Cómo elaborar conservas caseras seguras (sin tregua al botulismo)
¿El otoño tiene algo especial para ti?
A mí me encanta.
Durante todo el año voy al mercado cada semana a comprar productos locales, pero en cuanto veo los primeros pimientos ya estoy pensando en asarlos y hacer conservas (en mi tierra asar pimientos es una tradición…y casi una religión).
Y desde pequeña oía en casa que con los pimientos había que tener mucho cuidado porque podían provocar botulismo.
Así que crecí sabiendo (aunque sin entender muy bien por qué) que la salsa de tomate la hervíamos en la olla convencional y listo, pero los pimientos había que hacerlos en la olla a presión con todo el cuidado por si aparecía esa temible bacteria.
¿Es para tanto? Vamos a verlo.
¿Por qué preocupa tanto el botulismo?
El botulismo es una de las enfermedades establecidas por la Organización Mundial de la Salud como “de declaración obligatoria” y así se recoge en el Real Decreto 2210/1995.
Cada Estado puede determinar qué enfermedades son de declaración obligatoria pero siempre se deben incluir las que la Organización Mundial de la Salud considera enfermedades graves transmisibles que deben someterse a vigilancia internacional, entre las que está el botulismo.
Lo preocupante en el caso del botulismo no es la cantidad de casos. En España los últimos datos de la Red de Vigilancia Epidemiológica son del año 2014 y se notificaron solo 11 casos en todo el país (9 confirmados y 2 probables).
Todos ellos tuvieron un origen alimentario.
Puede parecer que tiene una importancia relativa en comparación con la incidencia de otras enfermedades de transmisión alimentaria como la campilobacteriosis (la más numerosa con 11.415 casos notificados en 2014) o la salmonelosis (7.295 casos en el mismo periodo).
La trascendencia del botulismo es la gravedad de los síntomas, que pueden tener consecuencias mortales si no se tratan.
Y el problema con las conservas caseras es que es una bacteria que “sabe” cómo resistir los tratamientos térmicos.
Pero eso no la hace inmortal, también tiene sus puntos débiles y es el flanco por donde vamos a atacarla.
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¿En qué consiste la enfermedad?
El botulismo clásico, transmitido por los alimentos, se debe a la presencia de toxina botulínica (el mismo “botox” que se usa en cosmética en pequeñas dosis).
Esta toxina afecta al sistema nervioso, impidiendo la transmisión del impulso en las células musculares.
Los primeros síntomas se manifiestan generalmente entre 12h y 36h tras la ingestión (el plazo mínimo es de 4h y el máximo de 8h).
Se presentan en forma de boca seca, visión borrosa y dificultades para hablar. Y evoluciona a síntomas gastrointestinales (estreñimiento grave y a veces diarrea), debilidad con parálisis y síntomas respiratorios (dificultad para respirar) que pueden desencadenar en muerte.
La incidencia de la enfermedad es baja pero la mortalidad es alta (entre el 5% y el 10% según la OMS) si no se recibe asistencia sanitaria rápidamente. La asistencia consiste en atención respiratoria y suministro de antitoxina.
¿Cómo actúa este microorganismo?
El botulismo está producido por una bacteria, Clostridium botulinum, que está presente por todas partes en la naturaleza.
Sus esporas aparecen en la tierra, agua, plantas, polvo, en el intestino de animales…así que es fácil que contamine los alimentos.
Para que se produzca la enfermedad no es suficiente (ni necesario) con que la bacteria esté presente en un alimento.
Porque no es el microorganismo el que produce la enfermedad (en ese caso sería una infección). Es la toxina producida por la bacteria la que produce los síntomas: el botulismo es una intoxicación.
No es la bacteria la que produce la enfermedad, sino su toxina.
Por lo tanto podemos encontrar casos en los que el microorganismo ya no esté presente pero su toxina sí. Y que aparezca en cantidad suficiente para producir la enfermedad.

Y una característica importante de este “bichito” que nos complica un poco más la vida: tiene la capacidad de producir esporas.
Las esporas son formas de resistencia desarrolladas por algunas bacterias (no solo Cl. botulinum) para sobrevivir en condiciones extremas.
Cuando las condiciones ambientales son desfavorables (falta algún nutriente esencial para ella) para el crecimiento (la multiplicación) de la bacteria, se produce la formación de esporas.
Las esporas son muy difíciles de destruir porque son mucho más resistentes que las formas “normales” (vegetativas) de las bacterias.
Pueden soportar la desinfección química y el calor, por lo que la cocción a 100ºC (los que puede alcanzar el agua en una olla corriente a la presión normal) tardaría tanto tiempo en destruirlas (entre 100 y 330 minutos según el pH) que destruiría también las propiedades de los alimentos.
Hay que conseguir subir la temperatura por encima de 100ºC y esto se consigue incrementando la presión.
Esta capacidad de formar esporas es tan importante que los procesos de esterilización por calor que se aplican en las industrias alimentarias se diseñan en combinaciones de tiempo y temperatura que puedan destruirlas (tratando siempre de mantener las características organolépticas del producto).
Cuanto más alta sea la temperatura, menor tiempo será necesario para destruir las esporas y conseguir la esterilización del alimento.
¿En qué condiciones crece el microorganismo y desarrolla la toxina?
Se desarrolla bien con:
- Alta cantidad de proteínas
- pH por encima de 4,6.
- Envasado sin oxígeno.
- Temperatura de almacenamiento por encima de 10ºC.
O lo que es lo mismo, las condiciones que reúnen muchas conservas.
Por eso es tan importante que la esterilización sea correcta.
¿Por qué las esporas son un riesgo?
Tenemos que preocuparnos por tres factores relacionados con Cl. botulinum:
- Las bacterias en forma vegetativa, que se destruyen a temperaturas de 65ºC-70ºC.
- Las toxinas producidas solo por las bacterias vegetativas, se destruyen a 80-85ºC.
- Las esporas, muy resistentes, requieren largos periodos a 100ºC o incrementar la Tª por encima de 100ºC durante periodos breves.
Imaginemos un alimento contaminado con bacterias de Cl. botulinum en forma vegetativa y por formas de resistencia (esporas).
Es un microorganismo que se encuentra disperso por el medio ambiente de forma habitual así que no es raro que el alimento pueda estar contaminado.
Aplicamos un tratamiento térmico a una temperatura insuficiente que destruye todas las bacterias de Cl. botulinum en su forma “normal” (vegetativa) y también las toxinas que hayan podido producir (y que son las que provocan la enfermedad).
Pero no destruye las esporas (a menos que se aplique ese calor durante horas).
Afortunadamente las esporas, igual que las células vegetativas de Cl. botulinum, no producen la patología. Tiene que formarse la toxina.
Para ello, estas formas de vida tan especiales, las esporas, tienen que estar en un medio que permita su crecimiento (pH por encima de 4,6 y nutrientes) para transformarse en células “normales” (vegetativas) en un proceso que se llama germinación.
Una vez que han germinado, las bacterias en forma vegetativa empiezan a producir la toxina. Y esta tiene que estar en concentración suficiente como para provocar la enfermedad.
Es decir, que hace falta tiempo y unas condiciones concretas, no parece tan fácil que haya riesgo.
Pero el hecho es que algunas conservas son un medio genial para desencadenar “la tormenta perfecta”. Vamos a verlo.
¿Por qué las conservas son un problema?
Lo primero que hay que aclarar es que no todas las conservas suponen un riesgo y que la esterilización correcta garantiza la inocuidad del alimento.
Todas las conservas comparten algunas características que por sí mismas no son suficientes para la producción de la toxina, pero son necesarias:
- Se almacenan durante largos periodos de tiempo: si alguna espora sobrevive tiene tiempo y nutrientes suficientes para germinar, transformarse en célula vegetativa y producir toxina en cantidad suficiente (que estará presente en el producto al abrir la conserva).
- Son alimentos listos para el consumo: generalmente se ingieren directamente tras abrir el envase (como el caso de los pimientos asados) sin ningún tratamiento térmico que destruya las toxinas.
Si una vez abiertas se calientan (como puede ser el caso de las comidas preparadas: fabada, cocido…) es posible que no se alcance la combinación de tiempo y temperatura que destruya la toxina generada durante el almacenamiento.
Y, además de estas, algunas conservas tienen una característica específica y necesaria para considerar que puede haber un riesgo: pH poco ácido (por encima de 4,6) y ausencia de nitritos.
Si las conservas son ácidas (pH por debajo de 4,6) no producirán problemas de botulismo.
¿Cómo se calcula el tratamiento térmico?
El Código Alimentario Español (CAE) establece que la esterilización es el proceso por el que se destruyen en los alimentos a temperaturas adecuadas, aplicadas de una sola vez o por tindalización, todas las formas de vida de microorganismos patógenos o no patógenos.
Y una de los requisitos que exige el CAE a las conservas es haber sufrido un tratamiento térmico tal que garantice la inactivación de esporas de Cl. botulinum u otros esporulados.
La esterilidad absoluta no es posible por la forma en que se produce la muerte de los microorganismos por el calor. Por mucho que se prolongue el tiempo.
Si lo describimos gráficamente, siendo la vertical una expresión de los microroganismos vivos y la horizontal el tiempo a una temperatura de tratamiento concreta, puedes ver en la curva cómo el número de microorganismos vivos se acerca cada vez más a 0 (la horizontal) pero nunca llegará a tocarla.
Para conseguir conservas seguras se habla de esterilidad comercial: que la probabilidad de encontrar un bote contaminado por un único microorganismo o espora sea suficientemente bajo.
El Códex alimentarius define la esterilidad comercial como el estado que se consigue aplicando calor suficiente, sólo o en combinación con otros tratamientos apropiados, con objeto de liberar a ese alimento de microorganismos capaces de reproducirse en él en unas condiciones normales no refrigeradas en las que se mantendrá probablemente el alimento durante su distribución y almacenamiento.
Siempre sería posible alargar el tiempo de tratamiento de manera que las probabilidades de encontrar un envase contaminado se redujeran más.
Pero tratamientos tan largos a alta temperatura producirían alteraciones en las características sensoriales y nutritivas de los alimentos que los harían inaceptables para el consumo.
¿Qué esterilización se considera aceptable?
Para calcular las combinaciones de tiempo y temperatura que la industria debe aplicar para que la conserva sea segura, se utilizan fórmulas matemáticas basadas en la supervivencia de los microorganismos.
Como Cl. botulinum es muy resistente al calor y su toxina es muy peligrosa, se toma como referencia para determinar los tratamientos de esterilización. Si el tratamiento es capaz de destruir las esporas de Cl. botulinum se considera un tratamiento seguro.
Está internacionalmente aceptado que una conserva es segura si la combinación de tiempo y temperatura que se utiliza para la esterilización reduce la probabilidad de que aparezca una espora de Cl. botulinum a una espora entre un billón de envases (1/1.000.000.000.000).
¿Te parece que esa probabilidad deja una puerta abierta a un riesgo alimentario?
Bueno, como ves la probabilidad es bastante, bastante, bastante baja.
De hecho, la probabilidad de que te toque el euromillones es de una entre 116 millones (1/116.000.000), casi imposible. Y aún así es más de un millón de veces más probable que te toque el euromillones que el bote con la espora.
También es bastante más fácil que tengas un accidente de avión (1/2.400.000) o que te caiga un rayo (1/3.000.000).
Así que visto con perspectiva y poniendo los datos en relación con otros riesgos que asumimos a diario, parece que la probabilidad asumida para considerar una esterilización segura es más que razonable.
¿Hay riesgos de botulismo si consumes conservas industriales poco ácidas (pH>4,6)?
No.
La industria aplica tratamientos estandarizados con controles continuos de tiempo y temperatura que aseguran la inocuidad de los alimentos.
Como en cualquier otro sector, puede haber un error técnico o humano (como sucedió en Cataluña a principios de verano, puedes ver el seguimiento de la noticia aquí, aquí, aquí y la nota de Aecosan) pero los mecanismos de control de la industria están desarrollados para reducir al mínimo estos problemas.
Si compras un coche puede tener un defecto en la dirección que lo haga peligroso.
Pero no es lo normal.
¿Cómo garantizar la seguridad en las conservas caseras poco ácidas?
Con buenas prácticas de fabricación y manipulación.
Un inciso MUY importante: la toxina botulínica no produce ninguna alteración en el alimento. Es decir, que un envase puede estar contaminado y no hay forma de saberlo a simple vista: no produce cambios en el olor, textura o sabor del producto.
Un alimento puede contener toxina y tener una apariencia normal. La toxina no altera el alimento.
Por lo tanto, que una conserva esté “aparentemente” bien no quiere decir que sea inocua y no nos vaya a dar problemas. El “pruébalo a ver si esta bueno” en este caso no nos sirve.
Como orientación para conocer el tratamiento de esterilización más adecuado, la carne, el pescado, la leche, las legumbres y verduras (excepto el tomate) son alimentos poco ácidos que deben esterilizarse en olla a presión.
Si tienes dudas sobre el pH del alimento no corras riesgos y aplica la esterilización de las conservas poco ácidas.
Las pautas básicas para elaborar conservas caseras poco ácidas sin problema son:
- Lavarse las manos concienzudamente (y tantas veces como sea necesario a lo largo del proceso). Si es posible, secarse con papel o toallas de un solo uso.
- Limpiar siempre bien todas las superficies y los utensilios de trabajo.
- Esterilizar los botes y las tapas en agua a 100ºC durante 15 minutos y dejar escurrir (no utilices bayetas para secarlos porque pueden contaminarse de nuevo)
- Lavar la materia prima con agua potable para arrastrar toda la suciedad visible (y con ella, gran parte de los microorganismos).
- Asar, escaldar o cocinar la materia prima al gusto.
- Llenar los botes limpios dejando unos 2-3cm libres.
- Asegurarse de que no quede aire. Para ello se puede hacer metiendo una espátula de plástico o silicona para liberar las posibles burbujas que hubiesen quedado.
- Cerrar los botes.
- Colocar los botes en la olla a presión de manera que no se golpeen entre ellos (hay cestos adaptados para esta operación).
- Llenar la olla de agua para que cubra completamente los botes pero dejando un espacio de 3-5cm hasta la tapadera.
- Cerrar la olla y ponerla a calentar. La FDA (food and drug administration) recomienda mantener la cocción durante 25 minutos desde que empiece a salir el vapor para conseguir la esterilización adecuada, retirar del calor y esperar de 20 a 60 minutos antes de abrir la olla para conseguir un enfriado adecuado. Los tiempos dependerán del tamaño de los tarros.
- Colocar los tarros boca abajo y esperar hasta que se enfríen a temperatura ambiente. De esta forma comprobaremos que no pierden nada de producto y el cierre ha sido adecuado.
Como regla general de precaución se debe evitar consumir conservas caseras poco ácidas sin calentar.
Para garantizar la seguridad, al abrir la conserva puedes calentar el alimento durante 10 minutos a una temperatura de 80ºC que será suficiente para destruir la toxina en caso de que estuviera presente.
Otra opción para conservar estos productos poco ácidos es congelarlos.
Pero ten siempre en cuenta que la congelación impide el crecimiento de Cl. botulinum pero no lo destruye. De manera que si el producto estaba contaminado, al descongelar la bacteria recupera su capacidad de multiplicarse y de producir toxina.
Lo impediremos manteniendo el producto a refrigeración y consumiendo en un plazo breve (2 días).
Una vez que se descongelen se deben mantener siempre a refrigeración y consumir en un plazo corto (2 días).
Y por supuesto nunca se deben consumir conservas que presenten alteraciones (abombamientos, pérdida de líquido, olores anormales…).
En resumen…
- Para los alimentos ácidos es suficiente esterilizar a 100ºC.
- Los alimentos poco ácidos deben someterse a esterilización en autoclave (u olla a presión) para alcanzar temperaturas por encima de 100ºC.
- La refrigeración y la congelación evitan el crecimiento de Cl. botulinum y la formación de esporas por lo que es una alternativa correcta a la conservación por calor. Siempre que consumamos los alimentos en un tiempo adecuado (a refrigeración no más de 2-3 días).
- La presencia de toxina es indetectable. Que una conserva no esté alterada y tenga buen aspecto no quiere decir que esté libre de toxinas.
Como siempre, la seguridad de los alimentos que consumimos depende de la higiene con que los manipulemos y de que apliquemos buenas prácticas de fabricación.
Claro que el botulismo es preocupante.
Pero conociendo el riesgo y manejando bien los productos puedes seguir disfrutando de las conservas con seguridad.
¿Haces conservas caseras? ¿Te parece difícil esterilizar en olla a presión en casa?
Te espero en los comentarios.
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