te contaré la semana que viene.

En algunos casos puede haber distorsiones por la presión de la industria para que se incluyan o mejoren las posiciones que ocupan sus productos (como Harvard denuncia respecto a MyPlate del USDA).

Pero vistas desde una perspectiva inocente y centrándonos en los lácteos, ninguna los prohíbe (aunque sí hay matices importantes en las raciones).

¿Y ahora qué?

Ya lo sé. Sigues igual que al empezar a leer el artículo…

Pero esto no se queda aquí.

Me parece imprescindible (¿cómo los lácteos? –icono lengua fuera- ) que sepas en qué marco nos estamos moviendo y qué dicen algunas entidades importantes sobre los lácteos.

Es necesario.

Porque la semana que viene sí entraré en profundidad a ver qué hay de cierto en algunas de las cosas que has oído últimamente sobre la leche…y tendrás argumentos para tomar partido.

¿Eres un incondicional de la leche? ¿Has restringido o directamente evitas su consumo? Cuéntame, te espero en los comentarios.

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Healthy eating plate Derechos de autor © 2011 Universidad de Harvard. Para más información sobre El Plato para Comer Saludable, por favor visite la Fuente de Nutrición, Departamento de Nutrición, Escuela de Salud Pública de Harvard, http://www.thenutritionsource.org  y Publicaciones de Salud de Harvard, health.harvard.edu)

 

Acrilamida en alimentos tostaditos, ¿qué puedes hacer?

¿Un nuevo compuesto tóxico nos ataca?

Eso parece porque ha vuelto a sonar con fuerza los últimos días.

La acrilamida.

Pero no es una novedad. Preocupa desde hace años (y hay que darle la razón a tu madre cuando te dice que no quemes tanto las tostadas

Una campaña de la Food Standards Agency de Reino Unido la ha traído de vuelta a los titulares [Actualizado 08/11/18: y otra de AECOSAN lo ha hecho en España en noviembre de 2018]

[Actualizado 01/04/2018: También es de actualidad por la sentencia de un juez de California que obliga a las cafeterías a incluir una advertencia sobre el riesgo potencial de que la acrilamida del café pueda producir cáncer. Pero sobre esto te puede explicar mucho más Miguel A. Lurueña en este podcast -a partir del minuto 24-. Y yo no me perdería este artículo de Daniel Torregrosa, no puede ser más esclarecedor.]

 

Vamos a ver por qué.

La campaña de Reino Unido

La FSA ha lanzado esta campaña a raíz de los resultados de un estudio sobre la dieta de la población que confirmó que, aunque están dentro de la media europea, la exposición a acrilamida sigue siendo un problema.

acrilamida video

El objetivo es que los consumidores de Reino Unido sepan cómo pueden reducir la acrilamida al cocinar los alimentos.

Y tiene un lado positivo del que nos podemos aprovechar: como los medios de comunicación están hablando de la campaña la acrilamida nos resulta familiar (otra vez).

Y no está mal que nos recuerden cómo debemos cocinar para reducirla (sin obsesionarnos, por favor).

acrilamida titular

Titular de The Mirror. «¿El asesino en la cocina?». Afortunadamente en España los medios de comunicación no han caído en este sensacionalismo esta vez.

 ¿Cuándo empezó a preocupar la acrilamida?

Aunque la campaña de Reino Unido ha traído la acrilamida de vuelta a los titulares, la inquietud no es nueva.

La alarma saltó en el año 2002, cuando un grupo de investigadores de la Universidad de Estocolmo y la NFA (National Food Administration) sueca (agencia gubernamental que supervisa los asuntos relacionados con los alimentos y el agua) advirtieron de que la acrilamida (tóxica y potencialmente carcinogénica) aparecía en alimentos cocinados a altas temperaturas.

El origen era un misterio.

Pero preocupaba mucho porque parecía que la formación de acrilamida era un fenómeno generalizado durante la cocción.

La acrilamida se conocía como tóxico, está presente en el humo del tabaco y tiene aplicaciones en la industria. Pero encontrarla en los alimentos fue desconcertante.

La OMS convocó una consulta en junio de 2002 para recopilar la información que había sobre este compuesto y establecer recomendaciones. Sabían en qué alimentos aparecía, pero no tenían ni idea de por qué.

¿Cómo llegaba a los alimentos?

Poco tiempo después, en octubre de 2002, dos estudios (este y este) desvelaron el enigma: la acrilamida es parte de los productos que se forman en la reacción de Maillard durante el tratamiento térmico.

¿Cómo aparece la acrilamida?

La reacción de Maillard (o pardeamiento no enzimático) es un conjunto de reacciones químicas que se producen durante el cocinado de algunos alimentos (carnes, cereales,…) y les da propiedades deseables que los hacen muy apetecibles.

Es la responsable del color dorado y los sabores tostados típicos del pan, los cereales, las patatas fritas o la carne.

Justo las características que hacen que se te haga la boca agua.

Pero en la otra cara de la moneda, es la reacción responsable de que aparezca la acrilamida.

Para que se forme, tienen que estar presentes dos compuestos:   azúcares reductores (como glucosa o frutosa) y aminoácidos (preferiblemente asparagina pero la EFSA no descarta otros).

Y es condición indispensable que se cocinen a altas temperaturas (por encima de 120ºC) a través de sistemas como la fritura. asado, tostado…

Para que aparezca la acrilamida el alimento tiene que tener azúcares reductores y aminoácidos y tiene que ser cocinado por encima de 120ºC

Veamos un ejemplo. La leche tiene azúcares reductores –lactosa- y aminoácidos así que podría dar lugar a acrilamida.

Pero no se calienta a una temperatura tan alta.  Si por un descuido nos pasamos calentándola y se quema, ni nos planteamos comérnosla así que no hay problema.

O puedes pensar en las legumbres, ricas en almidón y en aminoácidos pero que tampoco se cocinan a esas temperaturas (a excepción de los cacahuetes por el tostado).

Así que el procesado juega un papel fundamental.

Habrás oído estos días que la acrilamida aparece al freír o tostar demasiado los alimentos que contienen almidón.

En realidad, como hemos visto la condición no es que contengan almidón, sino azúcares reductores. Pero parte del almidón puede destruirse en el almacenamiento (a través de complejas reacciones bioquímicas mediadas por enzimas como las invertasas) e incrementará la cantidad de estos azúcares.

Y alimentos que contengan una gran cantidad de almidón tendrán más azúcares reductores y por lo tanto desarrollarán la reacción.

¿Qué alimentos preocupan? Los que contengan estos azúcares reductores, aminoácidos y además se sometan a cocciones a altas temperaturas: patatas, cereales “de desayuno”, café y todos los productos derivados de estos (pan, galletas, bollería, alimentos infantiles, snacks, patatas fritas –tanto las de sartén como los snacks industriales-…).

acrilamida varios alimentos

¿Qué efectos nocivos puede tener la acrilamida?

La respuesta inmediata es cáncer. Porque es lo que nos han dicho los medios de comunicación estos últimos días a raíz de la campaña de la FSA en Reino Unido.

La verdad es que es más complicado.

La IARC (International Agency for Research on Cancer) perteneciente a la OMS y organismo de referencia para la investigación sobre cáncer, clasifica a la acrilamida en el grupo 2A: agente potencialmente carcinogénico para humanos.

¿Quiere decir que es un agente peligroso por su carcinogenicidad? No.

La IARC  establece una clasificación de los agentes potencialmente carcinogénicos en función de la evidencia científica que se tenga.

Es decir, no indica la probabilidad de que un agente como la acrilamida sea carcinogénico. Habla de lo segura que está la agencia de que esa sustancia tenga relación directa con el cáncer.

Nos dice lo “convencida” que está de que es una sustancia sospechosa de producir cáncer.

Y en el caso de la acrilamida, la evidencia de que sea así es suficiente en animales pero insuficiente en humanos.

La EPA (U.S. Environmental Protection Agency), con el mismo sistema de clasificación, también la cataloga como probablemente carcinogénica para los humanos.

Sí está consensuado su efecto neurotóxico aunque la EFSA en su informe científico de 2015 sobre la acrilamida concluyó que a las dosis a las que estamos expuestos a través de la dieta no existe un peligro para la salud pública debido a este efecto. Podría presentarse algún problema de neurotoxicidad en niños con una exposición muy alta a acrilamida.

Otros efectos que se han podido estudiar en roedores son alteraciones en el desarrollo y sobre la reproducción en machos, pero no se han podido medir en humanos.

Los estudios han demostrado que la acrilamida es cancerígena para roedores pero no para los humanos.

Para valorar la carcinogenicidad, la EFSA utiliza el concepto de Margen de Exposición (MoE). El MoE relaciona una dosis de referencia (una corrección del NOAEL=dosis máxima de un compuesto que no provoca efectos adversos observables) con la exposición de la población.

De esta manera, cuanto mayor sea el MoE, menor es el riesgo. Se establece que para valorar la genotoxicidad y carcinogenicidad, un MoE de 10.000 o superior presenta un peligro de nivel bajo para la salud.

En el caso de la acrilamida, el informe de la EFSA calculó un MoE muy por debajo de ese valor seguro de 10.000 por lo que concluye que “aunque los estudios disponibles sobre humanos no han demostrado que la acrilamida sea carcinógeno para los humanos, el MoE calculado en los estudios y grupos de edad indica que es preocupante por sus efectos neoplásicos”.

¿La acrilamida causa por sí misma estos problemas?

Sí. La acrilamida puede causar este tipo de efectos ella sola.

Pero la glicidamida, un metabolito que se forma a partir de ella también contribuye (y parece que es la responsable principal de la genotoxicidad y carcinogenicidad de la acrilamida).

Si es tan perjudicial estará regulada…¿o no?

A medias.

Es importante que sepas que la acrilamida no se encuentra sólo en los alimentos cocinados que hemos visto.

También se utiliza en la industria como aglutinante en la industria del papel, en cosmética, extracción de metales, en la industria textil para conseguir telas de planchado permanente e incluso para la estabilización de terrenos en la construcción de túneles y pozos.

Y en el humo del tabaco (seas fumador activo o pasivo).

Pero claro. En ninguno de estos casos nos vamos a comer la acrilamida…

Excepto en uno.

Porque se usa también para el tratamiento de aguas potables. La acrilamida es un floculante y se utiliza para decantar las partículas que están disueltas en el agua y facilitar su filtrado.

La acrilamida está presente en el humo del tabaco y se utiliza en la industria y en el tratamiento del agua potable

Por eso la legislación sí establece un límite máximo de acrilamida en las aguas (a través del Real Decreto 140/2003 por el que se establecen los criterios sanitarios de calidad del agua de consumo humano y el Real Decreto 1799/2010 por el que se regula el proceso de elaboración y comercialización de aguas preparadas envasadas para consumo humano).

Pero es el único alimento para el que hay un límite de acrilamida.

¿Y qué pasa con el resto de alimentos?

Que no haya límites no quiere decir que haya vía libre y que la industria pueda sacar al mercado productos con cantidades brutales de acrilamida…pero casi.

Porque lo que está vigente ahora mismo en la Unión Europea son dos recomendaciones de la Comisión:

1-. Recomendación 2010/307: establece que los Estados miembros tienen que controlar los niveles de acrilamida de determinados alimentos (patatas fritas listas para consumir, patatas chips, patatas fritas precocinadas, pan de molde, cereales de desayuno,  galletas, café, alimentos infantiles a base de cereales y otros alimentos infantiles sin base de cereales,…) y facilitar estos datos a la EFSA todos los años.

2-. Recomendación 2013/647: los Estados miembros junto con la industria tienen que investigar los métodos de producción en los casos en los que el nivel de acrilamida supere el valor indicativo (y establece valores indicativos para cada categoría de alimentos).

¿Qué pasa si efectivamente esos valores indicativos se están superando? Que los Estados miembros trabajarán conjuntamente con la industria para mejorar los procesos de producción y reducirlos.

Sin sanción ni otras repercursiones.

En 2006 la industria publicó la primera “Caja de Herramientas” (Acrylamide toolbox): un documento en el que se recogen las prácticas que la industria debe aplicar para evitar la formación de acrilamida (la última edición es del año 2013).

Sin embargo, la propia Recomendación 2010/307 de la Comisión reconocía que en los últimos datos de 2009 no había una tendencia a la reducción de acrilamida y que “no estaba claro si en aquel momento la caja de herramientas de la acrilamida había tenido los efectos deseados”.

Porque al fin y al cabo la Caja de herramientas no es más que eso, herramientas que la industria puede poner en marcha o no. Un código de buenas prácticas.

La verdad es que una de las conclusiones a las que llegó el informe científico de la EFSA en 2015 es que es imposible eliminar totalmente la acrilamida de los productos alimentarios.

Pero sí puede reducirse y minimizarse. Y reduciendo la exposición se reduce el riesgo.

Así que, en resumen, lo que hay ahora mismo es un límite de acrilamida en el agua, dos recomendaciones de la Comisión Europea que no son obligatorias, (no crean derechos ni obligaciones en los destinatarios, pero pueden ofrecer orientaciones en relación con la interpretación y el contenido del Derecho de la Unión) y una declaración de intenciones de la industria.

¿Toda la Unión Europea funciona igual?

No. Como ya has visto con el caso de las grasas trans), Dinamarca ha tomado la delantera.

En 2015, Dinamarca consideró que sus consumidores no estaban suficientemente protegidos con los valores indicativos propuestos por la Comisión Europea así que establecieron límites indicativos más bajos en su territorio.

En Alemania también se ha establecido un sistema propio más restrictivo con la participación del Gobierno y la industria. Con límites máximos que se revisan cada año para mantenerlos o bajarlos.

¿La legislación se va a quedar así?

Ahora es el momento en que puede cambiar algo.

En estos momentos la Comisión Europea está debatiendo un borrador para que la normativa de control de acrilamida sea más dura.

acrilamida parlamento EU

Pero por lo que ha trascendido hasta ahora, los cambios son muy ligeros: si algún sector incumple los códigos de buenas prácticas podrían establecerse niveles máximos de acrilamida y habrá una revisión formal en un plazo de tres años para asegurarse de que la industria está cumpliéndolos.

Las asociaciones europeas de consumidores (como SAFE o BEUC) no están conformes con estos pequeños avances. Insisten en que los valores indicativos han fracasado y no han servido para reducir el contenido en acrilamida y reclaman que se establezcan niveles máximos de obligado cumplimiento.

Para las asociaciones, el borrador parte de una mala base. Y es que se fundamenta en una norma sobre higiene (Reglamento 852/2004) cuando lo correcto sería hacerlo sobre la de contaminantes (Reglamento 1881/2006).

La industria por su parte sí apoya estas modificaciones propuestas en el borrador. Argumenta que establecer niveles máximos sólo serviría para que los procesos se ajustasen a esos niveles y no se harían mejoras para ir reduciéndolos.

En todo caso apuestan por hacer que los códigos de buenas prácticas sean obligatorios.

Se prevé que la Comisión vote estas modificaciones en 2017, pero no hay fecha a la vista. Hasta entonces no sabremos si finalmente la acrilamida está entre los contaminantes para los que se establecen niveles máximos (recogidos en el Reglamento 1881/2006).

[Actualización 21.11.17: ya se ha publicado el Reglamento 2017/2158 que entra en vigor el 11 de abril de 2018 y  exige a las empresas tomar medidas para reducir los niveles de acrilamida en los alimentos.

Sin embargo, no se establecen límites máximos sino que se exige a los explotadores de la industria alimentaria que establezcan medidas para mitigar la presencia de acrilamida en determinados alimentos de forma que permanezca por debajo de unos niveles de referencia.

Si estos valores se superan, el Reglamento obliga a revisar las medidas implantadas.]

¿Cómo puede reducirse el contenido en acrilamida?

Y después de todas estas premisas sobre cómo está regulada la acrilamida es posible que te parezca irresponsable que la Unión Europea no sea más restrictiva.

Pero piensa que la cantidad de acrilamida que consumes de alimentos procesados es limitada (voy a pensar que comes más alimentos cocinados por ti mismo que procesados…¿verdad?).

Como sólo se forma con determinados procesos de cocción, en realidad la cantidad que consumas depende en gran parte de tu forma de cocinar.

La buena noticia es que hay maneras de que, ya que su formación no se puede evitar, por lo menos no se dispare.

La próxima vez que te enfrentes a unas patatas, croquetas o rebanada de pan blancuzco que pide a gritos un tostador, ten en cuenta estas recomendaciones:

  1. No superar los 175ºC. Si estás preparando un alimento ya procesado (patatas congeladas, croquetas, empanadillas, pan precocinado…) sigue bien las instrucciones que indica el fabricante.
  2. La mayor parte de la acrilamida se forma al final de la fritura. Si empiezas friendo a 170-175ºC y hacia la mitad del cocinado la bajas a 140ºC conseguirás que haya menos.
  3. Fíate del color: como has visto, la campaña de Reino Unido se centra en el color del alimento. Quédate en un dorado suave y no vayas a tostados muy intensos….por deliciosos que estén.
  4. El tipo de procesado importa: si cocinas el alimento en el horno incluso a la temperatura máxima, la cantidad de acrilamida formada será considerablemente menor que si lo fríes.
  5. Guarda las patatas siempre fuera del frigo y a temperaturas superiores a 8ºC. Por debajo de esta Tª se incrementa la actividad enzimática que destruye el almidón e incrementa los azúcares reductores (facilitando la formación posterior de acrilamida en el cocinado).
  6. Reduce la superficie del alimento: ¿cómo puedes hacerlo?, troceando o cortando en trozos más grandes (que tendrán una relación superficie/volumen más pequeña). Si las patatas o el pan son muy finos tendrán una relación superficie/volumen grande y se formará más cantidad de acrilamida.
  7. Cuanta más agua tenga el alimento, menos acrilamida se forma. No te voy a decir que midas la humedad de cada rebanada de pan pero sí está comprobado que sumergir las patatas en agua antes de echarlas en la sartén es una buena práctica.
  8. En cuanto al café…no hay remedio posible. Como lo normal es que compres el café ya procesado (tostado), es la industria la que tiene que aplicar medidas para que el contenido en acrilamida sea lo más bajo posible. Por el momento las posibilidades que tiene la propia industria son muy escasas porque cualquier variación en el procesado tendría efectos sobre el aroma y el sabor y, en el caso del café, son características fundamentales.

Si quieres saber más, la Aecosan ha publicado una serie de recomendaciones para reducir la exposición a acrilamida al cocinar en casa, las puedes encontrar aquí.

(No lo he dicho por ser una obviedad, pero si fumas o respiras habitualmente el tabaco de otros la acrilamida que menos te tiene que preocupar es la de los alimentos.)

Y una curiosidad…ahora que la acrilamida empieza a formar parte de las preocupaciones de los consumidores, fíjate bien en las etiquetas.

Quizá también lleguen aquí snacks que se anuncian como libres de acrilamida…cuando lo raro sería que la tuvieran porque no están horneados ni fritos, sólo se han deshidratado sin un tratamiento térmico.

Puede ser una estrategia de marketing que capte algunos consumidores fieles (y asustados), pero es otro caso como el de la leche sin gluten, un puro reclamo.

En definitiva….

No se puede evitar la exposición a la acrilamida, pero si puedes reducirla siguiendo unas pautas sencillas.

En los próximos meses veremos si hay una normativa más severa para los productos procesados.

Y mientras tanto, una de las recomendaciones de la FSA es mantener una dieta variada y saludable. Si solo quieres quedarte con un mensaje, quédate con ese: la dieta tiene un papel fundamental.

Menos procesados, más comida real. Eso sí lo puedes decidir tú.

¿Te gustan los alimentos “requemados”? ¿Has visto noticias estos días sobre la acrilamida? Cuéntame en los comentarios.

acrilamina enlace a Nutella

Grasas trans: ¿qué va a hacer la Unión Europea?

Se avecinan cambios.

La Unión Europea no puede dilatarlo por mucho más tiempo, así que todo parece indicar que en los próximos meses tendremos una nueva política europea sobre las grasas trans.

Restringir este tipo de grasas es importante porque tienen un efecto negativo probado sobre la salud. Y siguen formando parte de muchos alimentos.

Sigue leyendo porque vas a enterarte bien de qué son y de cómo se prevé que se reduzcan en Europa.

[Actualización 10.10.2018: La Comisión Europea ha publicado un borrador de Reglamento que limita la presencia de grasas trans de origen industrial a 2g/100g a partir de abril de 2021. Tienes más información en este artículo de José María Ferrer en Ainia]

¿Qué son las grasas trans?

El Reglamento 1169/2011 los define como los ácidos grasos que poseen, en la configuración trans, dobles enlaces carbono-carbono, con uno o más enlaces no conjugados (a saber, interrumpidos al menos por un grupo metileno).

¿Cómo se traduce esto?

Las grasas (o ácidos grasos) se encuentran en forma saturada o insaturada.

Cada átomo de carbono que forma las cadenas de ácidos grasos pueden establecer hasta cuatro enlaces con otros átomos.

Los ácidos grasos saturados (AGS) son los que tienen las cadenas de carbonos llenas hasta el límite de su capacidad, “saturadas” de átomos de hidrógeno. En las grasas de origen animal, aproximadamente el 50% de los ácidos grasos son saturados y el 50% insaturados.

Los átomos de carbono de los ácidos grasos insaturados (AGI) tienen algunos dobles enlaces entre sí, de manera que todavía “caben” hidrógenos. La mayoría de las grasas vegetales (hay excepciones como el aceite de palma y de coco) tienen un 85% de ácidos grasos insaturados y un 15% de grasas saturadas. Son líquidas a temperatura ambiente.

Las  grasas saturadas en cambio son sólidas a temperatura ambiente y son más estables que las insaturadas, así que tardan más tiempo en ponerse rancias.

Estas dos características hace que la industria alimentaria las prefiera por razones tecnológicas (son más fáciles de manejar y los productos duran más) y económicas (los aceites vegetales son abundantes y baratos).

Y si además se puede decir que el producto lleva aceites 100% vegetales, el consumidor también estará más contento (las percibe como grasas más saludables que las de origen animal).

Sólo hay que pensar en la reputación que tenía la mantequilla (grasas saturadas que se relacionaban con riesgo cardiovascular y colesterol, los últimos estudios apuntan a que era una creencia errónea) y en la de la margarina (grasas insaturadas de origen vegetal que ya sólo por eso merecían nuestras alabanzas).

¿Cómo consigue la industria que los aceites vegetales tengan las características deseables de las grasas animales? Hidrogenando las grasas, es decir, ocupando los dobles enlaces de los ácidos grasos insaturados con átomos de hidrógeno. Saturando las cadenas.

Hidrogenando las grasas insaturadas se consiguen características deseables para la industria

El problema aparece precisamente en el proceso de hidrogenación. Porque no sólo se añaden átomos de hidrógeno sino que se cambia la configuración espacial, la manera de organizar la cadena, y darán una geometría distinta: aparecen los ácidos grasos trans (AGT).

grasas trans quimica

Configuración química de los ácidos grasos cis (CH3 en el mismo plano) y trans (CH3 en distinto plano)

Así que las grasas trans (o ácidos grasos trans) son un tipo de ácidos grasos insaturados (con dobles enlaces) que se saturan artificialmente añadiéndoles átomos de hidrógeno (que “abren” esos dobles enlaces).

No todas las grasas trans provienen de una reacción industrial de hidrogenación. También hay grasas trans en forma natural, producidas en el intestino de los rumiantes por microorganismos que hidrogenan ácidos grasos insaturados.

Estas grasas trans de origen natural aparecen en productos lácteos y carne de rumiantes en una cantidad entre 2-9% del contenido total de grasa.

Sin embargo no son preocupantes por varios motivos.

1-. Su aportación al total de grasas trans que aparecen en los alimentos es escasa. Si para una dieta de 2000kcal suponemos que se consume el 10% de la energía total en forma de grasa saturada (que la OMS recomienda como consumo máximo) tendremos que 200kcal proceden de AGS (lo que supone 22 gramos de AGS).

Pongamos que la única fuente de esos AGS son productos procedentes de rumiantes (carne y lácteos). Como la grasa de los rumiantes tiene una proporción de 50% AGS  y 50% AGI, tendríamos que consumir 44g de grasa (AGS+AGI), de la cual sólo el 3% aproximadamente son ácidos grasos trans, es decir 1,32g AGT.

Pues después de todos estos (improbables) supuestos, finalmente la contribución total de los AGT naturales procedentes de rumiantes a nuestra dieta serían de 11,88kcal: 0,6% de la energía de la dieta provendría de AGT (que estaría incluso por debajo del 1% de la energía total que la OMS recomienda que provenga de estas grasas).

2-. Los estudios que se han hecho al respecto, aunque no muestran resultados concluyentes, sí apuntan a que los AGT de origen natural no actúan sobre la salud igual que los AGT industriales (los efectos serían menos negativos o incluso positivos dependiendo de la investigación). Luis Jiménez te lo cuenta en profundidad y con absoluto rigor en su blog “Lo que dice la ciencia para adelgazar”.

La OMS estableció en 2009 que hasta la fecha no hay evidencia de que los AGT de origen natural estén asociados con riesgo coronario en las cantidades consumidas habitualmente.

Las grasas trans de origen natural no son el problema.

En el resto del artículo voy a hablar de grasas trans pero siempre para referirme a las de origen industrial, que son las que preocupan…y tienen los días contados.

¿Hay diferencias entre las grasas parcialmente hidrogenadas y las totalmente hidrogenadas?

Sí.

Desde el punto de vista tecnológico, las grasas totalmente hidrogenadas son más duras que las parcialmente hidrogenadas y tienen una consistencia como la cera. Y no son cualidades deseadas por la industria ya que son más difíciles de manejar y dan a los productos finales texturas menos apetecibles.

A través de procesos químicos se pueden mezclar (interesterificación, los ácidos grasos se redistribuyen dentro de las grasas) con grasas poliinsaturadas como aceite de girasol o soja para conseguir mejores características finales.

Las grasas totalmente hidrogenadas no contienen ácidos grasos trans

Y en relación con los efectos sobre la salud, el proceso de hidrogenación completa hace que las  grasas resultantes (totalmente hidrogenadas) no tengan ácidos grasos trans, así que se evitan las consecuencias negativas asociadas a estas grasas.

¿En qué productos puedes encontrar las grasas trans?

Estas grasas aparecen en muchos productos: bollería y confitería (galletas incluidas), pizzas, salsas, cremas untables (como las de quesos), margarinas y productos cocinados con ellas, helados, palomitas, precocinados, fast food…

grasas trans foto

Como verás más adelante, hay una manera de identificarlos en la etiqueta (aunque no es fácil y, lógicamente, sólo podrás hacerlo en los productos envasados).

¿Qué efectos tienen sobre la salud?

Es cierto que en nutrición las investigaciones pueden dar resultados contradictorios o incluso desmentir lo que parecían hechos (como ha pasado con el colesterol dietético que los últimos estudios evidencian que no incrementa la cantidad de colesterol en sangre o como sucedió hace ya años con el aceite de oliva que pasó de demonio a ángel).

Sin embargo, en relación con los ácidos grasos trans, el consenso científico es inamovible.

En 2009, la OMS publicó una revisión científica sobre las consecuencias de las grasas trans para la salud en el que participaron 21 expertos que revisaron las evidencias tanto experimentales como epidemiológicas.

Concluyeron que el consumo de ácidos grasos trans afecta negativamente a múltiples factores de riesgo cardiovascular y contribuyen significativamente a aumentar el riesgo de enfermedades coronarias.

Los estudios sugieren que los AGT pueden empeorar la resistencia a la insulina, especialmente en personas predispuestas con factores de riesgo como resistencia a la insulina preexistente, adiposidad visceral o baja actividad física.

Finalmente, la OMS recomienda que la ingesta de AGT debe ser menor al 1% de la ingesta de energía diaria.

En EEUU, la FDA (Food and Drug Administration) ha llegado más lejos. Porque directamente ha prohibido a la industria alimentaria el uso de ácidos grasos trans.

En 2013, la FDA estableció que los AGT ya no podían ser considerados GRAS (generally recognized as safe).

GRAS es la designación que se utiliza en EEUU para las sustancias que se añaden a los alimentos y son consideradas seguras y por lo tanto no tienen que ser revisadas por la FDA para utilizarse en la industria alimentaria.

En 2015, la FDA publicó una determinación final por la que se prohibió el uso de grasas trans en los alimentos procesados. La industria tiene hasta junio de 2018 para ir eliminando estas grasas de sus productos.

Aún así, en EEUU se va a mantener el etiquetado de grasas trans incluso después de 2018 porque como te he contado, algunos alimentos tienen AGT de origen natural que no pueden eliminarse. Etiquetando de esta forma los consumidores sabrán la cantidad de AGT naturales y podrán elegir mejor los productos que consumen.

La EFSA, basándose en la opinión científica de 2010 sobre valores dietéticos de referencia, establece que el consumo de AGT debe mantenerse tan bajo como sea posible.

Pero en Europa solo están limitadas legalmente en alimentos para lactantes a través del Reglamento Delegado 2016/127, que los limita a un máximo del 3% de la grasa total.

Con todos estos datos, ¿qué va a pasar en la Unión Europea con las grasas trans?

Algunos países de la Unión Europea han desarrollado sus propias normas para evitar el consumo de grasas trans.

En 2003, Dinamarca fue el primer país de la UE que limitó la cantidad de AGT, estableciendo un límite de 2g de AGT por cada 100g de grasa. Posteriormente, Austria, Hungría y Letonia han adoptado medidas similares.

Por otro lado, Reino Unido, Bulgaria, Malta, Eslovaquia y Finlandia han establecido recomendaciones dietéticas nacionales sobre los AGT.

Estas diferencias entre países dentro de la propia Unión Europea pueden suponer problemas en el mercado tanto interior como exterior (los países con restricciones evitan productos de países en los que están permitidos los AGT).

Para que los consumidores sepamos qué productos tienen AGT, el Reglamento 1169/2011 obliga a que los alimentos que contengan aceites refinados de origen vegetal que contengan grasas hidrogenadas lo indiquen en la etiqueta especificando si son “grasas parcialmente hidrogenadas” o “grasas totalmente hidrogenadas”.

Las grasas trans sólo estarán en los productos con grasas parcialmente hidrogenadas.

Pero este sistema no ayuda a que la mayoría de los consumidores puedan elegir productos saludables.

La legislación tiene que pensar en el consumidor medio, que no tiene por qué tener vastos conocimientos de nutrición y de alimentos.

Con esta norma se exige a los consumidores saber que “grasa parcialmente hidrogenada” se corresponde con grasas trans y que las parcialmente hidrogenadas y las totalmente hidrogenadas no tienen los mismos efectos sobre la salud.

Además, con este Reglamento desaparece la posibilidad de que la industria indique voluntariamente la cantidad de grasas trans que contiene sus productos.

En Europa no se permite indicar voluntariamente en el etiquetado el contenido en grasas trans

El Reglamento tiene una lista cerrada de la información que puede incluirse de forma voluntaria en la etiqueta y la indicación de grasas trans no está contemplada por lo que no puede hacerse.

grasas trans etiquetado eeuu

EEUU etiqueta las grasas trans (y seguirá haciéndolo a partir de 2018 para identificar las de origen natural). En Europa no es obligatorio y no está permitido indicarlo voluntariamente.

También se contemplaba que la Comisión elaborase un informe sobre la presencia de grasas trans en los alimentos y en la dieta en la UE y que presentase una propuesta legislativa.

El informe de la Comisión se publicó finalmente en 2015 (con un año de retraso sobre la fecha límite) y propone las siguientes posibles estrategias:

1-.Etiquetado obligatorio de las grasas trans: incentivaría a la industria para reducir la cantidad de grasas trans de sus productos y facilitaría a los consumidores hacer elecciones saludables.

Sin embargo, el propio informe reconoce que pocos consumidores (se estima que 1 de cada 3) conocen los efectos de las grasas trans, por lo tanto el etiquetado no solucionaría el problema.

Además, esto sólo serviría para las grasas trans en los alimentos envasados. Los consumidores seguirían consumiendo sin saberlo grasas trans en productos no envasados, en restaurantes…

Como colofón, productos similares con distinto contenido en AGT tendrían precios diferentes de manera que los consumidores con menos ingresos tenderían a optar por los productos más baratos (que contendrán más AGT).

2-. Introducir un límite legal a cantidad de grasas trans que puede haber en los alimentos procesados.

En países que han impuesto este tipo de restricción se ha reducido el consumo de estas grasas (en Dinamarca el consumo medio es de 0,01 a 0,03g AGT por día -0,0045% al 0,0135% de la energía total, muy por debajo del 1% recomendado por la OMS).

Esta es la opción propuesta por BEUC, que agrupa a 42 asociaciones de consumidores de los países miembros de la Unión Europea.

Los consumidores comprarían siempre productos saludables sin tener que comprender datos excesivamente técnicos del etiquetado.

Y se evitaría la fragmentación del mercado interior y exterior ya que todos los productos de la UE cumplirían con los mismos requisitos. Al establecer los límites se tendría en cuenta también la regulación de EEUU para evitar barreras bilaterales en el comercio.

3-. Acuerdos voluntarios para reducir los AGS en los productos alimentarios y en la dieta. Supone dejar a la voluntad de la industria la reformulación de sus productos.

En países como Holanda ha sido eficaz, pero es inocente pensar que toda la industria alimentaria en todos los países de la UE va a alcanzar el mismo nivel de compromiso.

4-. Establecer directrices europeas para que cada país tome medidas a nivel nacional: sólo serviría para fragmentar el mercado y que los países con medidas más restrictivas no comprasen alimentos con contenido en AGS más altos de países con medidas laxas.

(Un estudio sobre el impacto económico de las distintas medidas propuestas por la UE para reducir el consumo de AGTs publicado en la American Journal of Clinical Nutrition en 2016 concluyó que imponer límites legales a la cantidad de AGTs es la opción que produce mejores resultados sobre la salud.)

¿La conclusión de este informe de la Comisión publicado con un año de retraso y solicitado desde 2011? Que hay que seguir trabajando sobre este asunto para ver cómo puede reducirse el consumo de AGTs en la Unión Europea.

Con esta “agilidad” no es extraño que en Octubre de 2016, el Parlamento Europeo adoptase una resolución (por 586 votos a favor y 19 en contra) reclamando que Europa establezca un límite a las grasas trans en los alimentos procesados.

¡Pero si hasta la propia industria se ha dirigido a la Comisión para que las regule!

En 2015, en una carta abierta, 4 grandes industrias alimentarias junto con organizaciones sanitarias y la Organización de los derechos de los consumidores europeos (BEUC) solicitaron a la Comisión Europea que limitase a 2g de AGTs por cada 100g de grasa (el mismo límite establecido por Dinamarca).

Puede que los intereses de la industria al firmar esta carta no sean el fomento de la salud de los consumidores.

Seguramente lo que se busca sea competir en igualdad de circunstancias con otras industrias que no han adoptado ninguna medida para reducir las grasas trans (y obtienen mayores rendimientos por sus productos) y poder moverse en el mercado interior y exterior (fundamentalmente EEUU) sin restricciones.

Pero en cualquier caso pone de manifiesto que ahora mismo las grasas trans son la patata caliente de la regulación alimentaria en Europa.

Algunos países dentro y fuera de la Unión Europea se lo han tomado en serio, han regulado (y prohibido en algunos casos) las grasas trans y están obteniendo buenos resultados.

Y los hechos hacen pensar que la UE está a punto de hacerlo.

Es urgente. Porque ya no es una cuestión de rendimiento empresarial sino que es un asunto de salud pública.

Esperemos tener buenas noticias…muy pronto.

¿Sabías lo que son las grasas trans? ¿Qué opción te parece mejor para regularlas? Te espero en los comentarios.

La Nutella provoca cáncer (o por qué debes dudar de algunas noticias)

¿Te has enterado?

Ha sido un auténtico torbellino en los medios de comunicación y en las redes sociales durante la última semana.

La Nutella provoca cáncer.

Así, sin atenuantes.

Y es que en un momento de sobredosis de información parece que sólo los titulares más sensacionalistas pueden superar el filtro de unos usuarios hambrientos de noticias resumidas en 140 caracteres.

Te preguntarás, ¿no hay entonces nada de cierto? ¿Puedo comer Nutella sin miedo?

Vamos a “destriparlo”.

¿De dónde sale la noticia?

Hasta donde he podido averiguar, todo surge el 11 de enero a raíz de una nota de prensa de dos corresponsales de la Agencia Reuters en Italia que dice «Nutella maker fights back on palm oil after cancer risk study” (El fabricante de Nutella contraataca sobre el aceite de palma tras el estudio sobre cáncer”).

En la nota de prensa se indica que, mientras otras empresas boicotean al aceite de palma, Ferrero (fabricante de Nutella), se ha manifestado públicamente a favor de este ingrediente que es fundamental en su receta (el aceite de palma es un tercio de la composición final).

Durante los últimos tres meses, una campaña publicitaria con la excusa del 70 aniversario de Ferrero ha invadido la televisión italiana y la prensa con anuncios a toda página.

Nutella YouTube

La campaña resalta que el aceite de palma es seguro desde el punto de vista de la inocuidad alimentaria.

Vincenzo Tapella, manager de compras de Ferrero, aparece en el anuncio asegurando que Como todos los aceites vegetales de calidad, nuestro aceite de palma es seguro, proviene de fruta fresca y de fuentes sostenibles.

Porque la inocuidad de este aceite ha sido el origen de la polémica.

En mayo de 2016, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria emitió a petición de la Comisión Europea una opinión científica sobre contaminantes en aceites vegetales (entre las que está el aceite de palma).

El informe indica que durante el procesado de aceite de palma y otros aceites vegetales (y también en margarinas y algunos alimentos procesados) aparecen contaminantes derivados del glycidol que son preocupantes para la salud de los consumidores, especialmente la de los más jóvenes.

Estos compuestos se forman por el tratamiento de los aceites vegetales a altas temperaturas (200ºC).

El aceite de palma tiene que tratarse a altas temperaturas en el procesado para eliminar el color rojizo y algunos compuestos de la oxidación que le darían mal sabor y olor. Ferrero se defiende resaltando que el procesado que ellos aplican utiliza temperaturas por debajo de ese límite de 200ºC.

Entre los compuestos que se forman preocupa especialmente los ésteres gliciril de ácidos grasos (GE) que se transforman en glycidol tras la ingestión.

El glycidol es genotóxico y carcinogénico por lo que Helle Knutsen, jefa del Panel de Contaminantes de la Cadena Alimentaria de la EFSA, indicó que no se puede establecer un nivel de ingesta seguro para estos ésteres.

Pero el informe de la EFSA no tiene un carácter legislativo.

Es decir, servirá para que, si llega el caso, las autoridades europeas elaboren políticas regulatorias sobre estos aceites.

La Unión Europea no ha prohibido su uso ni ha hecho ninguna recomendación a los consumidores para que prescindan de ellas en su dieta.

En todo caso, la regulación se aplicaría sobre los límites de GE que pueden contener los alimentos, pero no sobre el uso del aceite de palma.

Fuera de Europa, tampoco la FDA (Federal Drug Administration) de EEUU ni la OMS las prohíben.

Ante esta polémica, ¿no podrían cambiar de ingrediente?

Ateniéndonos a aspectos puramente tecnológicos, sí podrían.

Pero cuando las industrias elaboran los productos alimentarios tienen en cuenta muchos más aspectos.

Siendo realistas, es verdad que no pueden considerarse sólo los factores tecnológicos.

Pensando en cualquier producto (no solo Nutella) si sólo atendemos a esto se podrían utilizar ingredientes con unas propiedades soberbias (que retengan agua, que den cremosidad, que sean fácil de manejar…) pero que diesen un producto inviable por sus características organolépticas finales, por la complejidad para elaborarlo, por la limitación para conseguir esos ingredientes…o por su precio.

Y es lógico que, como industria, se barajen todos estos factores.

Otra cosa es cómo repercutan esas decisiones en las elecciones de los consumidores, cada vez más exigentes con los productos que compramos. Aunque innegablemente estamos condicionados por muchas variables (precio, publicidad, presión social, alegaciones de propiedades saludables y nutricionales…) todavía tenemos cierta capacidad de maniobra.

En este caso, Ferrero descarta la posibilidad de elaborar la Nutella con otro tipo de grasa porque Fabricar Nutella sin aceite de palma produciría un sustituto inferior del producto original, sería un paso atrás.

La propia agencia Reuters señala en su nota de prensa que cambiar de ingrediente supondría un gasto extra de entre 8 y 22 millones de dólares al año, ya que el aceite de palma tiene precios más bajos que sus posibles sustitutos.

Seguramente este dato también tiene su peso en la decisión.

Si el problema no es la Nutella sino el procesado del aceite de palma, ¿afecta a todos los productos con aceite de palma?

Si. A todos.

Y son muchos.

Desde la entrada en vigor del Reglamento 1169/2011  se tiene que indicar en el etiquetado de los ingredientes el origen de los aceites vegetales. Es decir, que si un alimento lleva aceite de palma lo podrás localizar fácilmente como “aceite” o “grasa” de palma (y ya no vendrá disfrazado detrás del nombre genérico “aceites vegetales” que tanto se usaba antes del Reglamento –y que sonaba fenomenal-).

Simplemente echa un vistazo la próxima vez que vayas al supermercado. No hace falta que busques mucho. Puedes coger aleatoriamente una margarina, pan de molde, biscotes, galletas, postres lácteos y todo tipo de alimentos infantiles.

De hecho, la importación de aceite de palma en países como EEUU y España no ha hecho más que aumentar en los últimos años.

Según datos de la FAO, la compra de aceite de palma en EEUU en el año 2013 (último dato disponible) que fue de 1.373.179 toneladas había multiplicado por 8 la cantidad adquirida en el año 2000, cuando se adquirieron 165.109 toneladas.

La misma comparación en España: en el año 2000 se compraron 144.512 toneladas y en 2013 subió hasta 902.789 toneladas, 6 veces más.

Se da la circunstancia de que con la prohibición de las grasas trans en EEUU (desde 2013 ya no se reconocen como sustancias seguras y la industria tiene de plazo hasta 2018 para eliminarlas de sus productos), el aceite de palma toma la delantera como el sustituto perfecto.

Probablemente empezará a aparecer cada vez en más productos a medida que se dejen de utilizar las grasas trans.

¿Los contaminantes cancerígenos son el mayor problema asociado al aceite de palma?

Posiblemente no.

En una dieta saludable el consumo de productos con aceite de palma debería ser bastante esporádico (por no decir casi nulo).

Pero asumamos la realidad.

Y es que para una gran parte de la población forman parte de su dieta diaria (ya has visto que está en cantidad de productos de consumo habitual).

Y es una grasa con aproximadamente un 50% de ácidos grasos saturados.

En este momento no hay consenso científico sobre la repercusión del consumo de grasa en la salud.

Hasta hace pocos años se pensaba que, sin duda, las grasas favorecían la aparición de obesidad.

Y de ahí se pasó a considerar la importancia de las grasas en la dieta no por su cantidad sino por su calidad (¿alguien afirma ahora que el aceite de oliva virgen debe eliminarse de la dieta?, ¿tienen la misma repercusión sobre la salud los ácidos grasos de los frutos secos que los de la bollería industrial?).

Ahora mismo, frente a la creencia ciega de que las grasas saturadas elevan el riesgo cardiovascular, algunos estudios recientes parecen desmentir estos dogmas. Pero no son determinantes (puedes leer más en el documento de consenso de la FESNAD sobre grasas y estos posts de Juan Revenga y Javier Yanes que enlazan numerosos estudios científicos)

Con este panorama y hasta que la investigación sea más concluyente, lo más responsable es acudir a las recomendaciones sobre el consumo de grasas que algunos organismos:

1-. La EFSA publicó en 2010 una opinión científica sobre los valores dietéticos de referencia para las grasas y concluyó que la ingesta de ácidos grasos saturados debe ser tan baja como sea posible en el contexto de una dieta nutricionalmente adecuada.

2-. La OMS en una nota descriptiva de 2015 dice que los datos científicos de que se dispone indican que las grasas no deberían superar el 30% de la ingesta calórica total para evitar un aumento de peso, lo que implica dejar de consumir grasas saturadas para consumir grasas no saturadas y eliminar gradualmente las grasas industriales de tipo trans.

Y que el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles disminuye al reducir el consumo de grasas saturadas a menos del 10% de la ingesta calórica diaria, y de grasas de tipo trans a menos del 1%, y al sustituir esas grasas por las grasas no saturadas.

En sus recomendaciones para adultos está limitar el consumo de grasa al 30% de la ingesta calórica diaria. Las grasas no saturadas (presentes, por ejemplo, en el aceite de pescado, los aguacates, los frutos secos, o el aceite de girasol, canola y oliva) son preferibles a las grasas saturadas (presentes, por ejemplo, en la carne grasa, la mantequilla, el aceite de palma y de coco, la nata, el queso, el ghee y la manteca de cerdo). Las grasas industriales de tipo trans (presentes en los alimentos procesados, la comida rápida, los aperitivos, los alimentos fritos, las pizzas congeladas, los pasteles, las galletas, las margarinas y las pastas para untar) no forman parte de una dieta sana.

3-. El Gobierno de EEUU en su guía de recomendaciones dietéticas 2015-2020 coincide con la OMS e indica que el consumo de grasas saturadas debería limitarse a menos del 10% de las calorías diarias (22g de ácidos grasos saturados en una dieta tipo de 2.000kcal). También dice que se deben sustituir por grasas mono y poli insaturadas ya que este cambio se asocia con una reducción del riesgo cardiovascular y de la concentración de colesterol y LDL en sangre.

4-. La FESNAD (Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética) en su Consenso sobre las grasas y aceites en la población adulta española publicado en 2015 recomienda sustituir ácidos grasos saturados por ácidos grasos mono o poliinsaturados para mejorar el perfil lipídico (grado de recomendación A), sustituir ácidos grasos saturados por poliinsaturados para reducir la enfermedad cardiovascular (grado de recomendación A) e indica que con los datos actuales no es oportuno establecer un umbral preciso de ingesta recomendada de ácidos grasos saturados (AGS) en la población española, pero se recomienda reducir el consumo de alimentos que los contienen en exceso, como la mantequilla, así como de alimentos que, además de AGS, pueden contener compuestos nocivos, como la mantequilla y algunas carnes procesadas (con un grado de recomendación B).

Consumo de grasa saturada (expresada en % de energía) para adultos a partir de 20 años (2010)

nutella grasas

Fuente British Medical Journal. Global, regional, and national consumption levels of dietary fats and oils in 1990 and 2010: a systematic analysis including 266 country-specific nutrition surveys.

Por lo tanto, y ciñéndome a las recomendaciones de estos organismos, el aceite de palma tiene un perfil de ácidos grasos que no la hacen adecuada en una dieta saludable, por muy vegetal que sea.

Que es peor, ¿qué no sea adecuada nutricionalmente o la posible presencia de contaminantes cancerígenos?

No entraré a valorar si uno de los dos factores pesa más que otro.

Pero lo que sí reitero es que los principales organismos internacionales responsables de velar por la seguridad alimentaria no desaconsejan el consumo de este aceite a pesar de este riesgo de contaminación pero todos ellos recomiendan reducir el consumo de grasas saturadas, entre las que se encuentra el aceite de palma.

Por lo tanto, cualquier decisión sobre consumir o no Nutella debería obedecer más a criterios nutricionales (hay razones de peso para evitarla) que al miedo a la posible contaminación.

La peor campaña de comunicación del mundo

Esta no es la primera batalla en la que se encuentra inmersa Nutella, aunque puede ser la más importante por su repercusión internacional.

En 2015 la Ministra francesa de Medio Ambiente, Ségolène Royal, llamó al boicot de los consumidores a esta crema de cacao asegurando que usar aceite de palma contribuía a la deforestación en Asia y Latinoamérica.

(El aceite de palma está en el punto de mira desde un punto de vista medioambiental. Por eso el “exitoso” anuncio de Ferrero y su página web insiste en que su aceite procede de fuentes sostenibles)

Posteriormente tuvo que pedir perdón ya que Ferrero compra este producto a fuentes que operan con responsabilidad ambiental (e incluso Greenpeace se opuso al boicot).

También en Italia, su país de origen, Nutella está empezando a encontrarse con problemas.

Al hilo del informe de la EFSA, COOP, la mayor cadena de supermercados de Italia, anunció en mayo de 2016 que retiraba de sus estantes hasta 200 productos de su propia marca por contener aceite de palma.

Aunque Nutella no estaba entre los productos afectados, la decisión de COOP ha vuelto a ser protagonista estos días tras la nota de Reuters.

Pero si el objetivo de cualquier empresa con una campaña de comunicación es vender sus productos o generar una imagen de marca positiva, la de Ferrero ha sido el ejemplo de qué no hacer.

Porque con esta publicidad y usando la máxima “la mejor defensa es un buen ataque” ha conseguido durante la última semana (y lo que quedará), que la Nutella, su producto estrella, se haya convertido en el próximo alimento a descabezar (y por las razones incorrectas).

Y que un informe de la EFSA de mayo de 2016 que era negativo para su producto pero que para Nutella había tenido una repercusión moderada y restringida a Italia, vuelva con mucha más fuerza pero esta vez a escala internacional.

La campaña publicitaria para mejorar la imagen del producto ha sido contraproducente

Veremos cómo evoluciona la “noticia”, pero si sigue su curso todo apunta a que la Nutella será la protagonista de la siguiente leyenda urbana alimentaria.

Antes ya lo fueron la sacarina que provoca cáncer, la leche que se trata por UHT una y otra vez (e incluso indica en el tetrabrick el número de tratamientos térmicos a los que se ha visto sometida –gracias Gominolas de Petróleo por tu genial post aclarándolo) y que también provoca cáncer, todos los aditivos porque también provocan cáncer, las cápsulas de café que ¿adivinas? provocan cáncer.

Y así hasta el infinito.

La amenaza del cáncer es la que mejor funciona en estos casos. Otros riesgos, como el cardiovascular, la diabetes tipo 2 o la obesidad, parece que los asumimos mucho mejor (porque si no no se explica que se sigan consumiendo productos cuya relación con estas patologías sí está probada por estudios científicos rigurosos).

Son noticias que asustan a los consumidores y les hacen percibir que se enfrentan a un riesgo para su salud inasumible si comen o consumen el producto en cuestión (a veces no se refieren a alimentos, ¿te acuerdas de las cremas de Mercadona que también provocaban cáncer? José Manuel López Nicolás en su blog Scentia se encarga de aclararte por qué puedes seguir usándolas con total tranquilidad).

Y para que el mensaje del miedo cale son necesarios por lo menos dos factores: que sea un producto muy conocido y consumido casi masivamente y que la alarma verdaderamente asuste.

Como en el caso de Nutella, algunas de estas noticias (que se acaban convirtiendo en creencias firmes) surgen de una información real, con una base científica, pero que tras pasar por el “teléfono escacharrado” de los blogs, confidenciales y redes sociales se distorsiona hasta crear el monstruo.

Y el proceso se produce a una velocidad de vértigo.

Desde la nota de prensa de Reuters  del 11 de enero hasta noticias como “Retiran Nutella de supermercados ante posible riesgo de cáncer” sólo pasaron dos días.

Por suerte, a casi la misma velocidad que surgen los primeros titulares sensacionalistas se intentan desmontar en distintos medios (prensa, blogs como este o este, rrss) con referencias a las noticias originales y sus fuentes (antes de la distorsión), a estudios científicos rigurosos y a la evidencia actual sobre el asunto concreto.

Pero ya no vale.

Porque la rueda se está moviendo y es imparable (¿te recuerdo otra vez las cremas cancerígenas de Mercadona?, porque todavía colean en conversaciones de oficina).

En resumen…

Sí, Nutella podría contener un contaminante potencialmente cancerígeno. Pero cualquier otro producto que incluya el aceite de palma entre sus ingredientes también.

Es habitual que aparezcan noticias alertando de forma alarmista sobre algún producto de consumo. Y puede haber un fondo de certeza.

Pero es necesario que tomemos con calma los titulares que apelan al miedo.

Fíjate en la fuente. No te quedes con el titular. Profundiza en la noticia. Obsérvala con una mirada crítica. Busca lo que dicen otras fuentes fiables.

Es la única manera de no quedar sepultados bajo las avalanchas informativas…de dudosa credibilidad.

¿Te has encontrado alguna vez con una noticia sensacionalista sobre algún alimento? ¿Te ha resultado creíble o la has «desenmascarado» rápidamente? Me encantará leerte en los comentarios.

nutella enlace nutri-mi

Cómo podrías conocer la información nutricional de un vistazo (y elegir el mejor producto)

Enero. Vuelta a la normalidad.

Ahora te toca decidir qué va a ser la normalidad en 2017 para ti. Incorporar de verdad hábitos saludables…o abandonar el intento a mediados de mes.

Me pongo en el primer caso y sé que te interesa conocer qué te aporta cada alimento y si es adecuado para ese estilo de vida.

Estás de suerte. Porque ya sabes que 2016 acababa con la entrada en vigor del etiquetado nutricional obligatorio.

¿Pero no sería genial que con un simple golpe de vista los consumidores pudiésemos saber cuál es el valor nutricional de un alimento? (Sin tener que estudiar tres carreras y dos másters, claro).

Pues muchos países han buscado la manera de conseguirlo.

Te voy a contar cómo se ha tratado de facilitar la comprensión de las etiquetas….y los resultados.

¿La legislación permite presentar la información nutricional de cualquier manera?

Como ya te he contado en posts anteriores, desde hace varios años (antes de la entrada en vigor del Reglamento 1169/2011),  muchas empresas ya facilitaban información sobre el valor nutritivo de sus productos.

La información se podía dar de forma voluntaria, simplemente porque la empresa lo decidía así.

Sólo era obligatoria si en la publicidad o en el etiquetado se hacía alusión a que el producto era saludable o aportaba beneficios nutricionales. Aunque claro, con la cantidad de productos que intentan destacar por estas propiedades, muchos ya estaban obligados a incluir la información nutricional.

Como no había una normativa, los formatos eran muy distintos (tablas, enumerada detrás de los ingredientes, con gráficos…).

Con la entrada en vigor del Reglamento 1169/2011, la información nutricional se debe presentar de forma unificada siguiendo un formato concreto, con toda la información junta y en un orden.

Pero, una vez que se cumple con este requisito, esta información también puede indicarse con otros formatos como gráficos o símbolos, textos y números, que ayuden al consumidor a comprenderla.

Y no sirve cualquier diseño.

Una empresa no puede dejar volar su imaginación y llenar los envases de dibujos sobre el valor nutritivo del producto a voluntad.

Para cumplir con el Reglamento, estas presentaciones adicionales tienen que:

  1. Estar basadas en estudios científicos.
  2. No engañar al consumidor.
  3. Facilitar la comprensión sobre el valor nutricional del alimento.
  4. Estar respaldadas por estudios que prueben que el consumidor medio las entiende.
  5. Estar basadas en las ingestas de referencia que contempla el Reglamento.
  6. Ser objetivas.
  7. Evitar obstáculos al libre comercio.

Las autoridades de cada estado deben vigilar estas formas de presentación de los alimentos que se comercialicen en su territorio e incluso pueden recomendar a la industria que utilice alguno de estos diseños.

Con las experiencias que se recojan en los distintos países de la UE, la Comisión tiene que elaborar un informe (como muy tarde el 13 de diciembre de 2017)  explicando cómo han afectado estas presentaciones al comercio interior y si el sistema funciona o si por el contrario, es más adecuado consensuar su diseño en todos los países.

[Actualización: a 4 de diciembre de 2017, la Comisión no ha elaborado este informe]

En algunos países dentro y fuera de la Unión Europea (ya antes de la entrada en vigor del Reglamento) las autoridades y la industria han intentado desarrollar este tipo de sistemas gráficos que no sólo dieran la información, sino que ayudasen a los consumidores a conocer las características nutritivas del producto y a elegir el mejor según sus circunstancias.

Pero los resultados han sido dispares.

Incluso alguno de los formatos utilizados en algunos países (como el semáforo del Reino Unido) se han criticado duramente en otros países y la Comisión llegó a advertir a Londres para que retirara el sistema.

Estos miembros de la Unión Europea encuentran dos motivos para frenar este etiquetado: por un lado aseguran que los consumidores no entienden el mensaje nutricional, con lo cual el etiquetado falla en su principal objetivo.

Pero además consideran que sus propios productos (que no llevan la información en este tipo de formatos) quedan desprotegidos porque los consumidores los identifican como poco saludables, lo que dificulta su exportación y el libre mercado.

En realidad sólo habría que aplicar dos reglas básicas para que los sistemas funcionen: tienen que ser sencillos y veraces.

¿Cómo funcionan estos sistemas?

Para que te hagas una idea, aquí tienes algunas estrategias que han seguido países dentro y fuera de la Unión Europea para que los consumidores tengan mejor acceso a la información nutricional:

A-. Logos positivos en el frontal de los envases: son logos fáciles de identificar por los consumidores, que les permite hacer elecciones rápidas en un vistazo y escoger el producto más saludable.

Son iniciativas voluntarias, apoyadas por los Gobiernos, basadas en criterios científicos específicos para cada grupo de alimentos y potencian la innovación y el desarrollo.

1-. Cerradura en los países nórdicos (Suecia, Dinamarca, Noruega e Islandia): “Healthy Choices made easy” desarrollado por Suecia en 1989, en 2009 se adhirieron Noruega y Dinamarca y en 2012 Islandia.

Es un sistema al que la industria se puede acoger voluntariamente y que identifica los alimentos que cumplan con sus condiciones con una cerradura blanca sobre fondo verde colocada en el frontal de los envases.

La pueden llevar los productos que, comparados con otros similares, cumplen con uno o varios de los siguientes requisitos:

  1. Con menos grasa y con grasa saludable.
  2. Con menos azúcar.
  3. Con menos sal.
  4. Con más fibra dietética y cereales integrales.

De esta manera permite a los consumidores hacer elecciones saludables de una manera sencilla.

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Sello Keyhole

La cerradura no se puede utilizar en refrescos, dulces, bollería ni en alimentos con edulcorantes artificiales.

Su uso es libre y gratuito y son las empresas las responsables de cumplir con los requisitos del sistema.

Es una herramienta rápida y sencilla para los consumidores y ha supuesto un diálogo positivo con la industria, a la que interesa contar con este símbolo en sus productos.

2-. Choices programme: “Making the healthy choice the easy choice” (que la elección saludable sea la elección sencilla). Es una iniciativa internacional privada, a cargo de la Choices International Foundation.

Empezó en 2006 en los Países Bajos como respuesta al requerimiento de la OMS para que la industria tuviera un papel principal en la lucha contra la obesidad y las enfermedades relacionadas con la dieta.

Los productos saludables se identifican con un logo en la parte frontal de los envases.

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Sello Choices programme

El objetivo es también identificar las opciones más saludables a partir de perfiles nutricionales para cada categoría de producto.

Tiene en cuenta la cantidad de grasas saturadas y grasas trans, azúcares añadidos, sal y fibra dietética de los alimentos.

Tampoco otorgan el logo a bebidas alcohólicas, complementos alimenticios, productos para usos médicos especiales ni a productos para niños menores de un año.

Las empresas que quieran utilizar el logo tienen que solicitarlo a la Fundación y se someten a un control.

3-. Símbolo del Corazón en Finlandia: se utiliza en restaurantes y empresas de catering. Está pensado para facilitar la elección de alimentos saludables cuando se consumen fuera de casa.

Las empresas que quieran usarlo tienen que solicitarlo a la Asociación Finlandesa del Corazón.

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Sello Asociación Finlandesa del Corazón

Para conseguir acreditarse, establecen una cantidades máximas de sal, grasa y grasa saturada y una cantidad mínima de fibra por cada grupo de alimentos y al menos un menú compuesto por plato principal y otros alimentos debe cumplir con esos valores y con todas estas condiciones:

  1. Los cereales empleados tienen que tener al menos un 6% de fibra.
  2. Las raciones de ensalada deben contener al menos 150g de vegetales. La patata no se tiene en cuenta.
  3. Permiten que la cantidad de grasa sea superior a la que estipulan en sus tablas si la única fuente de grasa es el pescado.

Las tres organizaciones (Keyhole, Choice y Heart Findland) colaboran entre sí.

B-. Be treatwise: que sería algo así como “sé sensato con tus caprichos». Es una iniciativa privada desarrollada por la industria alimentaria en 2006 en Australia.

Sólo se aplica a golosinas, dulces y chocolate, alimentos que la propia industria considera que tienen que consumirse sólo ocasionalmente y dentro de una dieta equilibrada.

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Sello Be treatwise

El sello identifica estas golosinas y el objetivo es que los consumidores sean conscientes de la cantidad de energía que estos alimentos les aportan.

Es una manera de llamar la atención sobre las características del producto (alto en azúcares y grasas) y un recordatorio del papel que tienen que tener estos alimentos en la dieta.

C-. Semáforo nutricional: es un sistema de información voluntario aplicado desde finales de 2013 en el Reino Unido de forma consensuada entre el Gobierno británico y la industria.

Esta estrategia consiste en identificar mediante colores (rojo, ámbar y verde) la cantidad de energía y determinados nutrientes que contiene el alimento (kilocalorías, azúcares, grasas, grasas saturadas y sal) por cada 100g.

Con este código, el rojo identifica alta cantidad de estos nutrientes, ámbar cantidad moderada y verde cantidad baja.

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Ejemplos de presentación del semáforo nutricional en Reino Unido

Esta clasificación la han adoptado en España de forma voluntaria algunas empresas como Eroski, que ha sustituido los colores por naranja, amarillo y verde y da la información por ración, no por cada 100g (más adelante verás por qué este matiz es muy importante).

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Ejemplo de presentación del semáforo nutricional de Eroski

Para algunas organizaciones como el World Cancer Research Fund, este etiquetado es positivo porque ayuda a los consumidores a entender los valores dietéticos de referencia, funciona de un vistazo, lleva a la industria a reformular los productos para conseguir niveles más bajos de estos nutrientes y es comprendido por todos los consumidores.

Sin embargo, países como España o Italia se han mostrado en contra de esta representación de la información nutricional porque interpretan que algunos productos tradicionales, como los protegidos por DOPs o IGPs, y otros productos con un gran peso en nuestra gastronomía (como el aceite de oliva o los frutos secos) tendrían categoría roja y serían rechazados por los consumidores.

[Actualizado 04/12/17: seis multinacionales de la industria alimentaria ha anunciado que adoptarán este sistema voluntario. Pero la decisión es controvertida como puedes leer aquí.]

Esta premisa puede ser cierta si se utiliza el semáforo por cada 100g de producto. Pero no todos los alimentos se consumen en raciones de 100g (no es lo mismo una ración de aceite de oliva -10 gramos-, que un vaso de leche -250ml-) y el semáforo bien diseñado tendrá que adaptarse a las cantidades reales que se consumen.

De esta forma, la información nutricional obligatoria que se da por cada 100g o 100ml es una información en términos absolutos, que nos permite por ejemplo comparar el aporte nutricional de los productos sin estar condicionados por el tamaño de las raciones.

Y la información que nos dan sistemas como el semáforo es una información en términos relativos, que compara los nutrientes aportados por una ración de un producto concreto con los valores de referencia de nutrientes.

Si se emplea el semáforo comparando el aporte de cada ración con las ingestas diarias recomendadas de energía y nutrientes este código podría ser adecuado, como puedes ver en este artículo de Julio Basulto.

Pero también tiene su «lado oscuro»: y es que al no tener tamaños de raciones unificados, la industria puede indicar porciones mucho más pequeñas de las reales para etiquetar en verde la cantidad de grasas o sal.

Y la clave por la que el sistema personalmente no me convence: hace que los consumidores se fijen exclusivamente en nutrientes y no en el alimento en conjunto. Y así se dan paradojas como que los frutos secos lleven semáforo rojo por su contenido en grasas y los refrescos 0%azúcar tengan todos los nutrientes con un flamante color verde.

El etiquetado del semáforo hace que nos fijemos en nutrientes por separado y no en el alimento.

Este sistema no parece que vaya a cuajar en un futuro en los países de la Unión Europea.

 

La Comisión Europea lo ha criticado porque considera que clasifica a los alimentos como buenos y malos, hacer ver que un producto es inferior a otro y dificulta el comercio dentro de la UE.

Y hasta 7 países de la Unión se han manifestado en contra alegando que es contrario al espíritu del Reglamento 1169/2011 porque incumple las condiciones que vimos al principio del post de ser un sistema objetivo, basado en criterios científicos… y aseguran que perjudica a los productos tradicionales, que tienen poco margen para cambiar sus fórmulas para que el semáforo sea más verde que rojo.

Si se cumplen los plazos previstos, a finales de este año sabremos cuál es el vencedor de esta batalla, cuando la Comisión publique su informe sobre estas formas adicionales de presentar la información nutricional (como he comentado anteriormente, a 4/12/17 el informe no se ha publicado).

¿Cuál sería una buena medida?

Que se desarrollasen los perfiles nutricionales tal como estaba previsto en el Reglamento 1924/2006. Pero, como te conté en «No te fíes de los alimentos que anuncian a gritos lo saludables que son», esta opción está más que descartada por el momento.

 

El objetivo de estos formatos tiene que ser que el consumidor encuentre esa información útil y que le ayude a tomar decisiones rápidas en el momento de la compra (no podemos pasarnos la mañana leyendo una etiqueta con información que muchas veces el consumidor medio ni siquiera puede desenmarañar).

Que pueda comparar productos parecidos pero con valores nutricionales distintos.

Y que sea fácil de entender.

Porque sí, los consumidores tenemos que preocuparnos de estar informados y entrenados para leer las etiquetas. Pero descifrar la información de cada producto no puede ser un jeroglífico sólo al alcance de unos pocos.

¿Conocías estos sistemas alternativos? ¿Crees que te ayudarían a elegir los productos? Me encantará leerte en los comentarios.

La amenaza que hizo peligrar al Roscón de Reyes

¿Alguna vez has pensado que podrías dejarte un diente mordiendo la sorpresa del Roscón de Reyes?

Seguramente no.

Porque es un producto con el que estamos tan familiarizados que sabemos perfectamente que contiene dos elementos no comestibles, duros y envueltos en plástico.

Y claro que se lo damos a los niños. No es un alimento destinado a un consumidor adulto. Tampoco tenemos ningún miedo de que se atraganten con el haba o la figurita. Al revés, ellos entusiasmados si les toca en su trozo (y no, no vale escarbar para buscarlo ¿eh?).

Pero si lo piensas un momento, choca un poco que un alimento esconda en su interior dos pedazos de plástico o cerámica.

Sobre todo teniendo en cuenta las políticas de seguridad alimentaria y la preocupación de los consumidores por la inocuidad de los productos que consumimos.

Como el Roscón de Reyes no es un producto que compremos a escondidas en el “mercado negro de los confiteros”, tiene que tener alguna explicación.

¿Quieres saber cómo es esto posible? Sigue leyendo.

¿Qué características tiene el Roscón de Reyes?

El roscón es un producto elaborado por fermentación de una masa de harina a la que además se añaden azúcar, huevos, mantequilla, leche, agua de azahar y frutas confitadas.

Según el Real Decreto 496/2010 por el que se aprueba la norma de calidad para los productos de confitería, pastelería, bollería y repostería el roscón de reyes es un producto de bollería.

Los productos de bollería son los productos alimenticios elaborados básicamente con masa de harinas fermentada y que han sido sometidos a un tratamiento térmico adecuado. Pueden contener otros alimentos, complementos panarios y aditivos autorizados.

El roscón clásico es sin relleno pero en los últimos años es muy frecuente encontrar roscones con crema, nata, trufa, cubiertos con guarniciones de chocolate y hasta con frambuesa o té verde (puedes ver más variedades singulares en este post de Minue en Directo al Paladar).

También estos roscones se corresponden con la definición legal, que considera que hay dos tipos de bollería: bollería ordinaria, sin relleno ni guarnición (sería el roscón clásico), y bollería rellena o guarnecida, que antes o después del tratamiento térmico adecuado se ha rellenado o guarnecido con diferentes productos alimenticios dulces o salados (esas variedades de roscones exóticas o rellenas).

¿Por qué se permite que haya una sorpresa que no es comestible?

Lo primero que hay que plantearse: ¿la figurita es un peligro?

Si vamos al Reglamento 178/2002, se define “factor de peligro” como todo agente biológico, químico o físico presente en un alimento o en un pienso, o toda condición biológica, química o física de un alimento o un pienso que pueda causar un efecto perjudicial para la salud.

Un agente físico como la sorpresa del roscón se puede considerar un peligro porque puede provocar efectos perjudiciales (rotura de piezas dentarias, atragantamiento…).

Y el mismo Reglamento 178/2002  nos dice que no se pueden comercializar alimentos que no sean seguros bien porque sean nocivos para la salud o porque no sean aptos para consumo humano.

Pero en esta norma también se indica que para determinar que un alimento no es seguro, hay que tener en cuenta las condiciones normales de uso por los consumidores.

Y está claro que en España los consumidores conocemos sobradamente este producto y sabemos que contiene esta sorpresa (es más, encontrar la figurita es parte del ritual y muchas veces es también la excusa para comérnoslo).

Así que, aunque ajustándonos a la definición la sorpresa sí podría considerarse un peligro, los matices del reglamento permitirían al roscón escaparse indemne.

¿Prueba superada para el roscón tal como lo conocemos?

No.

De hecho, nuestro roscón con sus sorpresas tradicionales en el interior ha estado en la cuerda floja (y a puntito de caer sin red).

Porque en 2009, la Unión Europea aprobó la Directiva 2009/48 sobre seguridad de los juguetes, que se traspone a la normativa española en el Real Decreto 1205/2011, ambos en vigor desde 2011.

¿Y por qué una norma sobre juguetes puede afectar al roscón?

La respuesta está en que en esta Directiva se regulan los juguetes distribuidos con alimentos o mezclados con alimentos (por ejemplo las sorpresas de los huevos de chocolate (tipo Kinder)).

La norma considera que un juguete distribuido con un alimento puede suponer un riesgo de estrangulamiento distinto del que presentaría el juguete por sí solo y por lo tanto hay que establecer requisitos específicos de seguridad.

Los juguetes contenidos en alimentos pueden suponer un riesgo de atragantamiento y asfixia.

Para que estos juguetes se consideren seguros, deberán tener un embalaje propio que, en la forma suministrada, tenga unas dimensiones que impidan que pueda tragarse o inhalarse.

Además, establece que los embalajes de estos juguetes que sean esféricos, en forma de huevo o elipsoidales y las partes separables de los mismos, o de los embalajes cilíndricos con bordes redondeados, deberán tener unas dimensiones tales que impidan que se produzca una obstrucción de las vías respiratorias por quedar bloqueados en la boca o la faringe, o alojados en la entrada de las vías respiratorias inferiores.

Y los  juguetes distribuidos en alimentos o mezclados con alimentos tienen que indicar: «Contiene un juguete. Se recomienda la vigilancia de un adulto.»

Además, si el juguete que incluye no es adecuado para niños menores de 3 años (por ejemplo, porque contiene piezas pequeñas), debe indicar una advertencia como “No conviene para niños menores de 36 meses” y llevar este pictograma:

roscon-pictograma

Los huevos Kinder sí cumplen la legislación porque el juguete está dentro de una cápsula de plástico duro que no se confunde con el propio alimento y que supera la prueba de la bola pequeña, plantilla E, de la norma EN 71-1  (como explica el documento aclaratorio para la aplicación de la Directiva).

Sin embargo, desde 1938 en EEUU no se permite la venta de juguetes dentro de alimentos por el peligro de atragantamiento y por lo tanto los huevos Kinder están prohibidos.

[Actualización 27/06/2017: parece que a partir de 2018 en EEUU se podrá comercializar un huevo Kinder adaptado a la normativa legal].

Y esta prohibición fue la base de una campaña muy visual de una ONG contra la venta de armas en 2014, comparando el peligro de un huevo Kinder (prohibido en ese país) con un arma de fuego (legal y de uso permitido incluso a menores de edad).

La imagen es muy potente. La comparación podría criticarse porque hay productos alimentarios prohibidos en muchas legislaciones por motivos de seguridad que son peligrosos para la salud y la vida, a pesar de tener una imagen mucho más dulce que las armas de fuego.

Pero la campaña refleja de una manera extremadamente gráfica las contradicciones de la legislación norteamericana; extremadamente protectora por un lado y radicalmente permisiva por el otro. El mensaje se entiende perfectamente.

A nivel de marketing, un 10 para la campaña.

roscon-campana

Foto de la campaña. «Uno de los niños sostiene algo que ha sido prohibido en América para protegerles. Adivina cual. No venderemos huevos Kinder para salvaguardar la seguridad de los niños. ¿Por qué no se hace con las armas de asalto?»

¿El huevo Kinder es peligroso como alimento?

No. Ni siquiera por la particularidad de contener un juguete en el interior porque la “cápsula” que lo contiene cumple con la legislación que garantiza que no haya peligro de ingestión ni atragantamiento. Hasta aquí su consideración como alimento.

¿Y es peligroso el juguete del huevo Kinder?

Tan peligroso como cualquier otro juguete que contenga piezas pequeñas: no es adecuado para niños menores de 3 años y así lo tiene que indicar. El peligro está en el uso que se haga del juguete, pero ese peligro es independiente de que el juguete esté en un alimento.

Y volviendo al roscón…Puedes sorprenderte porque la figurita no cumple con esta Directiva: la sorpresa no tiene un embalaje ni unas dimensiones que impidan que se trague. De hecho normalmente está envuelta en un plástico y el tamaño es variable.

Tampoco se incluye en el envase del roscón ninguna advertencia sobre que contenga un juguete ni sobre que un adulto deba supervisar su consumo.

Entonces, ¿cómo puede ser que se sigan comercializando los roscones con su sorpresa?

Pues es posible por los pelos, porque estuvo a punto de prohibirse basándose en esta Directiva .

Para España, Francia y Portugal habría sido un auténtico golpe a esta tradición culinaria. Porque más allá de su valor gastronómico, su peculiaridad respecto a otros dulces típicamente navideños es precisamente la sorpresa.

Y, por irracional que pueda parecer, la emoción de encontrar la figurita incentiva su consumo…aunque seamos adultos.

La clave para sortear la prohibición está en un matiz semántico. Vamos, que se libra sólo por la forma de interpretar la norma.

La interpretación de la normativa permite que el roscón lleve la sorpresa.

Porque a efectos legales la figurita del roscón no se considera un juguete.

Según la Directiva 2009/48 el juguete es el producto diseñado o previsto, exclusivamente o no, para ser utilizado con fines de juego por niños menores de catorce años.

Se considera que la sorpresa del roscón no se ajusta a esta definición, así que la Directiva 2009/48 sobre seguridad de los juguetes no se le puede aplicar.

Y el roscón tiene vía libre para venderse con sus sorpresas y sus habas.

¿Alguna legislación afecta a las figuritas del roscón?

Las sorpresas del roscón se libran de la legislación sobre la seguridad de los juguetes pero tanto los propios objetos como sus envoltorios tienen que cumplir la que afecta a los materiales en contacto con los alimentos, que se recoge en el Reglamento 1935/2004.

Fundamentalmente tienen que garantizar que sean materiales inertes, de manera que no transfieran sustancias al roscón ni alteren sus características organolépticas.

Puedes estar tranquil@.

El roscón con su sorpresa va a seguir siendo protagonista de las mañanas del 6 de enero y podrás seguir apostando a ver quién acierta dónde está escondida la figurita.

Pero como ves, la seguridad alimentaria se puede ver afectada por elementos aparentemente tan inofensivos como un juguete o una figurita tradicional, y son aspectos que los responsables de velar por la inocuidad de los alimentos deben tener en cuenta.

Y dicho esto…¡que tengas un feliz Día de Reyes! (con roscón incluido).

¿Te habías planteado alguna vez que la sorpresa del roscón podía considerarse un peligro? ¿Piensas que entraña algún riesgo? Te espero en los comentarios.

 

¿Piensas que el turrón sin azúcar añadido es la versión light del turrón normal?

Te sorprenderá descubrir la verdad.

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