¿Qué hacemos con los alimentos a los que les sale moho?
A todos nos ha pasado: cogemos un bote de salsa de tomate que tenemos olvidado en la nevera o vamos a hacernos un bocadillo con el pan de molde que lleva semanas en la despensa, y nos encontramos con que tiene moho.
Lo que hacemos muchos de nosotros es retirar la parte estropeada y comer el resto con toda tranquilidad. Hasta Theresa May ha dicho que no tira los botes de mermelada que tienen moho, sino que raspa la superficie y aprovecha lo que queda.
Hoy nos preguntamos si esta práctica es segura o supone algún riesgo para la salud, ¿podemos enfermar por comer estos alimentos, aunque hayamos eliminado la parte deteriorada?
¿En qué alimentos es habitual que aparezca moho? ¿Por qué se presenta en esos alimentos y no en otros?
¿Podemos comernos un alimento al que le haya salido moho si eliminamos la parte afectada? ¿Qué enfermedades nos pueden producir? ¿Hay algún alimento en el que esta práctica sea segura?
Pero algunos alimentos (quesos como el Cabrales) se elaboran con mohos, ¿verdad? ¿Por qué esos sí que se pueden comer?
¿Cómo se controla que los alimentos que nos venden no contengan esas toxinas?
¿El zumo casero es una opción saludable?
Por otra parte, siempre hemos pensado que el zumo casero es saludable y que incluso puede ser equivalente a una ración de fruta. Para muchos oyentes seguro que es parte del placer cotidiano del desayuno. Sin embargo, leemos que, no solo no sustituye a la fruta entera sino que puede tener efectos adversos. Y no estamos hablando solo de zumos industriales, también del que hacemos en casa.
¿Por qué el zumo no es igual que la fruta?
Pero eso se aplica también al zumo casero al que no añadimos azúcares ni ningún edulcorante, ¿o solo estamos hablando del industrial?
Para muchos padres es una forma de que los niños coman fruta. ¿Es una buena opción para los pequeños de la casa?
En el mercado tenemos muchísimas opciones de zumos, ¿son todos iguales? ¿Hay alguno que pueda considerarse mejor que otro?
Nos resulta difícil saber qué cantidad de comida necesitamos ingerir.
Es así.
No tenemos la culpa.
Pero vivimos en un ambiente en el que “comer bien” equivale a “comer mucho” y en el que el tamaño de las raciones se usa como reclamo para atraer clientes.
El tamaño de las raciones se ha multiplicado, nuestro peso también.
No comemos para cubrir nuestros requerimientos. Comemos lo que creemos que necesitamos. Pero hemos perdido la habilidad de ajustar nuestra ingesta a nuestra demanda.
Hasta el punto de que muchas guías alimentarias incluyen información sobre el tamaño de las raciones, para que podamos calcular cuánto es “normal” comer.
Si comiésemos solo para satisfacer la necesidad fisiológica de obtener nutrientes y energía para cubrir nuestros requerimientos, es probable que el tamaño de la ración no tuviera impacto sobre la cantidad de alimento ingerido.
Comeríamos lo necesario y pararíamos cuando no necesitásemos más.
Pero sabemos que hay otros muchos factores que afectan a la percepción del hambre y la saciedad: psicológicos, sociales, endocrinos o incluso, del tipo y composición del alimento. Estos elementos nos alejan de un mecanismo en principio tan intuitivo como comer solo por hambre y parar una vez satisfechas nuestras necesidades.
Nuestro ambiente tiene un papel protagonista en las dificultades que tenemos para interpretar nuestras sensaciones primitivas de hambre….(Sigue leyendo).
Algunos países ya están tomando medidas para prohibir las ofertas 2×1 o el rellenado gratis de las bebidas azucaradas.
Si tomar medidas para frenar la obesidad es radical, seamos radicales.
Abres la bolsa de patatas y eres incapaz de parar.
Prácticamente todos los medios de comunicación han reflejado el “extraño caso” de un estudiante belga de 20 años que falleció a las pocas horas de comer un plato de pasta.
Lo que es extraño no es el caso clínico: se trata de una muerte por intoxicación alimentaria desencadenada por una bacteria perfectamente conocida y caracterizada y así lo recoge el propio artículo. No es frecuente que el resultado sea un fallecimiento, pero ha habido más casos. No estamos frente a un microorganismo nuevo y letal, por lo tanto, el mensaje tiene que ser de tranquilidad.
De nuevo la explicación está en los fenómenos virales: un vídeo publicado en YouTube hace escasamente dos semanas recogía el caso en un tono entre el thriller y el documental más sensacionalista. Lleva más de tres millones de visitas: una repercusión que ninguna campaña sobre higiene de los alimentos podría conseguir…(puedes leerlo entero aquí)
También te cuento que, aunque haya habido una muerte por ingesta de unos espaguetis, es absolutamente falso que los alimentos ricos en hidratos de carbono, como el arroz o la pasta, tengan más riesgos microbiológicos que los alimentos de origen animal como los huevos o la carne.
Hay dos aspectos de seguridad alimentaria que los tecnólogos de alimentos repetimos sin cesar. El primero es que tenemos la inmensa suerte de vivir en un entorno que nos permite darla por hecho y no preocuparnos demasiado de ella. Todos los alimentos que compramos en el mercado son seguros (lo que no equivale a que sean sanos) y, para la OMS, en la Unión Europea tenemos uno de los niveles más altos de seguridad alimentaria del mundo….
Porque a pesar de ese historial, todavía hay quién piensa que pueden ser una buena opción para tomar frutas y verduras así, sin enterarte ni “sufrir” (¿en serio todavía hay personas para las que comer hortalizas es un castigo?)
¿Todavía quieres más? Tus deseos son órdenes, sigue leyendo.
Promesas que no valen nada, nada, nada, nada
Hay que reconocerles que en marketing sacan sobresaliente “cum laude”.
Botellas de diseño, urbanas, modernas, ideales para millenials y personas con una vida activa y cool.
Tipografías de ensueño y colores para subir a Instagram, que son preciosísimos.
Y palabras destacadas como “beneficios”, “el poder de (pon el ingrediente exótico que más te guste)”, “con antioxidantes”, “apto para veganos”.
Pero, ¡por Zeus!, si hasta destacan que no están pasteurizados, como si los tratamientos de conservación fuesen el eje del mal.
Aquí me paro un momento, que me toca mi corazoncito tecnólogo.
Algunos de los que se venden envasados no están pasteurizados, pero sí están tratados por altas presiones (tecnología HPP).
Que es un tratamiento de conservación que está muy bien y puede tener ventajas en los zumos, porque destruye los microorganismos patógenos y evita cambios en las propiedades sensoriales.
Pero lo que exige la legislación es que se indique el tratamiento específico al que ha sido sometido en todos los casos en que la omisión de tal información pueda inducir a engaño al comprador.
Poner “Tratado por altas presiones” está bien, da información.
Poner en grande “No pasteurizado” ya suena un poquito a tratar de generar rechazo en el consumidor hacia esta tecnología.
Pero que te quedes con una idea: los zumos están tratados para eliminar los patógenos.
Que una cosa es manipular al consumidor con la “tecnofobia”, y otra provocarle una intoxicación alimentaria. No matemos a los clientes.
Una vez superado el atractivo innegable de su envase, ¿qué nos prometen las dietas, productos y batidos detox?
Para rodearse de un halo de producto saludable (no vayas a pensar que es un negocio al que tu salud le importa un pimiento), usan el reclamo de producto “healthy”, “verde” y hasta “ecológico”, que también les preocupa el medio ambiente.
Aunque, como todos sabemos, su público diana son personas que quieran bajar de peso, y ese es su mensaje más o menos implícito. Eso sí, adelgazar de forma saludable (que ya estamos hartos de dietas milagro, oiga).
¡Ja! La dieta milagro que se contrapone a las dietas milagro. Para entrar en bucle.
Para ello se valen de un mensaje absurdo de principio a fin desde el punto de vista fisiológico: se supone que nuestro cuerpo va acumulando toxinas y llega un punto en que necesita una ayudita para recuperar su equilibrio y bienestar.
Como ya se han encargado de subrayar en Maldita.es, nunca se especifica qué tipo de toxinas podemos eliminar gracias a la ayuda impagable (bueno, sí que la pagas) de estos productos: ¿se refieren a tóxicos ambientales?, ¿venenos?, ¿drogas?, ¿alcohol?, ¿metales pasados?, ¿toxinas alimentarias?…
Porque el caso es que, efectivamente, a nuestro organismo pueden acceder productos indeseables, pero ya tenemos órganos que se encargan de procesarlos y eliminarlos, siempre que hablemos de personas sanas: intestino, piel, pulmones, riñón y, fundamentalmente, el hígado.
Si no funcionan, necesitaremos ayuda médica o moriremos. Ya está. Un batido no te va a salvar la vida.
Y aquí vamos al segundo punto crucial ⬇
¿Qué significa que las toxinas se metabolizan?
Pues que se transforman gracias a complejas reacciones bioquímicas que, además, son específicas para cada tipo de sustancia.
Así se obtienen compuestos más sencillos que pueden eliminarse.
Y la realidad es que a través de la dieta se pueden acelerar o retrasar estos procesos de metabolización, pero interactuan muchos factores propios del individuo (sexo, edad, estado fisiológico…) y del alimento (densidad energética, presencia de determinados compuestos…).
Por lo tanto, una mezcla aleatoria de frutas y verduras no sirve como «acelerador» de las reacciones de transformación.
Es más, la restricción calórica propia de este tipo de dietas precisamente actuaría en sentido contrario: retrasando estas reacciones.
No hay más preguntas, señoría.
¡Ay! Sí, sí que hay más cosas que señalar.
No debería hacer falta ya, pero quiero dejarlo claro por si escuchas el argumento de que “Como el hígado y los riñones trabajan para eliminar los desechos, tenemos que limpiarlos con estos productos detox”.
A ver, repito: la metabolización de las toxinas y otros productos de desecho consiste en transformarlos en compuestos más sencillos para eliminarlos.
El hígado y el riñón no son filtros ni mallas que los atrapen: transforman los compuestos indeseables y los eliminan. Punto.
Que algunos quieren hacernos creer que son como el filtro del lavavajillas, que después de no limpiarlo en años tiene toda la porquería acumulada y dan ganas de prenderle fuego antes que meterle la bayeta. Que no.
Vale, pero ¿es legal decir que purifican y desintoxican?
Pues tampoco. Es que estos chicos lo tienen todo.
Ya has visto cómo intentan convencerte de un sinsentido. Es una pura estrategia de marketing.
Pero además incumplen la legislación europea, porque la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no permite el uso de conceptos como: purificación, detoxificación, depuración, eliminación urinaria, eliminación, favorecer la eliminación de toxinas…o similares
Y no lo hace por capricho, sino porque no hay ninguna evidencia científica que apoye semejantes declaraciones, como dejó claro en su opinión científica.
Por si fuera poco, también se salta la normativa española, concretamente el artículo 4 del Real Decreto 1907/1996 sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria, que prohíbe la publicidad de productos, materiales, sustancias, energías o métodos con pretendida finalidad sanitaria en los siguientes casos (entre otros):
Que sugieran propiedades específicas adelgazantes o contra la obesidad
Que pretendan una utilidad terapéutica para una o más enfermedades, sin ajustarse a los requisitos y exigencias previstos en la Ley del Medicamento y disposiciones que la desarrollan.
Que proporcionen seguridades de alivio o curación cierta.
Que hagan referencia a su uso en centros sanitarios o a su distribución a través de oficinas de farmacia.
Que pretendan sustituir el régimen de alimentación o nutrición comunes, especialmente en los casos de maternidad, lactancia, infancia o tercera edad.
Que atribuyan a determinadas formas, presentaciones o marcas de productos alimenticios de consumo ordinario, concretas y específicas propiedades preventivas, terapéuticas o curativas.
Que utilicen el término «natural» como característica vinculada a pretendidos efectos preventivos o terapéuticos.
Y, en general, que atribuyan efectos preventivos o terapéuticos específicos que no estén respaldados por suficientes pruebas técnicas o científicas acreditadas y expresamente reconocidas por la Administración sanitaria del Estado.
¿Qué dicen las entidades de referencia sobre este fenómeno?
Pues que no tiene evidencia científica, es puro marketing y puede tener efectos adversos.
Vale que no parecen cumplir lo que prometen, pero ¿son una buena opción para incorporar frutas y verduras en la dieta?, ¿aportan los beneficios de estos alimentos?
Otra vez NO.
Y no solo no vas a obtener sus efectos positivos, sino que pueden tener efectos adversos.
Te lo cuento desde distintas perspectivas:
1-. Nutricional
a-. Efecto halo: se puede pensar que equivalen a raciones de verduras o frutas enteras o que contrarrestan una dieta desequilibrada o un estilo de vida poco saludable.
La consecuencia es que no incorporamos los hábitos que realmente nos conducen a mejorar nuestra salud.
Hasta el punto de que algunas de las empresas que las comercializan advierten de que “Durante tu terapia détox realiza ejercicios de intensidad baja-moderada, siempre y cuando tengas el hábito de hacer deporte”
¿Una dieta con la que no puedes hacer ejercicio? No parece una buena pauta para adquirir hábitos saludables.
b-. Son muy restrictivas y eliminan grupos completos de alimentos.
Eso sí, pueden incluso tratar de convencerte de que esos síntomas son porque estás eliminando toxinas. En serio.
Por su bajísimo aporte calórico (menos de 800kcal/día), se corresponden con lo que se clasifica como “Dietas de muy bajo contenido calórico DMBC”. Se usan en la práctica clínica y SOLO deben usarse en la práctica clínica.
Claro, que las empresas que los venden no son tontas, y ellas mismas sugieren o advierten de que sus “programas desintoxicantes” deben seguirse un máximo de 10 días.
Una vez más, no quieren acabar con sus clientes (se agradece).
¿Adelgazan? Pues claro que adelgazan. Porque no comes.
c-. Se pueden presentar interacciones con medicamentos.
Porque un zumo no equivale a la fruta entera. Ya te lo han dicho por activa y por pasiva, pero te dejo este artículo de mi compañero Julio Basulto en la sección #NutrirConCiencia de Materia Ciencia, medio en el que yo también colaboro.
2-. Seguridad alimentaria
La EFSA los incluyo en 2015 y 2016 en la lista de riesgos emergentes por varios motivos:
a-. Concentración de oxalato: el ácido oxálico aparece de forma natural en algunos alimentos de origen vegetal.
Por ejemplo, son ricos en oxalato (>10mg/ración) las espinacas, escarolas, canónigos, apio, col, puerro, frambuesa, grosella, fresa, arándano o el kale.
Consumidos en ensaladas o en preparaciones culinarias convencionales no suponen un problema, pero sí cuando lo hacemos en batidos, por varias razones:
Se ingieren crudos: el 87% del oxalato se destruye en el cocinado.
Consumido en ayunas se incrementa la absorción de oxalato
Las cantidades de vegetales que contiene cada batido o zumo es mucho mayor que la que se consumiría a partir de verduras o frutas enteras.
Los efectos adversos del ácido oxálico son los siguientes:
1-. Si se consumen por encima de 180mg/día puede producir litiasis renal (piedras en el riñon): 1 ración de 250ml de batido excede esa cantidad. .
2-. Interfiere absorción micronutrientes: calcio, hierro, potasio y sodio.
La EFSA considera que la ingesta de 2 litros diarios (ración habitual en estos planes) supone un riesgo de pérdida de minerales y de cálculos renales.
b-. Incremento consumo de nitrato: al igual que en el caso del oxalato, las verduras de hoja verde presentan nitrato de forma natural.
En el intestino se produce una reacción de reducción del nitrato a nitrito que produce cambios en la hemoglobina (matehemoglobinemia): la hemoglobina transporta oxígeno, pero no lo libera en los tejidos y aparece cianosis (piel de coloración azul).
Afecta especialmente a niños de corta edad.
¿Debes preocuparte si consumes estos vegetales habitualmente (no en forma de zumos)?
No. Pero sí que hay unas recomendaciones de AECOSAN que pueden ser útiles a la hora de preparar alimentos para los niños.
c-. Contaminación microbiana
La EFSA considera que puede haber riesgo de contaminación con patógenos.
La razón es que se usan vegetales crudos y por lo tanto deberían extremarse las medidas higiénicas:
Así que el reclamo “Sin pasteurizar” que aparece en el etiquetado, en lugar de atraer consumidores deberían hacer que huyesen.
Pero, como ya te he dicho, las empresas que los venden envasados no están locos y sí aplican un tratamiento tecnológico para conservar estos zumos.
Otra cosa es que lo compremos en un establecimiento de venta directa al consumidor final, como cafeterías, restaurantes, o bares en los que lo elaboran ellos mismos.
Aquí el riesgo dependerá del conocimiento que tengan los trabajadores de cuáles son las condiciones de manipulación higiénicas de las frutas y verduras crudas (cruza los dedos).
Así que, si después de todo sigues queriendo hacer tu plan detox o incorporar estos zumos a tu dieta, al menos ten una precaución: no se los ofrezcas nunca a mujeres embarazadas o lactantes, niños, ancianos y personas inmunideprimidas.
3-. Precio
Vamos a lo que duele, el bolsillo.
Te doy un dato: los zumos elaborados más baratos están en torno a 7€/litro.
También encuentras planes más premium de 10 días que te hacen precio por ser tú: 180€ (a 9€/litro) o planes de 1 día a 50€ (es decir, a 25€/litro).
Si vamos a los ingredientes típicos de estos zumos encontramos que un kilo de espinacas cuesta entre 1-1,5€/kilo.
El apio o las peras no llegan a 2€/kilo.
El kale es más caro, que para eso es tendry, pero con un kilo (5€) te haces unos cuantos batidos. Y si te dejas de modernidades y te vas a la berza normal y corriente, pues eso que te ahorras (a 3,5€/kilo).
Vaya, que desde el punto de vista meramente económico, es un timo. Con todas las letras (a menos que creas que el bonito envase bien vale la plusvalía).
Entonces, ¿por qué tienen tanto éxito?
Porque son lo que muchos consumidores desean creer: un producto fashion, que se relaciona con la salud y el bienestar, asociados a la imagen de personas conocidas a las que la gente admira y con características físicas que se quieren emular…
Porque se aprovechan del sentimiento de culpa por los excesos cometidos.
Porque se asocian a pérdidas de peso y parecen una forma fácil de conseguir un determinado patrón corporal.
Y porque, para más inri, a veces son promocionados por sanitarios (médicos, dietistas-nutricionistas, farmacéuticos…). Y aquí tenemos un verdadero problema que merece un artículo entero: el de los profesionales que, ejerciendo la mala praxis, utilizan el prestigio de su carrera para avalar productos que ellos mismos saben que son un fraude.
En todos los sitios cuecen habas: la mayoría de los sanitarios están comprometidos con su profesión y su código deontológico y nunca irían en contra del interés de la población general o de sus pacientes. Y una pequeña parte tiene conflictos de interés y te venden batidos detox, homeopatía o tratamientos cosméticos para adelgazar.
Si un sanitario avala uno de estos productos, lo que está haciendo es desprestigiar su propia imagen, no avalar las propiedades de esos batidos.
No te engañes.
Los productos detox son el camino rápido, sí, pero para alcanzar dos destinos indeseables: la pérdida de dinero y la frustración.
Que no, que por ser «natural» no es mejor (y puede ser peligroso)
Y sí, puede ser un término que describe gráficamente el deseo casi irrefrenable que nos producen algunos alimentos como el chocolate o los snacks salados.
Pero no es precisa. Y ni siquiera tenemos claro que exista.
Porque, a pesar de los titulares sensacionalistas que aseguran que «el azúcar es tan adictivo como la cocaína», la ciencia no dice eso ni de lejos.
Y analizo por qué es importante llamar a las cosas por su nombre.
¿Qué alimento es adictivo para ti? ¿El chocolate, las patatas fritas, las galletas saladas?
Ya has pensado alguno, ¿verdad? Pues la pregunta tiene trampa.
Porque la ciencia no tiene claro (ni de lejos) que pueda haber alimentos adictivos, y tampoco que exista la “adicción a la comida”.
Es cierto que en nuestro lenguaje coloquial usamos términos como “adicción”, que en el ámbito científico tienen un significado más complejo. Nos sirve para describir una situación que nadie interpreta literalmente. No hay mayor problema.
En las adicciones conocidas, la sustancia o el comportamiento adictivo son prescindibles y pueden evitarse, pero los alimentos son indispensables para sobrevivir
El conflicto aparece cuando se sigue la dirección contraria, y la ciencia toma el argot para determinar que existe una nueva patología: la adicción a la comida (sigue leyendo)
Si no conocemos el problema, nunca podremos abordarlo eficazmente.
¿Quieres saber por qué no los estudios sobre nutrición son tan contradictorios?